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Centros de datos: el coste energético y ambiental oculto tras el ‘boom’ de inversión por la inteligencia artificial

Дата публикации: 13-08-2026 04:30:55

La inteligencia artificial dispara la demanda de electricidad y refrigeración de estas infraestructuras, expuestas además al calor, la sequía y los grandes siniestros, mientras España prevé inversiones de 66.900 millones de euros hasta 2030
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La inteligencia artificial vive en la nube, pero se sostiene sobre infraestructuras firmemente ancladas al territorio. Detrás de cada consulta a un asistente digital, cada modelo entrenado y cada servicio alojado en remoto se extienden salas repletas de servidores que consumen electricidad sin descanso, desprenden grandes cantidades de calor y necesitan complejos sistemas de refrigeración. Esa dimensión física comienza a perfilarse como uno de los principales desafíos económicos y ambientales del auge de la IA.

Los centros de datos consumieron alrededor de 415 teravatios hora de electricidad en 2024, el equivalente al 1,5% de la demanda mundial. La Agencia Internacional de la Energía calcula que esa cifra alcanzará los 945 teravatios hora en 2030, una cantidad ligeramente superior a todo el consumo eléctrico actual de Japón. La inteligencia artificial será el principal motor del incremento y la demanda de los centros optimizados para esta tecnología podría más que cuadruplicarse durante la segunda mitad de la década.

A la presión sobre el sistema eléctrico se suma el agua necesaria para evitar que los equipos se sobrecalienten. La refrigeración puede suponer alrededor del 7% del consumo energético de los grandes centros hiperescalables más eficientes, pero elevarse por encima del 30% en instalaciones empresariales con tecnologías menos avanzadas. El porcentaje depende de la ubicación, el diseño y el sistema utilizado, aunque la relación de fondo resulta inequívoca: cuanto mayor es la potencia informática concentrada, más exigente se vuelve el control de la temperatura.

"La IA puede convertirse en una herramienta clave para mejorar la eficiencia energética, optimizar recursos y acelerar la lucha contra el cambio climático, pero también debemos prestar atención a la huella ambiental de las infraestructuras que hacen posible su funcionamiento", advierte Sergio García Estradera, gerente de i3e.

Crecer bajo el calor y la sequía

La expansión de estas instalaciones coincide con un escenario de temperaturas extremas, sequías recurrentes y recursos hídricos sometidos a una presión creciente. Julio de 2026 registró en la España peninsular una temperatura media de 25,7 grados, 2,6 grados por encima del promedio del periodo 1991-2020. Empató con julio de 2022 como el mes más cálido de toda la serie histórica, iniciada en 1961, y fue además el julio más seco registrado, con precipitaciones equivalentes a solo el 26% de lo habitual.

En este contexto, elegir dónde levantar un centro de datos se convierte en una decisión estratégica. Ya no basta con disponer de suelo, fibra óptica o proximidad a los grandes mercados. La capacidad de la red eléctrica, el acceso sostenible al agua y la resistencia frente a incendios, inundaciones, tormentas, sequías u olas de calor forman parte de la viabilidad económica de cada proyecto.

El informe El boom de la construcción de centros de datos: tendencias de riesgos y siniestros, elaborado por Allianz Commercial, calcula que el 79% de la capacidad mundial se encuentra en zonas con una exposición elevada a catástrofes naturales. El 54% afronta, además, un estrés crónico ocasionado por el calor y la sequía. Algunos de los enclaves donde la industria crece con mayor rapidez, como el norte de Virginia, Johor, en Malasia, o Marsella, en Francia, figuran también entre los territorios con un nivel de riesgo más alto.

El calor extremo incrementa las necesidades de refrigeración y reduce la eficiencia de los equipos. La sequía restringe la disponibilidad de agua para determinados sistemas térmicos, mientras que una interrupción eléctrica puede paralizar servicios esenciales. El riesgo climático entra así de lleno en los cálculos sobre costes, aseguramiento y rentabilidad.

“No se trata de frenar el avance tecnológico, sino de asegurar que su crecimiento vaya acompañado de una planificación energética adecuada y de inversiones que permitan minimizar su impacto ambiental”, sostiene García Estradera.

De los riesgos de obra a los fallos en cadena

Las amenazas aparecen mucho antes de que los servidores entren en funcionamiento. Durante la construcción pueden producirse incendios, inundaciones, robos, defectos de diseño o ejecución y daños en equipos de elevado valor. A ello se añaden los retrasos ocasionados por la escasez de componentes, la falta de trabajadores cualificados o las dificultades para obtener una conexión suficiente a la red eléctrica.

Una vez operativo el centro, el abanico de riesgos se amplía: averías mecánicas y eléctricas, fallos de refrigeración, ciberincidentes, incendios, interrupciones del suministro y catástrofes naturales. La concentración de varias instalaciones en un mismo territorio agrava la exposición, ya que distintos complejos pueden depender de una misma subestación, una red de comunicaciones compartida o un único proveedor energético.

