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Ceuta: cuando el bulo termina convertido en prueba

Дата публикации: 24-09-2026 04:00:36

La entrada masiva de migrantes en Ceuta de los días 30 y 31 de julio fue un acontecimiento real, grave y de una magnitud excepcional. Precisamente por eso debería analizarse con hechos comprobados y con investigaciones rigurosas. Sin embargo, desde aquellos días se ha desarrollado en España un fenómeno paralelo: una extraordinaria proliferación de bulos, imágenes manipuladas, vídeos descontextualizados y testimonios sin verificar que, en muchos casos, terminan alimentando una misma conclusión: que Marruecos organizó deliberadamente lo sucedido.El fenómeno ha alcanzado dimensiones extraordinarias. Newtral ha recopilado 80 bulos y desinformaciones relacionados con la crisis. Maldita.es mantiene otra recopilación con 60 casos, entre bulos, desinformaciones y contenidos que necesitaban contextualización. No son necesariamente 140 casos diferentes, porque algunas verificaciones coinciden, pero las cifras dan una idea de la magnitud del problema.No todos perjudican a Marruecos. Muchos atribuyen falsamente a los migrantes robos, agresiones, ocupaciones de viviendas o comportamientos registrados realmente en otros países. Otros utilizan vídeos antiguos, escenas descontextualizadas o incluso imágenes creadas mediante inteligencia artificial.Pero existe otra categoría especialmente delicada: contenidos que terminan siendo utilizados como supuestas pruebas de que Marruecos organizó deliberadamente la entrada masiva.El último ejemplo es particularmente grave. En los últimos días se ha difundido en España la historia de 68 niñas marroquíes, de entre 10 y 14 años, que supuestamente habrían sido sacadas de un orfanato por el Ejército marroquí, introducidas en un autobús, trasladadas hasta la frontera y obligadas a entrar en Ceuta.No estamos hablando únicamente de un mensaje anónimo perdido en las redes sociales. El relato alcanzó programas de gran audiencia de la televisión en España.El programa de Ana Rosa, en Telecinco, entrevistó el 16 de septiembre al vecino de Ceuta que difundió la historia. La propia web de Mediaset presentó después el contenido con un titular contundente: “68 niñas marroquíes aseguran que su ejército les obligó a cruzar a Ceuta”. El asunto también fue abordado en Espejo Público, de Antena 3.La acusación es extraordinariamente grave. De ser cierta, estaríamos hablando de menores utilizadas deliberadamente por militares para introducirlas irregularmente en territorio español. Pero hay un problema esencial: hasta ahora no existe una prueba pública que demuestre que eso ocurrió.EFE Verifica investigó específicamente la historia y llegó a una conclusión clara: no hay pruebas que acrediten que el Ejército marroquí sacara a las 68 niñas de un orfanato, las trasladara en autobús y las obligara a entrar en Ceuta.La fuente original tampoco son las 68 niñas. Es un vecino de Ceuta que afirma que un trabajador de un centro le contó lo que supuestamente le habían contado las menores.No se identifica al trabajador. No se identifica el supuesto orfanato. No existen imágenes del autobús. No se ha presentado un documento. No conocemos el testimonio directo de ninguna de las 68 niñas. Y el propio Gobierno de Ceuta aseguró a EFE que no tiene constancia oficial de que se produjera un episodio de esas características.La cadena resulta reveladora: unas niñas supuestamente se lo cuentan a un trabajador; el trabajador supuestamente se lo cuenta a un vecino; el vecino lo cuenta en televisión; y finalmente la historia llega a millones de personas formulada como una acusación directa contra el Ejército marroquí.Puede que mañana aparezcan pruebas. Si aparecen, habrá que investigarlas con toda seriedad. Pero hasta entonces existe una diferencia fundamental entre decir “un vecino afirma que un trabajador le contó que las niñas dijeron…” y afirmar que “68 niñas aseguran que su Ejército las obligó a entrar en Ceuta”.Una formulación describe correctamente un testimonio indirecto. La otra corre el riesgo de convertirlo en el testimonio directo de 68 menores.Basta consultar las verificaciones realizadas desde finales de julio por Newtral, Maldita.es y otros servicios de fact-checking para comprobar hasta qué punto la crisis de Ceuta ha generado un ecosistema extraordinario de desinformación.Hay vídeos grabados en Turquía presentados como columnas de migrantes avanzando hacia Ceuta. Imágenes de los Sanfermines difundidas como si mostraran la limpieza de las calles ceutíes después de la entrada masiva. Un vídeo grabado en Murcia presentado como una escena ocurrida en Ceuta.Imágenes de la estación ferroviaria de Kenitra utilizadas para hablar de una estación española supuestamente “capturada” por marroquíes. Un vídeo grabado en el puerto de Beni Ensar, en Nador, presentado como si mostrara a marroquíes entrando en Ceuta mediante “túneles”.Y una intervención contra alimentos en mal estado cerca de Marrakech convertida en una supuesta operación policial para preparar puntos de avituallamiento destinados a quienes pretendían entrar en Ceuta.Algunos contenidos son falsos. Otros son imágenes verdaderas acompañadas de una explicación falsa. Y otros muestran hechos reales a los que se atribuyen intenciones que las imágenes, por sí solas, no pueden demostrar.Este caso es particularmente ilustrativo. Un vídeo muestra a miembros de las fuerzas marroquíes descargando cajas de alimentos. A partir de ahí circuló la afirmación de que la Policía marroquí estaba preparando “puntos de avituallamiento” para facilitar el desplazamiento de migrantes hacia Ceuta.Maldita.es comprobó las