El pasado 30 de julio varias decenas de miles de marroquíes cruzaron la frontera con España y llegaron, muchos de ellos a nado, a Ceuta. Los dirigentes de Izquierda Española tildaron el incidente de vergüenza nacional, pidieron cerrar la frontera, solicitaron desplegar el Ejército y denunciaron que los ceutíes estaban pagando las consecuencias de la debilidad del Gobierno español, al que acusaron de llevar mucho tiempo sometido a Marruecos. Nada sorprendente, dado el ideario españolista de ese partido progresista. En efecto, Izquierda Española defiende la igualdad de todos los españoles, vivan en la región que vivan, y critica la tendencia a la desigualdad social en la que han incurrido los demás partidos de izquierdas, como PSOE, Podemos o Sumar, al prestar demasiada importancia, e incluso reforzar, las peculiaridades culturales de las distintas regiones de España. En cambio, Izquierda Española no solo rechaza el derecho a la autodeterminación de Cataluña o Vasconia, sino también la concepción plurinacional de España, pues conduce inevitablemente a propiciar cupos fiscales regionales, muy desigualitarios. Ha aclarado que defender los derechos sociales, como la sanidad y la educación públicas, no requiere renunciar a la soberanía nacional, ni a la integridad del territorio español. Más bien sería imposible garantizar los derechos sociales si el territorio español se disgregase en un mosaico de pequeñas naciones nuevas.
Más imprevistas han sido las posturas de varios dirigentes de las otras izquierdas: el catalán Gabriel Rufián, de Izquierda Republicana de Cataluña; el madrileño Enrique Santiago, del Partido Comunista de España e Izquierda Unida; el congresista de origen argentino Nahuel González, miembro de Izquierda Unida del País Valenciano; el leonés Pablo Fernández, secretario de organización y portavoz de Podemos… Todos ellos han coincido en tres puntos: han considerado que el incidente ha sido un ataque marroquí contra España; han señalado que Marruecos es una dictadura que no respeta los derechos humanos; han relacionado la iniciativa de los asaltantes con la alianza de Marruecos con Israel y con Estados Unidos. Algunos de ellos han llegado a pedir que se excluya a Marruecos de la organización del Campeonato Mundial de Fútbol de 2030, de modo que España solo colabore con Portugal a esos efectos.
¿No es curioso que los partidarios de una concepción plurinacional se hayan puesto repentinamente a hablar de España como si fuesen legionarios? ¿No llama la atención que se hayan atrevido a hablar de ofensa a “la soberanía española” los mismos que defienden la soberanía de Galicia, Vasconia y Cataluña? ¿No sorprende que el mismo Rufián que contribuyó a la intentona separatista catalana de 2017 se ponga ahora a defender la integridad territorial de España? ¿Han traicionado los portavoces de Podemos a Pablo Iglesias? Después de todo, en septiembre de 2013 ese fundador de Podemos declaró que no podía decir la palabra “España” y tampoco podía usar la bandera roja y gualda. Según él, la identidad de España estaba perdida para las gentes de izquierdas desde que fueron derrotadas en la Guerra Civil. No servía para hacer política en Galicia, Cataluña y Vasconia, pues con ese “agregador” ganaba la derecha. Puesto que defendía la sanidad y la educación públicas, solo podía identificarse como “patriota de la democracia”.
Aunque esas preguntas parezcan muy interesantes, los verdaderos patriotas españoles no deberían hacerse ilusiones: esos partidos no van a renunciar a la autodeterminación de Galicia, Vasconia y Cataluña (e incluso de Andalucía y de lo que llaman “País Valenciano”). Tampoco van a ponerse a favor de la igualdad fiscal de los españoles. Si han arremetido contra Marruecos solo es porque ese país se ha aliado con Israel y con los Estados Unidos, sendas naciones a las que odian. En el campo del progresismo, la única opción fiablemente favorable a España solo sigue siendo Izquierda Española.