Un estudio liderado por UIC Barcelona y la Pompeu Fabra ha analizado el debate público en torno al uso de este fármaco, que “reconfigura” el estigma del sobrepeso y reproduce un discurso “moralizador”, y concluye que existe gordofobia en parte del di
Un estudio liderado por las profesoras Lara Martín Vicario, de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Internacional de Cataluña (UIC Barcelona), y María Castellví Lloveras, de la Facultad de Comunicación de la Universidad Pompeu Fabra (UPF), asegura que la creciente normalización en el uso de los medicamentos GLP-1 como Ozempic refuerza los marcos dominantes de rechazo al sobrepeso, a partir de un análisis de los comentarios de los usuarios en la prensa digital generalista española.
Según las autoras, la generación de medicamentos que actúan sobre la hormona GLP-1 como Ozempic emergen no simplemente como tratamientos médicos, sino como “tecnologías morales mediante las cuales se evalúan y juzgan la responsabilidad, el esfuerzo y la legitimidad moral”. Estas conclusiones nacen de un análisis de 648 comentarios de usuarios en 29 informaciones publicadas en varios medios de nuestro país.
“Estamos en un momento de regresión respecto a los cuerpos. Volvemos a unos estereotipos muy perjudiciales que predominaron en los años 90. Por una parte es el Ozempic, pero lo situaría de la mano de una situación posfeminista en la que parece que el feminismo ya ha ocupado mucho espacio y, por lo tanto, lo podemos dejar un poco de lado para ocupar este marco en relación con el cuerpo de las mujeres. Ahora se enmarca en la libertad de decisión: si yo como mujer que tengo el poder decido ponerme a régimen y tomar estos fármacos está bien, y obviamos las presiones estructurales que siguen existiendo”, asegura María Castellví.
Lara Martín reafirma ese vínculo. “Se relaciona mucho con este empoderamiento, pero nunca hemos dejado el culto a la delgadez. En los últimos 15 años hemos visto unos conatos, más diversidad de cuerpos y de tallas... Pero en España continuamos con este culto a no estar gordo”, considera.
Para Castellví, el estudio corrobora que en España existe un discurso gordofóbico. “Lo que analizábamos eran comentarios ciudadanos en periódicos digitales en noticias sobre Ozempic. Buscábamos encontrar voces alternativas, pero no hallamos nada. En España todavía queda mucho trabajo de educación para salir de este marco mental”, sostiene.
“Hemos reafirmado lo que reflejan otros estudios a nivel internacional. Lo que nosotras aportamos es la mirada sobre lo que sucede en España. Lo que genera el Ozempic a nivel de discurso mediático o social es que se percibe que ahora es más fácil que nunca no ser una persona gorda. Entonces, todavía se castiga más a aquellas personas que tienen sobrepeso o cuerpos grandes porque ya no valen las excusas. Y al mismo tiempo encontramos una doble discriminación en la que también se critican a las personas gordas que usan el Ozempic por elegir esta salida fácil que no conlleva el sacrificio que les exigimos”, apunta.
“Es el para lucir hay que sufrir. Ya no es tanto la forma de tu cuerpo, es el cómo lo consigues. Y el hecho de incluir la variable Ozempic hace que ese sacrificio quede negado”, sostiene Martín.
"Hacer trampas"Las autoras destacan el papel de las redes. “Estamos en una época muy visual, todo se mueve a través de redes sociales. Nuestro cuerpo es una insignia. En este marco que tenemos tan gordofóbico, la delgadez es una aspiración. A un cuerpo delgado se le atribuyen una serie de valores, de felicidad incluso. Piensa en los anuncios. El cuerpo delgado vendría a representar una buena persona y su opuesto es la persona gorda. Aquí viene lo de hacer trampas, porque como a la persona gorda se le atribuyen vicios o valores negativos, ha de hacer este proceso de transformación hasta llegar a la persona delgada, virtuosa y con buena moral. A mí me gusta compararlo con la moral cristiana: tú has pecado, por tanto eres gordo. Te confiesas, empiezas el proceso, el arrepentimiento, adoptas nuevos estilos de vida, te quitas esos vicios y tienes tu recompensa, que es el estar delgado y ser feliz. Lo que hace hoy el Ozempic, ayer la cirugía bariátrica, es que acorta este periodo y tienes la recompensa mucho más rápido sin hacer esta transformación”, explica Lara Martín.