imágenes. No tenían relación con la operación descrita. Correspondían a una actuación realizada el 29 de julio en Harbil, en la región de Marrakech, contra la comercialización de alimentos en mal estado, con participación de la Gendarmería Real y de la autoridad marroquí de seguridad alimentaria. Los policías existían. Los alimentos existían.Lo que no existía era el “punto de avituallamiento” que se había construido alrededor de aquellas imágenes. Los camiones hacia Ceuta que no sabemos si iban hacia Ceuta. Los camiones constituyen otro ejemplo todavía más interesante porque aquí hay que ser especialmente rigurosos.Circularon vídeos de camiones cargados de jóvenes en el norte de Marruecos. Se utilizaron para sostener que las autoridades marroquíes estaban transportando migrantes hacia Ceuta.Newtral geolocalizó uno de los vehículos primero en Ain Lahcen y después en la carretera de entrada a Tetuán, donde sus ocupantes aparecen bajando ante un agente uniformado. Su conclusión fue prudente: no pudo determinar que los vehículos se dirigieran hacia Ceuta.Maldita.es profundizó posteriormente en uno de esos vídeos y aportó un elemento adicional: la grabación fue localizada en la carretera N2 entre Tánger y Tetuán, aproximadamente a 51 kilómetros de Ceuta. Una publicación marroquí decía que los jóvenes pretendían dirigirse a Castillejos para intentar cruzar.Es decir, las imágenes pueden mostrar realmente a jóvenes que querían llegar a Ceuta. Pero eso sigue sin demostrar la afirmación mucho más grave de que el Estado marroquí hubiera organizado su transporte hasta la frontera. Una cosa es el destino que puedan perseguir quienes viajan clandestinamente en un camión. Otra completamente distinta es quién organizó ese desplazamiento.Hace apenas unos días apareció un caso todavía más revelador. Un vídeo de Al Jazeera fue presentado en las redes como una nueva prueba de que un camión transportaba migrantes hacia la frontera de Ceuta el 30 de julio y de la “posible participación directa de Marruecos”.Esta vez sí conocemos la dirección del vehículo. Y era precisamente la contraria.Newtral comprobó el reportaje original de Al Jazeera. La cadena explicaba que aquellas imágenes mostraban el regreso de migrantes a Marruecos después de sus intentos de entrar en Ceuta.El camión fue geolocalizado en la avenida Mohammed V de Castillejos. Circulaba hacia el sur, alejándose de Ceuta. Una imagen que mostraba el retorno de migrantes hacia Marruecos terminó presentada como prueba de que Marruecos los estaba llevando hacia Ceuta.El camión era verdadero. Los migrantes eran verdaderos. La grabación era verdadera. Lo falso era la historia construida alrededor de las imágenes.Quizá esta sea la característica más interesante de buena parte de la desinformación sobre Ceuta. Para construir un bulo no siempre hace falta fabricar una fotografía. A veces basta con utilizar una verdadera y cambiar su contexto.Una procesión religiosa en Turquía se convierte en una columna de migrantes avanzando hacia Ceuta. Una operación contra alimentos en mal estado en Marrakech se convierte en el abastecimiento de migrantes. Un camión que se aleja de Ceuta se convierte en un camión que se dirige hacia Ceuta. Un puerto de Nador se convierte en un túnel de entrada a Ceuta. Y un relato transmitido de una persona a otra puede terminar convertido en el testimonio directo de 68 niñas.Cada uno de estos casos tiene una importancia limitada si se contempla aisladamente. El problema aparece cuando todos ellos se acumulan y comienzan a utilizarse como piezas de una misma construcción: “Aquí están las pruebas de que Marruecos organizó lo ocurrido”.Investigar la posible responsabilidad de Marruecos es perfectamente legítimo. España tiene derecho —y obligación— de saber quién promovió las convocatorias en las redes sociales, quién administraba los grupos, qué información tenían los servicios de inteligencia, cómo actuaron las fuerzas españolas y marroquíes y si existió algún nivel de organización detrás de la movilización.Las investigaciones judiciales y policiales deben llegar hasta el final. Si aparecen documentos, comunicaciones, órdenes identificables o testimonios directos y verificables que demuestren una intervención del Estado marroquí, deberán examinarse con toda seriedad.Pero precisamente porque la acusación es extraordinariamente grave, el estándar de prueba también debe ser elevado. Los camiones existen. Eso no demuestra quién organizó su desplazamiento. Los policías existen. Eso no convierte una operación alimentaria en un punto de avituallamiento. Las imágenes existen. Eso no significa que estén grabadas donde alguien afirma.Las 68 niñas pueden existir. Eso no demuestra que un ejército las sacara de un orfanato y las enviara a Ceuta. Y que una historia aparezca en un gran programa de televisión tampoco la convierte automáticamente en un hecho probado.La crisis de Ceuta es suficientemente grave como para no necesitar historias añadidas. Cuando una afirmación circula primero por las redes, después aparece en titulares, salta a las tertulias y finalmente llega a la televisión, la repetición puede acabar sustituyendo a la demostración.Por eso, ante cada nueva “revelación” sobre Ceuta, convendría recuperar una pregunta extraordinariamente sencilla: ¿Dónde está la prueba?No para defender a Marruecos. Tampoco para defender al Gobierno español. Para defender algo mucho más importante en cualquier democracia: el derecho de los ciudadanos a distinguir entre lo que sabemos, lo que sospechamos y lo que simplemente alguien ha contado.______________________________Lahcen Haddad es escritor, senador marroquí del partido Istiqlal (Independencia).

