La sentencia del Supremo del caso Mascarillas, beneficiosa para Aldama, es la que ha llevado a Julio Martínez a cantar ante el juez
La trama de Plus Ultra busco a Zapatero por sus contactos en España y con Maduro
La sentencia del Tribunal Supremo sobre el caso Mascarillas, publicada el pasado 22 de junio, ha supuesto el jaque mate judicial para el ex presidente José Luis Rodríguez Zapatero, al respaldar la figura del arrepentido, incluso si su colaboración es posterior a su imputación. El empresario Víctor Aldama, clave en las duras condenas contra José Luis Ábalos y Koldo García, animó ese día de modo implícito a Julio Martínez, el amigo de Zapatero, a que siguiese sus pasos. Hace mucho tiempo que Aldama también iba contra el ex presidente, a quien el Gobierno de Pedro Sánchez y del PSOE han seguido defendiendo, a pesar de los indicios insalvables que se van acumulando contra él.
En esa sentencia, que va a ser histórica en muchos sentidos, el Supremo justificaba la aplicación de una "atenuante analógica" -posterior a la investigación- "muy cualificada" a Aldama porque no se había limitado "a confesar los hechos", sino que colaboró de modo activo con la investigación y aportó datos "desconocidos por la unidad investigadora". Es decir, que no bastó con una confesión, sino que fue necesaria una implicación en la investigación. Y, como el Supremo apuntó, en otros casos judiciales.
El gran beneficio que Aldama consiguió es el que ha motivado la colaboración de Julio Martínez. Frente a los 24 de prisión para Ábalos y los 19 de Koldo, el empresario corruptor fue condenado a sólo 4,5 años de prisión, una pena suspendida, además, por el tribunal porque cada uno de los cuatro delitos probados suman menos de dos años. Además, el tribunal consideró no probado el delito de información privilegiada, por lo que se libró de pagar la multa de 3,7 millones de euros que solicitaba el fiscal.
Por tanto, para que Julio Martínez obtenga un trato similar de la Audiencia Nacional al de Aldama en el Supremo, no sólo basta su confesión, sino la aportación de nuevos datos y que sean provechosos. De momento, el escrito enviado al juez Calama derriba lo que Zapatero declaró ante este magistrado y ante el Senado. Es decir, que según Martínez, amigo del ex presidente desde que el compró su casa en Vera, en Almería, Zapatero fue el encargado de mediar para conseguir la ayuda de 53 millones de euros para Plus Ultra, fue él quien buscó a esta aerolínea que operaba entre España y Venezuela y fue él quien, a la postre, cobró el 1% de esa cantidad en distintos pagos diferidos.
La defensa de Zapatero se centrará en buscar la nulidad de algunas pruebas, como las conseguidas del servicio de fronteras de Estados Unidos, pero su credibilidad política está aún más destrozada. Nula. Hasta puede salvarse por ello ante un tribunal, pero su figura política se ha esfumado, ya no es un referente, sólo alguien a quien algunos amigos tratan de defender.
El ex presidente ni ha podido explicar el origen de las joyas halladas en su despacho de ex presidente ni tiene un relato coherente que niegue los primeros datos que Julio Martínez ha aportado al juez, así como el de los propios propietarios de Plus Ultra.
En un caso político parecido, la del ex presidente de la Generalitat Jordi Pujol, quien fuera líder de Convergencia en esos momentos, Artur Mas, se reunió con el investigado en su casa, le retiró el tratamiento de molt honorable y fue invitado a abandonar el partido que había ayudado a fundar. Pedro Sánchez ha mantenido hasta este momento el respaldo a Zapatero, y el del propio PSOE, a pesar de la falta de explicaciones del ex presidente, centrado ya, únicamente, en su defensa jurídica.
La razón no es otra que el contexto de acumulación de denuncias contra dirigentes socialistas y contra miembros de la familia de Pedro Sánchez, una de ellas, la de su hermano David, ya convertida en una primera condena en la Audiencia de Badajoz. La respuesta del líder socialista es la de la bunkerización ante las investigaciones de la Justicia, de tal modo que nadie más puede caer en lo político, ni siquiera Zapatero. Ya no hay cortafuegos.
A diferencia de Felipe González, Zapatero sí ha venido apoyando a Pedro Sánchez, aunque no fue así desde el principio. De hecho, fue uno de los más críticos con el actual secretario general. Pero su conversión parece que también buscaba un beneficio. Fue gracias a ese acercamiento al Gobierno cómo Zapatero pudo intervenir -aún no se ha podido señalar ante quién- para promover el rescate de la aerolínea y cómo supo de esta aprobación antes de que pasase por el Consejo de Ministros.
Zapatero ganó el congreso federal del PSOE frente a José Bono por sólo nueve votos, el apoyo del PSC y del guerrismo fue el que tumbó al candidato oficialista. Después de gobernar ocho años, decidió no concurrir a las elecciones generales e ingresó en el Consejo de Estado, puesto que proporciona un salario contundente a los ex presidentes. Pero duró tres años, de 2012 a 2015, fue entonces cuando se dedicó a la asesoría y a los think tanks. Sus excelentes contactos, tanto en el Gobierno español como en el de Venezuela, lo convirtieron en un excelente enlace para empresas como Plus Ultra con pilares en ambos países.