Carolina Rodríguez es la consejera delegada de Enisa
Cada vez resulta menos discutible: España es ya uno de los ecosistemas más dinámicos para emprender en Europa. Lo dicen los datos, pero, sobre todo, lo demuestra la evolución de un engranaje que ha aprendido a trabajar de forma coordinada.
Los informes lo confirman. La OCDE señala en Entrepreneurial Ecosystem Diagnostics of Spain que hemos dejado de ser un «ecosistema emergente» para situarnos entre los más dinámicos del continente. El Ecosystem Report 2026 elaborado por Dealroom cifra, en 125.000 millones de euros el valor de nuestras startups y apunta a España como el segundo mercado europeo con mayor crecimiento desde 2020, multiplicando por 2,3 el tamaño del sector. Y la recientemente presentada Estrategia Deep Tech del Gobierno dibuja el siguiente salto: una economía basada en tecnologías disruptivas, con mayor competitividad, autonomía estratégica y capacidad de impacto.
Este avance no es casual. Responde a un modelo en el que regulación, financiación, fiscalidad y talento empiezan a funcionar de forma coordinada.
Y en ese mapa, Andalucía pisa cada vez con más fuerza.
Los datos de Enisa lo reflejan con claridad: 773 préstamos participativos y más de 105 millones de euros invertidos en la región,82 de ellos en Granada, con cerca de 11,8 millones de euros, junto a un creciente número de empresas emergentes certificadas. De las 2.284 empresas emergentes reconocidas en España, 207 tienen base en Andalucía.
Pero más allá de las cifras, lo relevante es la tendencia.
El último Informe GEM Andalucía 2024-2025 apunta a una mejora significativa del entorno emprendedor: baja la tasa de abandono de negocios, mientras crece el peso de la tecnología y la sostenibilidad en los proyectos.
El ecosistema andaluz se articula hoy en torno a tres grandes ejes. Primero, la intención emprendedora, que supera el 10 % y reduce la distancia histórica con la media nacional. Segundo, la digitalización: cerca de la mitad de las nuevas iniciativas prevén incorporar más tecnología en el corto plazo, con la inteligencia artificial como elemento estratégico. Y tercero, la sostenibilidad, con alrededor del 40 % de las startups orientadas a generar impacto social y medioambiental.
Este equilibrio entre ambición, tecnología e impacto define una nueva etapa.
Una etapa en la que las políticas públicas,desde lo local a lo nacional, están demostrando su capacidad para generar entornos favorables al emprendimiento. A ello se suma el papel de hubs tecnológicos en ciudades como Málaga o Sevilla, que reflejan un cambio estructural hacia una economía más basada en el conocimiento.
Y, por supuesto, iniciativas como Alhambra Venture, que desde hace más de una década, conectan talento, inversión e ideas, contribuyendo a consolidar este crecimiento.
Desde Enisa lo tenemos claro: seguiremos apostando por el talento andaluz, impulsando proyectos que nacen aquí pero que compiten en el mundo.
Porque, en el fondo, esa es la verdadera mina de oro: la capacidad de transformar innovación en oportunidades reales de crecimiento.