Fenoy observa un creciente interés inversor por actividades estratégicas como la defensa, la industria aeroespacial, la salud, la tecnología o la logística
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El reducido tamaño empresarial continúa siendo uno de los principales desafíos del tejido productivo andaluz. Aunque la comunidad cuenta con un ecosistema empresarial dinámico y con un peso mayoritario de pequeñas y medianas empresas, esta estructura limita su capacidad para competir en mercados internacionales, captar inversión y escalar sus negocios.
Así lo sostiene Francisco Fenoy, socio de Corporate y M&A de Ontier, quien considera que la dependencia de sectores tradicionales y la falta de robustez financiera dificultan el crecimiento de muchas compañías.
A su juicio, el contexto económico actual, marcado por factores como la inflación, las tensiones geopolíticas y la incertidumbre comercial, obliga a las empresas a reforzar su estructura mediante una mayor profesionalización, innovación y procesos de consolidación que les permitan ganar dimensión.
En este escenario, el mercado de operaciones corporativas también está evolucionando. Aunque el sector agroalimentario sigue concentrando un elevado número de transacciones, Fenoy observa un creciente interés inversor por actividades estratégicas como la defensa, la industria aeroespacial, la salud, la tecnología o la logística. Se trata de sectores con mayor capacidad para generar valor añadido y proyección internacional, lo que los convierte en un foco de atracción para fondos de inversión y procesos de integración empresarial.
Foco en la empresa familiarEl experto señala además que la falta de relevo generacional está transformando profundamente la empresa familiar andaluza. Ante la ausencia de sucesores, cada vez más compañías optan por abrir su capital a fondos de inversión, que aportan financiación y favorecen la profesionalización de la gestión. Según explica, estas operaciones permiten preservar la esencia del negocio al tiempo que incorporan estructuras directivas más preparadas para afrontar nuevas etapas de crecimiento.
La entrada de nuevos socios también está impulsando un mayor uso de herramientas de gobierno corporativo, como los pactos de socios y los protocolos familiares. Fenoy considera que estos instrumentos aportan estabilidad y seguridad jurídica al regular aspectos como la toma de decisiones, la transmisión de participaciones o la resolución de conflictos. No obstante, advierte de que el crecimiento empresarial también incrementa las tensiones internas, especialmente cuando aparecen discrepancias sobre el control de la empresa, la estrategia o la retribución de los socios.
Precisamente, uno de los errores más habituales que detecta en los procesos de expansión consiste en infravalorar la importancia de estos acuerdos y no adaptar la organización al incremento de la complejidad empresarial. La ausencia de una planificación clara y de una gestión profesionalizada, sostiene, suele traducirse en conflictos societarios que terminan frenando el desarrollo de las compañías.
Respecto a los criterios de inversión, Fenoy explica que los fondos buscan empresas escalables, con capacidad de crecimiento, presencia internacional y modelos de negocio rentables. También cobran cada vez más importancia factores como la transparencia en la gestión, la sostenibilidad y la generación de caja, mientras que se penalizan las estructuras excesivamente dependientes de la deuda o de factores externos.
Las operaciones corporativas, añade, están contribuyendo a modernizar sectores estratégicos como la industria, la tecnología, la energía, la logística o el propio agroalimentario. La llegada de capital facilita la innovación, impulsa nuevos proyectos y acelera la incorporación de tecnologías como la inteligencia artificial, aunque también obliga a las empresas a elevar sus niveles de rentabilidad y adaptar sus modelos de negocio a un entorno cada vez más competitivo.
Mentalidad abierta y buena planificaciónPese a ello, Fenoy considera que todavía persisten importantes barreras culturales. La resistencia a perder el control de la empresa, la desconfianza hacia socios industriales o financieros y una visión excesivamente cortoplacista siguen dificultando muchas operaciones de fusión o alianza empresarial. En su opinión, el crecimiento exige una mentalidad más abierta a la colaboración y a la profesionalización.
Estas operaciones responden, en ocasiones, a una estrategia planificada para acelerar el crecimiento, aunque en otras se convierten en una auténtica necesidad de supervivencia, especialmente cuando no existe relevo generacional o las empresas necesitan acceder a nuevas fuentes de financiación para mantener su actividad.
Desde el punto de vista jurídico, el socio de Ontier advierte de que muchas compañías siguen subestimando riesgos relevantes, como una preparación insuficiente para los procesos de due diligence, pactos societarios poco definidos, dificultades para integrar estructuras empresariales o una escasa anticipación a las exigencias regulatorias. Una adecuada planificación legal, subraya, resulta esencial para evitar responsabilidades imprevistas o incluso el fracaso de las negociaciones.
Con todo, Fenoy cree que Andalucía dispone hoy de un ecosistema más preparado para afrontar este salto de tamaño. El acceso a financiación, el asesoramiento especializado y un mayor respaldo institucional está favoreciendo operaciones cada vez más complejas. Aunque todavía existen obstáculos culturales, considera que la comunidad cuenta con una base empresarial suficiente para que las fusiones, alianzas y procesos de integración dejen de ser excepcionales y se conviertan progresivamente en una práctica habitual.