Esta semana se conmemoró el Día Mundial de la Toma de Conciencia del Abuso y Maltrato en la Vejez. Esta fecha nos invita a mirar más allá de la violencia evidente y a preguntarnos qué lugar ocupan realmente las personas mayores en una sociedad que envejece con rapidez, pero que no siempre ha aprendido a […]
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Chile atraviesa una de las transformaciones demográficas más significativas de su historia. Actualmente, cerca de una de cada cinco personas tiene 60 años o más, y las proyecciones indican que para el año 2050 este grupo representará aproximadamente un tercio de la población. Lejos de constituir una amenaza, este escenario refleja importantes avances en salud, educación y condiciones de vida. Sin embargo, también plantea una pregunta urgente: ¿estamos preparados, como país, para envejecer con dignidad?
Cuando se habla de maltrato hacia las personas mayores, la atención suele centrarse en la violencia física, el abandono o la vulneración directa de derechos. Pero existen formas de exclusión mucho más silenciosas y cotidianas. Están presentes cuando se desestima la opinión de una persona mayor, cuando se decide por ella sin consultarla, cuando se infantiliza su trato o cuando se asume que la edad limita su capacidad para aprender, participar o aportar.
El problema radica en que muchas de estas conductas se encuentran normalizadas, por lo que rara vez las reconocemos como formas de maltrato. Se expresan en gestos cotidianos, en decisiones familiares, en prácticas institucionales y en discursos sociales que asocian la vejez con dependencia, fragilidad o pérdida de capacidades. Así, la exclusión deja de ser un hecho aislado y se transforma en una práctica cultural que invisibiliza la experiencia, la autonomía y la contribución que las personas mayores realizan cada día en sus familias, comunidades y espacios sociales.
Es por ello, que esta conmemoración debe recordarnos que el buen trato va mucho más allá de reducir o evitar la violencia. Implica reconocer a las personas mayores como protagonistas de sus propias vidas, valorar sus opiniones, respetar su capacidad de decisión y promover su participación plena en la comunidad. En un país que envejece, promover el buen trato no es sólo una tarea sanitaria o asistencial: es un compromiso ético, social y cultural.
La forma en que hoy escuchamos, incluimos y valoramos a las personas mayores definirá, en gran medida, el país en el que todos y todas aspiramos a envejecer.