La entrada en Ceuta de 72.000 personas, según cifras del gobierno, es mucho más que una crisis migratoria, es un atentado contra nuestra soberanía y contra nuestra integridad territorial. No conviene minimizarla porque si lo hacemos volverá a ocurrir.
La entrada en Ceuta de 72.000 personas, según cifras del gobierno, es mucho más que una crisis migratoria, es un atentado contra nuestra soberanía y contra nuestra integridad territorial. No conviene minimizarla porque si lo hacemos volverá a ocurrir.
Marruecos considera que Ceuta y Melilla son dos ciudades marroquíes aunque se encuentra con la dificultad de que nosotros no estamos de acuerdo. Para nosotros, son dos ciudades españolas pobladas por españoles. Tenemos un problema irresoluble con el que tendremos que convivir, «conllevar» diría Ortega, y eso exige firmeza cuando sea necesario y no alabando la colaboración de Marruecos en materia migratoria porque es muy mejorable. 72.000 personas no son una patera que sale de una playa oscura manejada por una mafia, para que 72.000 personas entren en Ceuta hace falta mucha organización y que las fuerzas de seguridad marroquíes miren para otro lado, como muestran algunos vídeos. Taher Ben Jelloun, el escritor marroquí más conocido en Europa, cuenta que sintió «ira y vergüenza» cuando salía de la recepción que ese mismo día ofrecía Mohamed VI en Tetuán con motivo de la Fiesta del Trono, y se encontró con miles de jóvenes que se dirigían alegremente hacia Ceuta ante la mirada indiferente de los gendarmes marroquíes. Un centenar se ahogaron.
En 2021, 10.000 marroquíes asaltaron Ceuta. Esta vez han sido siete veces más, hasta llegar a casi el 100% de la población de la ciudad (83.000 personas), que está comprensiblemente amedrentada ante lo sucedido. Es una barbaridad. Fallar una vez no está bien pero puede excusarse. Fallar dos veces es inadmisible porque revela que o no se tomaron medidas o que las que se tomaron fueron insuficientes y que ademas te han pillado con los pantalones bajados. Y como no hay dos sin tres, lo ahora ocurrido se volverá a repetir si no lo impedimos. Y si la primera vez fueron 10.000 y la segunda 72.000, la tercera pueden ser 150.000 y entonces los expulsados no serán los invasores sino 83.000 habitantes de la ciudad. No lo podemos permitir. En 2002 Perejil nos importaba muy poco pero el gobierno reaccionó con firmeza para evitar que Marruecos se equivocara más gravemente a corto plazo. Esa firmeza nos dió tranquilidad durante 20 años. Es triste que ni entonces ni ahora el gobierno haya tenido el apoyo de la oposición. En mi opinión, las dos razones más importantes que explican lo ocurrido son la machacona repetición al otro lado de la frontera de que Ceuta y Melilla son ciudades marroquíes irredentas, y el hecho de que la renta per cápita en España sea ocho veces más alta que en Marruecos (39.000 dólares frente a 4.600). Los inmigrantes buscan trabajo y una vida mejor y creen que en España se atan los perros con longanizas (de pollo). Movilizarlos es muy fácil.
El gobierno ha necesitado el concurso de Marruecos para repatriar con rapidez a tanta gente y ha evitado criticas públicas. Pero de ahí a piropearlo hay un trecho. Porque si han regresado 70.000, eso quiere decir que al menos 2.000, muchos menores, se han quedado en Ceuta. Me extraña que el ministro Albares abroncara al embajador italiano y no a la embajadora de Marruecos. No entiendo los miramientos con un vecino que o fue cómplice o fue incompetente. Esta debilidad garantiza problemas futuros, como ahora el reparto de esos menores los producirá entre PP y VOX para regocijo de Pedro Sánchez.
Preocupa también el frente europeo, donde el tema migratorio es de una extrema sensibilidad porque ayuda a crecer a la ultraderecha que obtuvo 4% del voto en las elecciones al Parlamento Europeo de 1984 y que llegó a 20% en las de 2024. Los europeos no están contentos con la regularización masiva de Sánchez ni están de acuerdo con lo poco que gastamos en Defensa. Nos consideran insolidarios. Esta soledad relativa no nos conviene porque habrá más crisis con Marruecos y necesitaremos el respaldo de nuestros socios y también de Estados Unidos donde Marruecos, en otro error grave de nuestra diplomacia, gana influencia a costa nuestra. Ahora solo espero que el gobierno permita ir pronto a Ceuta al rey Felipe VI. Él lo desea y los ceutíes lo necesitan. Nunca ha estado. Y si a Rabat no le gusta... que beba agua, mucha agua.
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