Expertos de la Sociedad Española de Medicina Interna subrayan que algunos riesgos pueden pasar desapercibidos
Las altas temperaturas pueden potenciar la toxicidad de la medicación
No dejamos de leer advertencias sobre la importancia de proteger del calor a niños y personas mayores. Sin embargo, hay otro colectivo especialmente vulnerable que suele pasar más desapercibido: las personas con enfermedades crónicas. Y no son pocas. Según datos del Ministerio de Sanidad, casi el 55 % de la población española mayor de 15 años convive con al menos una enfermedad crónica, muchas de las cuales pueden descompensarse durante los episodios de altas temperaturas.
Como apunta José Ángel García García, especialista en Medicina Interna y coordinador del Grupo de Trabajo sobre Cronicidad y Pluripatología de la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI), no todos los enfermos crónicos son igual de vulnerables. Hay grupos en los que se deben extremar las precauciones, cada uno por diferentes motivos.
Así, cita a los pacientes cardiovasculares e hipertensos, sobre todo los que toman diuréticos, que favorecen la deshidratación, y los IECA/ARA-II, que pueden provocar hipotensión ortostática por la vasodilatación inducida por el calor. También a las personas con patología mental, ya que los antipsicóticos y antidepresivos pueden alterar la percepción del calor.
Otros casos son los pacientes con problemas de incontinencia o espasmos, o quienes toman antihistamínicos, ya que estos reducen o anulan la sudoración, un mecanismo clave para enfriar el cuerpo. También los pacientes tratados con antiparkinsonianos, porque pueden afectar a la regulación de la temperatura; quienes toman litio, por presentar una ventana terapéutica muy estrecha ante cualquier cambio en los niveles de sodio y agua corporal; y quienes utilizan habitualmente antiinflamatorios, que reducen la perfusión renal en situaciones de estrés térmico.
Como explica el experto, en estos pacientes "la deshidratación puede originar o agravar patologías previas, generando distintos síntomas. Se debe alertar si aparece confusión, piel seca o cese de la sudoración, que son signos de riesgo alto y aviso inminente de golpe de calor. Síntomas más sutiles como mareo, debilidad o poca orina también indican compromiso hídrico".
El entorno familiar debe estar especialmente atento, ya que muchas personas mayores y pacientes con enfermedades neurodegenerativas pueden no percibir adecuadamente la sensación de sed. Por ello, ante síntomas como mareos o debilidad, no hay que dudar en acudir a un centro de salud. Además, es importante insistir en una correcta ingesta de líquidos.
Las altas temperaturas pueden potenciar la toxicidad de la medicación
Otra cuestión que suele pasar desapercibida es que el calor puede potenciar los efectos secundarios de los medicamentos que el paciente lleva tiempo tomando. "El calor actúa de forma sinérgica potenciando la toxicidad de la medicación habitual, como en el caso de fármacos sedantes o hipotensores, elevándose drásticamente el riesgo de deterioro de la función renal, así como la posibilidad de ocurrencia de síncopes y caídas".
José Ángel García García, especialista en Medicina Interna del Hospital de Valme y coordinador del Grupo de Trabajo sobre Cronicidad y Pluripatología de la Sociedad Española de Medicina Interna.
/ M.G.
Por ello, en episodios de temperaturas superiores a 35 ºC puede ser necesario consultar con el médico para valorar si es preciso realizar un reajuste de dosis, especialmente en tratamientos diuréticos e hipotensores.
Como apunta José Ángel García García, "el calor extremo puede alterar la composición y los efectos de las medicinas", por lo que es vital conservar cualquier tratamiento (incluida la insulina) en un lugar fresco.
Algo que no siempre es posible según las condiciones socioeconómicas del paciente. Por ello, el internista recomienda identificar el lugar más fresco y seco de la vivienda para conservar la medicación, evitando el baño o la cocina.
Mareo, confusión o falta de sudor son señales de alarma ante un golpe de calor
Por otra parte, para mantener fresco al propio paciente, recuerda la importancia de acudir a lugares públicos climatizados, conocidos como refugios climáticos, durante las horas centrales del día. Si no se dispone de aire acondicionado, recomienda priorizar la ventilación nocturna, mantener las persianas bajadas durante el día y fomentar la vigilancia vecinal o familiar, al menos dos veces al día, en las personas que viven solas.
Hay que insistir en que prevenir los efectos del calor en las personas con enfermedades crónicas no pasa solo por beber más agua o evitar salir en las horas centrales del día. También implica conocer cómo pueden influir las altas temperaturas en cada enfermedad y en los tratamientos habituales para evitar complicaciones.