Las dificultades económicas, la ausencia de programas públicos y la escasez de recursos retrasan el diagnóstico de una enfermedad prevenible.Más información: El "gran salto" del África subsahariana: esta es su estrategia para conseguir alcanzar los ODS en 2100
Cada año, cerca de 660.000 mujeres son diagnosticadas de cáncer de cuello uterino y alrededor de 350.000 fallecen por esta enfermedad, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Más del 90% de esas muertes se registran en países de ingresos bajos y medianos, donde la vacunación frente al virus del papiloma humano (VPH), los programas de cribado y el acceso al tratamiento siguen siendo muy limitados.
En África subsahariana, el cáncer de cérvix continúa siendo una de las principales causas de muerte por cáncer entre las mujeres, pese a que puede prevenirse y curarse si se detecta a tiempo.
La diferencia con países como España es evidente. Mientras la vacunación y las revisiones ginecológicas han reducido de forma notable la mortalidad, en buena parte del continente africano el diagnóstico suele llegar cuando la enfermedad ya está avanzada.
"El lugar donde nace una mujer sigue siendo uno de los principales determinantes de su riesgo de morir por un cáncer que hoy podemos prevenir", resume Gabriel Reina González, microbiólogo de la Clínica Universidad de Navarra.
Con ese objetivo trabaja ELIKIA, un proyecto impulsado por la Fundación Amigos de Monkole, que desde 2017 ha acompañado a cerca de 150.000 personas vulnerables en distintos países africanos y latinoamericanos.

Durante la misión se atendió a alrededor de 600 mujeres y se recogieron más de 300 citologías. Cedida
La iniciativa busca acercar la prevención del cáncer de cuello uterino a mujeres que nunca han tenido acceso a una revisión ginecológica mediante cribados, tratamiento precoz y formación del personal sanitario.
El programa comenzó en la red del Hospital Monkole, en Kinshasa, donde ya se ha consolidado un servicio permanente de prevención que ha permitido realizar más de 6.000 cribados. Hoy da cobertura, junto con cuatro centros de salud asociados, a una población cercana a 700.000 personas y ha despertado el interés de otros hospitales de la capital congoleña.
Este verano, el proyecto dio un nuevo paso con una campaña en el Centro Médico Walé, en Yamusukro (Costa de Marfil), un país donde el cáncer de cuello uterino es la segunda causa de muerte por cáncer entre las mujeres.

El microbiólogo Gabriel Reina de la Fundación Amigos de Monkole, junto a los estudiantes que le acompañaron en el proyecto Elikia. Cedida
El equipo, formado por especialistas y estudiantes de Medicina, llegó con un objetivo claro, implantar un programa que pudiera mantenerse cuando finalizara la misión.
"Queríamos demostrar que es posible poner en marcha un modelo de prevención eficaz y adaptado a entornos con recursos limitados. La prioridad es que los profesionales del propio centro puedan seguir desarrollándolo de manera autónoma", explica Reina.
Los retosEl principal obstáculo no era la falta de implicación del personal sanitario. Las dificultades aparecían antes. Muchas mujeres deben recorrer largas distancias para llegar al centro médico y asumir el coste de una consulta que ronda los dos euros, una cantidad pequeña desde una perspectiva europea, pero significativa para muchas familias.
A ello se suma que las muestras deben enviarse a Abiyán, situada a unos 200 kilómetros, lo que obliga a regresar semanas después para conocer el resultado.
"Las mujeres quieren hacerse la revisión porque conocen la gravedad de la enfermedad. El problema es que muchas veces no pueden volver y ese seguimiento se pierde", explica el ginecólogo Ignacio Pérez Palacio, que participó por primera vez en el proyecto.
Para reducir ese riesgo, el equipo centró buena parte de su trabajo en formar a los profesionales locales en el uso de la termoablación, una técnica recomendada por la OMS que permite tratar lesiones precancerosas en la misma consulta, evitando que muchas pacientes dependan de una segunda visita.
"En el centro disponían del equipo, pero no lo utilizaban. Enseñar esa técnica significó que muchas mujeres pudieran marcharse ya tratadas, disminuyendo de forma importante el riesgo de desarrollar un cáncer de cuello uterino", señala Pérez Palacio.
La formación también incluyó otros procedimientos ambulatorios para los casos que requerían una intervención diferente. El objetivo era que médicos, matronas y enfermeras del centro incorporaran esas herramientas a su práctica diaria y pudieran mantener el programa una vez finalizada la campaña.
Aprender sobre el terrenoLa expedición reunió a médicos con experiencia y ocho estudiantes de Medicina que llevaban meses preparando la campaña. Entre ellos estaba Covadonga Alonso Pérez-Peñas, alumna de cuarto curso, que ya había participado el año anterior en Monkole.
Antes del viaje, el equipo recibió formación sobre el contexto sanitario y cultural del país, organizó el material clínico y promovió campañas en redes sociales para recaudar fondos.
"Nos impresionó comprobar que en la República Democrática del Congo el cáncer de cuello uterino es la primera causa de muerte por cáncer entre las mujeres y que en Costa de Marfil ocupa el segundo lugar. Entender esa realidad hizo que llegáramos con otra perspectiva", explica.