Una incidencia localizada puede propagarse de este modo a través de infraestructuras interdependientes y desencadenar interrupciones en cascada. Los centros de datos sostienen servicios financieros, telecomunicaciones, administraciones públicas, hospitales, plataformas comerciales y procesos empresariales. Sus fallos, por tanto, han adquirido consecuencias económicas y sociales mucho más amplias.

"La IA está convirtiendo la última generación de centros de datos, que deja de ser un activo inmobiliario especializado, en una infraestructura crítica", afirma Thomas Lillelund, consejero delegado de Allianz Commercial.

"La magnitud de la inversión es extraordinaria, a medida que estos centros evolucionan desde el almacenamiento tradicional de datos hacia necesidades de computación de alto rendimiento, pero el éxito dependerá cada vez más de la resiliencia: acceso a energía, cadenas de suministro fiables, sólidos controles de construcción, así como una selección de emplazamientos que tenga en cuenta el clima y programas de seguros que reflejen el verdadero riesgo de acumulación", sostiene.

Las pérdidas ocasionadas por grandes incendios o catástrofes naturales pueden alcanzar ya cientos de millones de dólares. Allianz prevé que el mercado asegurador mundial vinculado a los centros de datos más que duplique su valor y llegue a los 24.000 millones de dólares en 2030. Disponer de una cobertura integral se está convirtiendo, además, en una condición para financiar buena parte de los grandes proyectos asociados a la inteligencia artificial.

Cuando el territorio impone sus límites

La presión sobre los recursos comienza a suscitar una respuesta social. La activista ambiental estadounidense Erin Brockovich ha impulsado una plataforma para recopilar información sobre centros de datos y canalizar las inquietudes de las comunidades donde se proyectan o construyen. El consumo de agua y electricidad, el ruido, los residuos electrónicos, la falta de transparencia y el impacto sobre los servicios públicos figuran entre las principales preocupaciones de los ciudadanos.

La contestación local ya tiene efectos económicos. Solo durante el primer trimestre de 2026, la oposición de distintas comunidades retrasó o bloqueó en Estados Unidos al menos 75 proyectos valorados en cerca de 130.000 millones de dólares. Allianz concluye que los mayores límites a la expansión del sector son "cada vez más físicos que financieros": electricidad, conexiones a la red, permisos, terrenos adecuados, equipos especializados y mano de obra cualificada.

Esta escasez contrasta con la abundancia de capital. La inversión anual mundial en centros de datos pasará de aproximadamente 500.000 millones de dólares en 2024 a más de un billón, unos 870.000 millones de euros, ya en 2027. Estados Unidos y China concentrarán alrededor del 62% de la nueva capacidad incorporada hasta 2030, aunque la siguiente oleada de proyectos tendrá un carácter cada vez más global.

España acelera hacia 2030

España se encuentra entre los mercados europeos con mejores perspectivas de crecimiento, junto con Finlandia y Dinamarca, debido a la disponibilidad potencial de energía y a unas condiciones para la tramitación de permisos que pueden resultar más favorables. Alemania, Reino Unido e Irlanda conservarán, no obstante, su posición como grandes núcleos del sector en Europa.

Según los datos de SpainDC recogidos por Allianz Commercial, la potencia informática instalada en los centros de datos comerciales españoles alcanzó los 439 megavatios al cierre de 2025, un 24% más que el año anterior. La asociación calcula que podría llegar a 2.537 megavatios en 2030 y prevé una inversión acumulada de 66.900 millones de euros hasta el final de la década, con una aportación anual estimada de 7.300 millones al producto interior bruto.

"Este crecimiento refuerza el papel de España como hub digital del sur de Europa, pero también amplía la exposición a riesgos vinculados a la construcción, el suministro energético, la refrigeración, la continuidad operativa y la resiliencia climática", señala Allianz Commercial.

La inversión abre la posibilidad de atraer actividad industrial, modernizar las redes y reforzar la posición española en la economía digital europea. El verdadero examen, sin embargo, no consistirá únicamente en captar proyectos, sino en integrarlos en el territorio sin que compitan de manera insostenible por la electricidad y el agua.

"La conversación sobre la IA ya no puede centrarse exclusivamente en sus capacidades tecnológicas. También debemos preguntarnos cómo garantizar que esta revolución digital avance de forma compatible con los compromisos energéticos y climáticos que la sociedad se ha marcado", concluye García Estradera.

El billón de dólares que el sector prevé invertir explica la velocidad de la carrera. Sus necesidades de electricidad, agua y resiliencia revelan, en cambio, sus límites. La nube tiene una huella muy concreta y el futuro de la inteligencia artificial dependerá también de que el territorio sea capaz de soportarla.

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