El aire no suele ocupar sitio en un museo. En Euphoria, en cambio, lo llena todo: infla esculturas, hace bailar objetos, sostiene peces imposibles y mueve paredes. El Balloon Museum regresa a Madrid con una exposición que convierte algo tan cotidiano como respirar en materia artística. La propuesta reúne 14 instalaciones de gran formato firmadas por nombres como Philippe Parreno, Martin Creed, Rafael Lozano-Hemmer, Karina Smigla-Bobinski, Camille Walala y A.A. Murakami. Y aquí conviene olvidarse de la visita tradicional: las obras se atraviesan, se empujan, se pisan, se habitan. Algunas reaccionan al cuerpo, otras cambian con cada visitante. El espectador, sencillamente, deja de estar al otro lado. La muestra, comisariada por Antonella di Lullo, puede visitarse hasta el 6 de septiembre en el Escenario Puerta del Ángel, en el recinto ferial de la Casa de Campo.Seguir leyendo....
El aire no suele ocupar sitio en un museo. En Euphoria, en cambio, lo llena todo: infla esculturas, hace bailar objetos, sostiene peces imposibles y mueve paredes. El Balloon Museum regresa a Madrid con una exposición que convierte algo tan cotidiano como respirar en materia artística. La propuesta reúne 14 instalaciones de gran formato firmadas por nombres como Philippe Parreno, Martin Creed, Rafael Lozano-Hemmer, Karina Smigla-Bobinski, Camille Walala y A.A. Murakami. Y aquí conviene olvidarse de la visita tradicional: las obras se atraviesan, se empujan, se pisan, se habitan. Algunas reaccionan al cuerpo, otras cambian con cada visitante. El espectador, sencillamente, deja de estar al otro lado. La muestra, comisariada por Antonella di Lullo, puede visitarse hasta el 6 de septiembre en el Escenario Puerta del Ángel, en el recinto ferial de la Casa de Campo.
Bajo el título Euphoria, la muestra juega con esa frontera cada vez más difusa entre arte, tecnología, espectáculo y experiencia. Hay color, escala XXL y momentos pensados para impresionar, pero también piezas que hablan de memoria, percepción, fragilidad y tiempo. La euforia está en la superficie: debajo, hay bastante más que globos. Lo demuestra enseguida Philippe Parreno con My Room is Another Fishbowl. Sus peces de helio flotan a distintas alturas y avanzan siguiendo las pequeñas corrientes que provoca el público al caminar. Resultan divertidos, casi infantiles, hasta que se descubre el giro: en esta particular pecera, no son ellos quienes están encerrados y bajo vigilancia.

'Kaleidoscope', de Karina Smigla-Bobinski. / CEDIDA
Martin Creed también convierte el aire en algo visible con Work No. 3883. Cientos de globos azul ocupan la mitad de una casa de cristal y obligan al visitante a abrirse camino entre ellos. Las referencias desaparecen, calcular las distancias se vuelve complicado y algo tan simple como cruzar una habitación termina alterando por completo la percepción del espacio. Más poética es Pulse Topology, de Rafael Lozano-Hemmer. Miles de bombillas suspendidas se iluminan siguiendo pulsaciones reales registradas a quienes han pasado previamente por la instalación. Cada nuevo latido entra en esa suerte de memoria colectiva y sustituye a otro más antiguo. El resultado es un cielo de luces que parece estar vivo y que recuerda, de paso, que todo ritmo termina apagándose.
La participación adquiere un sentido todavía más literal en ADA, de Karina Smigla-Bobinski. Una enorme esfera transparente recubierta con barras de carboncillo flota por la sala a merced de los visitantes. Cada empujón deja una marca y, poco a poco, las paredes se convierten en un dibujo colectivo imposible de repetir. La misma artista firma Kaleidoscope, una instalación donde tintas, luz y color se mezclan constantemente bajo las manos del público. También hay lugares concebidos para recuperar sin complejos el gusto por jugar. Camille Walala transforma Follow Me, I Think I Know the Way en un pequeño universo de arcos, rayas, geometrías y colores que funciona como laberinto y refugio.

'Half The Air In A Given Space' de Martin Creed. / CEDIDA
El español SpY, por su parte, apuesta por una imagen más hipnótica en Ovoids: ocho gigantescas formas rojas suspendidas que giran y oscilan en una coreografía pausada inspirada en el nacimiento, los ciclos vitales y la construcción de la identidad. Uno de los momentos más delicados llega con New Spring, de A.A. Murakami. Un árbol produce burbujas llenas de niebla que flotan unos segundos antes de romperse y desaparecer. Es difícil resistirse a perseguirlas, pero tras esa belleza fugaz aparece una reflexión muy sencilla: todo lo que acaba de existir puede esfumarse casi inmediatamente.
Luz y movimientoEl recorrido sigue respirando de muchas maneras. Las 120 bolsas negras de One Hundred and Twenty, de Nils Völker, se inflan y desinflan mediante cientos de ventiladores hasta adquirir un extraño aspecto orgánico; Cyril Lancelin convierte grandes formas geométricas hinchables en un paisaje que el propio público puede modificar; y Alex Schweder propone con Our Floating una especie de cama-sofá blanda que cambia de forma al ritmo del aire y altera la relación entre quienes se tumban sobre ella. El tramo final mira directamente hacia el cosmos. Hyperstudio construye escenarios de luz, movimiento y sonido que incluyen columpios bajo un firmamento artificial o globos atrapados en corrientes de aire. En Hyperstellar, creada junto a Quiet Ensemble y Roman Hill, una piscina de bolas negras y una pantalla circular de 360 grados convierten imágenes microscópicas de gotas de agua y burbujas en paisajes que parecen galaxias lejanas. Lo diminuto termina siendo gigantesco.

El tramo más cósmico corre a cargo de Hyperstudio y sus colaboradores. / CEDIDA
Detrás de Euphoria está Balloon Museum, proyecto nacido en Roma en 2021 y convertido desde entonces en un fenómeno internacional, con exposiciones en ciudades como París, Londres, Nueva York, Barcelona o Miami y más de siete millones de visitantes acumulados. Su fórmula consiste en borrar deliberadamente algunas de las normas más antiguas del museo: aquí el cuerpo no molesta, sino que activa lo que ocurre. Una exposición para mirar, sí, pero sobre todo para meterse dentro.