Mientras el fuego de Burgohondo, en Ávila, se ha convertido estos días en uno de los incendios más devastadores registrados nunca en nuestro país, España está mostrando, en tiempo real, cómo se comporta un territorio cuando el clima mediterráneo empieza a operar fuera de sus márgenes históricos: el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático lleva años describiendo la cuenca mediterránea como un "hotspot" climático global, una región donde el calentamiento avanza cerca de un 20% más rápido que la media planetaria y donde la combinación de calor, sequía e incendios se retroalimenta.Seguir leyendo....
Mientras el fuego de Burgohondo, en Ávila, se ha convertido estos días en uno de los incendios más devastadores registrados nunca en nuestro país, España está mostrando, en tiempo real, cómo se comporta un territorio cuando el clima mediterráneo empieza a operar fuera de sus márgenes históricos: el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático lleva años describiendo la cuenca mediterránea como un "hotspot" climático global, una región donde el calentamiento avanza cerca de un 20% más rápido que la media planetaria y donde la combinación de calor, sequía e incendios se retroalimenta.
El verano que rompió el moldeLos números de 2025 ya eran extraordinarios antes de que llegara este julio. Fue el peor año de incendios forestales en tres décadas, con más de 330.000 hectáreas calcinadas solo en Galicia durante una ola de calor de 16 días que también dejó vidas humanas por el camino. A escala europea, España y Portugal concentraron dos tercios del millón de hectáreas quemadas en la Unión Europea, la cifra más alta desde que existen registros oficiales en 2006. El servicio europeo Copernicus certificó después que 2025 cerró como el año con mayor superficie quemada en la historia del continente, y que España fue responsable de aproximadamente la mitad de las emisiones generadas por esos incendios.
El análisis de atribución climática realizado por World Weather Attribution fue asimismo tajante: las condiciones de riesgo extremo de incendio que antes eran raras ahora son "comunes" en España y Portugal debido al cambio climático, y el verano de 2025 fue el quinto peor desde que hay estadísticas fiables, es decir, desde 1961. Este julio de 2026, con Burgohondo camino de convertirse en el mayor incendio jamás registrado en el país, esa tendencia no se ha revertido: se ha acelerado.

Un helicóptero trata de apagar el fuego, cerca de El Castañar de El Tiemblo, a 24 de julio de 2026, en El Tiemblo, Ávila, Castilla y León (España). / Gabri Solera - Europa Press
2026: el año que dejó pequeño a 2025En julio de 2026, con más de 300.000 personas evacuadas en Francia y España por los incendios que arrasan el suroeste de Europa, el propio Servicio Europeo de Información sobre Incendios Forestales de Copernicus certificó que España había quemado 119.458 hectáreas hasta el 22 de julio, más de tres veces la media de los últimos veinte años para esas mismas fechas, que se sitúa en 35.736 hectáreas.
El fuego de Los Gallardos, en Almería, se cobró 13 vidas, mientras otro gran incendio en la Sierra Norte de Guadalajara superaba las 30.000 hectáreas calcinadas. Reuters documentó cómo España y Francia combatían simultáneamente estos incendios bajo una ola de calor que confirma a Europa como el continente que se calienta más rápido del planeta.
El propio junio de 2026 fue ya el más caluroso jamás registrado en Europa occidental, con temperaturas tres grados por encima de la media histórica, según informa The Guardian, un aviso que la Organización Mundial de la Salud tradujo en una advertencia explícita sobre "semanas más mortales" por delante para el continente. Si 2025 sirvió para hablar de récords, 2026 ha servido para comprobar que esos récords duran, como mucho, un año.
Un mar que ya no se enfríaDetrás de estos incendios hay algo menos visible pero igual de decisivo: el Mediterráneo lleva tres años consecutivos registrando olas de calor marinas "fuertes" en la totalidad de su cuenca, y 2025 cerró como el segundo año más cálido jamás medido en la superficie de ese mar.
Un mar más caliente evapora más humedad, alimenta olas de calor terrestres más largas y seca antes la vegetación. La propia Copernicus documentó en junio de 2025 cómo una ola de calor marina en el Mediterráneo occidental empujó las temperaturas del mar más de tres grados por encima de lo normal, intensificando el estrés térmico sobre España y Portugal.
El laboratorio que revela también los fallosLuego está lo que no se ve. Según el estudio de referencia del sector elaborado por ASEMFO y el Ministerio para la Transición Ecológica, la inversión pública en prevención de incendios (desbroces, cortafuegos, limpieza de montes, brigadas preventivas) cayó un 51% entre 2009 y 2022, al pasar de 364 millones de euros anuales a 175,8 millones, mientras el gasto en extinción se mantuvo estable en torno a los 417 millones.
Asimismo, los datos oficiales de Eurostat sobre el gasto público por función (COFOG) sitúan a España por debajo de la media europea en protección contra incendios, con un 0,4% del gasto total frente al 0,5% de la Unión Europea, un porcentaje superado ya por otros trece Estados miembros. Los informes más recientes de ejecución presupuestaria de 2026 confirman que la tendencia no se ha corregido: hasta mayo, solo el 10,37% del gasto ejecutado por el Ministerio en la lucha contra el fuego se destinó a prevención, muy lejos del reparto 60/40 a favor de la prevención que fija de forma oficial el propio Plan Forestal Español 2022-2032.
Sensor climático y desinversiónEs decir: España no solo muestra al resto de Europa cómo se comporta un clima que se calienta más deprisa. También enseña, por la vía dolorosa, qué ocurre cuando la planificación no acompaña adecuadamente a la amenaza.
Ese doble carácter (el de sensor climático avanzado y el de advertencia sobre la desinversión) es lo que convierte a España en un caso de estudio genuino, porque los incendios, las sequías y las olas de calor marinas la han puesto, año tras año, en la primera fila de un fenómeno que todavía llega con retraso a otras latitudes europeas, también necesitadas de aprender a gestionarlas.
Fuente: Levante - EMV