Se llama Ryan Fox, tiene treinta y nueve años (22-1-1987) y, hasta el inicio de la tarde de este domingo, era todo un trabajador del planeta golf. A última hora de ella, es el tercer gran héroe histórico del golf masculino neozelandés y todo un campeón del British Open.
Se llama Ryan Fox, tiene treinta y nueve años (22-1-1987) y, hasta el inicio de la tarde de este domingo, era todo un trabajador del planeta golf. A última hora de ella, es el tercer gran héroe histórico del golf masculino neozelandés y todo un campeón del British Open.
En un país con Lydia Ko como eterna heroína con los palos, solo Bob Charles en el British Open de 1963 y Michael Campbell en el US Open de 2005, ya hace más de veinte años, se habían movido en ese camino. Pero este tiene a un nuevo jugador en la nómina de históricos.
El jugador oceánico ha roto los pronósticos y se ha proclamado campeón del último 'major' de la temporada. Su nombre apenas salía, de inicio, entre los nombres de los favoritos. No es de extrañar: en más de una década desde su debut en los 'majors' apenas había conseguido dos top-20, con un decimosexto puesto empatado en el British de 2019 y un decimonoveno igualado en el US Open de 2025.
Pero Fox se ha proclamado campeón del British Open a lo grande. Voló el sábado con una vuelta de 62 golpes para igualar la mejor puntuación histórica en una ronda de 'major'. Desde las alturas, ha sabido moverse en la hora de la verdad de este domingo para hacerse con el título.
Porque los sueños, aunque parezcan lejanos, siempre pueden hacerse realidad. El de Fox arrancó en la cuna. Aunque, como no podía ser de otra manera en un país en el que el rugby es religión, el deporte al que parecía ligado el joven Ryan no parecía ser el golf. Hijo de Grant Fox, exjugador de rugby, incluso su abuelo Merv Wallace había destacado en otra disciplina más arraigada en la isla como el cricket.
Por ello, el destino estaba marcado: el pequeño Ryan empezó jugando al rugby y al cricket en el instituto. O no, porque también probó el golf y este fue el deporte que le atrapó. Arrancó en él a los trece años, mientras combinaba disciplinas, y solo fue cuando terminó el instituto cuando se decidió por los palos.
Había una razón para ello: le habían enamorado. Su sueño pasó a convertirse en golfista profesional, aunque sin dejar de lado sus estudios. Entró en la Universidad de Auckland, probó diversas carreras y vio cómo sus estudios quedaban en segundo plano cuando su historia en el golf empezaba a dar pasos adelante.
Una larga carrera como profesionalTanto fue así que Fox se convirtió en profesional en el año 2012 en el circuito de primera línea local, el PGA Tour de Australasia. Pronto empezó a conseguir resultados y sumó dos títulos en tres años que le invitaron a buscar un paso más: a probar suerte en el Challenge Tour, la segunda división del circuito europeo. Además, obtuvo la clasificación para el British 2015, su primer 'major'.
No solo probó suerte, sino que ganó títulos. Dos, en concreto, que fueron el preludio de una cantidad cada vez mayor de competición en los principales torneos. En él ya consiguió algunos resultados notables de inicio que lanzaron su cada vez más fluida participación en los 'majors'. Eso sí, con resultados no muy destacables en ellos. También, las tarjetas progresivas para competir no solo en Australasia, sino en el DP World Tour y en el PGA Tour.
Desde entonces ha ido labrándose una carrera luchadísima en los primeros circuitos. Ganó en 2019 su primer gran título en el ISPS Handa de Perth, el tercero para él en Australasia. En 2022 consiguió dos triunfos más en el DP World Tour y en 2023 ganó un torneo grande del circuito europeo como el BMW PGA Championship. En los últimos meses también ha dado el gran salto en el PGA Tour: el pasado año conquistó el Myrtle Beach Classic y el Open de Canadá.
Aunque quizás el sueño de un 'major' aún quedaba lejos. Ni mucho menos. Además, a lo grande, con vuelta de récord incluida: el golf neozelandés ya tiene a su tercer gran héroe. Ryan Fox es campeón del British Open.