Son todos calvos, sonrientes y resbaladizos, y todos ocupan la presidencia de la FIFA, organización benéfica que lo mismo entrega el premio de la paz a Trump que pide a los gais que no vayan de la manita en según qué países
Sostengo la tesis de que en el mundo hay siete u ocho personas que responden al nombre de Gianni Infantino. Son todos calvos, sonrientes y ... resbaladizos, y todos ocupan la presidencia de la FIFA, organización benéfica que lo mismo entrega el premio de la paz a Trump que pide a los gais que no vayan de la manita en según qué países. La multiplicidad de Infantinos es algo que cualquier aficionado al fútbol ha podido comprobar en lo que llevamos de Mundial: un día aparece viendo un partido en Los Ángeles y horas después está tan ricamente sentado en el palco del estadio Foxborough, de Boston, mientras sus asistentes ya le están limpiando el asiento en Guadalajara, a tres o cuatro mil kilómetros de distancia. Es Infantino como uno de esos centrocampistas que ocupan todo el espacio disponible entre las áreas. ¡Ya quisiera Bellingham! Supongo que tendrá sus propias pausas de hidratación para ponerse ciego a redbulls; con ese ritmo de viajes y partidos, uno no puede aguantar un Austria-Jordania sin ayudas químicas.