Campaña en el Centro Médico Walé, en Yamusukro (Costa de Marfil). Cedida
La experiencia previa en Congo facilitó el trabajo en Yamusukro. Acostumbrados a desenvolverse con recursos muy limitados, los estudiantes afrontaron una campaña en la que cada consulta suponía una oportunidad difícilmente repetible.
"Hay exploraciones que hacemos con una linterna porque no hay iluminación suficiente. También aprendes que el equipo local es imprescindible para entender el idioma, la cultura y la relación con las pacientes. Sin ellos sería imposible desarrollar el proyecto", afirma Alonso Pérez-Peñas.
Durante la misión se atendió a alrededor de 600 mujeres, se recogieron más de 300 citologías, otras tantas muestras para la detección del virus del papiloma humano y se realizaron cerca de un centenar de tratamientos de lesiones precancerosas mediante termoablación y otras técnicas ambulatorias.

Centro Médico-Social Walé de Yamusukro, en Costa de Marfil. Cedida
Para Gabriel Reina, esos datos representan el punto de partida, no la meta. "El éxito no se mide solo por las mujeres atendidas. También importa que el personal formado siga realizando cribados, que el equipamiento permanezca en funcionamiento y que el programa continúe creciendo con recursos propios".
Ese crecimiento pasa también por convencer a más mujeres de acudir a una revisión preventiva. Y es que, al tratarse de una enfermedad que puede desarrollarse durante años sin síntomas, muchas priorizan otras necesidades antes que una consulta médica.
Según recuerda el microbiólogo, la OMS recomienda realizar el cribado al menos dos veces a lo largo de la vida, alrededor de los 35 y los 45 años.
Un modelo en expansiónLa experiencia acumulada en Monkole y la primera campaña en Costa de Marfil han permitido definir una forma de trabajo que la Fundación Amigos de Monkole pretende consolidar y ampliar a otros centros de África subsahariana.
El acompañamiento continúa después de cada misión mediante reuniones periódicas con los profesionales locales, que permiten resolver dudas y seguir la evolución del programa.
Para Ignacio Pérez Palacio, el reto inmediato pasa por garantizar que ninguna mujer deje de acceder al cribado por motivos económicos o logísticos.
"La primera barrera es la accesibilidad. Si conseguimos que las pacientes puedan llegar al centro sanitario, estaremos dando el paso más importante para reducir la mortalidad por esta enfermedad", asegura el ginecólogo.
Covadonga Alonso considera que la experiencia también deja huella en quienes participan en ella. "Te obliga a salir de tu zona de confort, a trabajar con pocos medios y a valorar la importancia de escuchar y adaptarte al contexto. Es un aprendizaje que difícilmente se adquiere en unas prácticas convencionales", señala.
Mientras el equipo español regresa a casa, el trabajo continúa en Yamusukro y Kinshasa. Son los profesionales locales quienes mantienen las consultas, realizan nuevos cribados y aplican los conocimientos adquiridos durante la campaña.
Ese es, para los responsables de ELIKIA, el objetivo de cada misión, que la prevención del cáncer de cuello uterino deje de depender de una visita puntual y se convierta en un servicio estable para las mujeres que más lo necesitan.