“Incluso si perdieras peso y dejaras de estar gordo, continuaría estando mal porque no lo has hecho de manera correcta”, añade.
El estudio demuestra que en el debate público no hay espacio para discursos alternativos que aboguen por la aceptación del sobrepeso. “La falta de discurso de la aceptación del exceso de peso es notable y disminuye la posibilidad de concebir un mundo en el que eso no sea un problema que deba ser tratado”, afirman las autoras.
“El cuerpo es un proyecto en el que se tiene que invertir. El debate en torno al Ozempic ha reforzado la vigilancia de los cuerpos. Y lo vemos también en la cultura de la celebridad, en este escrutinio de tratar de adivinar quién está usando Ozempic. Da la sensación de que todo el mundo lo usa, igual que las operaciones estéticas, y pasa a ser algo común y a lo que puedes aspirar cuando en realidad no es así: no todo el mundo se opera, no todo el mundo está usando Ozempic”, explica Castellví, quien señala que en este marco en el que decir "has adelgazado" todavía es un piropo socialmente es algo anecdótico, pero muy sintomático del problema que tenemos.
“No concibamos una sociedad en la que haya diversidad de cuerpos. Es la erradicación de la gordura”, sentencia Martín.
Buenos y malos usuariosEl estudio también hace una clara distinción entre los “buenos y malos usuarios”. Los buenos son aquellas personas que, por su condición de salud, necesitan Ozempic y la sociedad acepta “por sus esfuerzos para perder peso”. “Refuerza el imaginario del sobrepeso como un estado que no puede simplemente existir, sino que debe cambiar a toda costa”, apuntan las investigadoras.
“Parte de los comentarios que entienden la obesidad como una enfermedad. Y como enfermedad puede tener una solución farmacológica”, señala Lara Martín.
Los “malos usuarios” son aquellos que buscan una respuesta rápida sin esfuerzo ni sacrificio. “Dificultan el acceso a aquellos que realmente lo necesitan, ya que su finalidad es meramente estética”, según las autoras. “Pero la idea general es que la gran mayoría de personas lo utilizaba por motivos egoístas, por no querer esforzarse, y además le quitan los fármacos a las personas con diabetes”.
Escepticismo hacia las farmacéuticasEl artículo académico señala que los usuarios perciben rechazo hacia la industria farmacéutica, ya que la consideran una herramienta que actúa de “altavoz” para sus propios beneficios económicos. “Los usuarios no critican la marginación de los cuerpos gordos, sino la manipulación de los consumidores por parte de las farmacéuticas”, apuntan. “A nivel social, de manera general, existe un rechazo a los fármacos, ya que son una trampa para la gente que no sabe ni quiere cuidarse”, explica Martín Vicario, que señala que “venimos de esta idea de que la gordura es algo que has de solucionar con cambios de estilo de vida, del menos platos, más zapatos hemos pasado a menos pastillas, más zapatillas".
“Hay comentarios que se centran en criticar la medicalización de la grasa”, apunta Castellví. “Y se critica a los pacientes que optan por usar este tipo de fármacos para perder peso, y que se asocia con personalidades más débiles, con menos fuerza de voluntad, por toda esta moralización del cuerpo y la forma honesta de conseguir esos objetivos”, sostiene.
Las expertas en comunicación destacan que los hallazgos del estudio “invitan a reflexionar sobre cómo los nuevos tratamientos farmacológicos no interactúan sólo en el campo biomédico, sino también en los sistemas culturales y morales que condicionan su recepción pública”.
“El marco general en España es profundamente gordofóbico. No hay un discurso que se salga de este marco todavía, al menos en el mainstream”, concluye Castellví.
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