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La entrada masiva de migrantes en Ceuta de los días 30 y 31 de julio fue un acontecimiento real, grave y de una magnitud excepcional. Precisamente por eso debería analizarse con hechos comprobados y con investigaciones rigurosas. Sin embargo, desde aquellos días se ha desarrollado en España un fenómeno paralelo: una extraordinaria proliferación de bulos, imágenes manipuladas, vídeos descontextualizados y testimonios sin verificar que, en muchos casos, terminan alimentando una misma conclusión: que Marruecos organizó deliberadamente lo sucedido.

El fenómeno ha alcanzado dimensiones extraordinarias. Newtral ha recopilado 80 bulos y desinformaciones relacionados con la crisis. Maldita.es mantiene otra recopilación con 60 casos, entre bulos, desinformaciones y contenidos que necesitaban contextualización. No son necesariamente 140 casos diferentes, porque algunas verificaciones coinciden, pero las cifras dan una idea de la magnitud del problema.

No todos perjudican a Marruecos. Muchos atribuyen falsamente a los migrantes robos, agresiones, ocupaciones de viviendas o comportamientos registrados realmente en otros países. Otros utilizan vídeos antiguos, escenas descontextualizadas o incluso imágenes creadas mediante inteligencia artificial.

Pero existe otra categoría especialmente delicada: contenidos que terminan siendo utilizados como supuestas pruebas de que Marruecos organizó deliberadamente la entrada masiva.

Las 68 niñas y el salto de las redes a la televisión

El último ejemplo es particularmente grave. En los últimos días se ha difundido en España la historia de 68 niñas marroquíes, de entre 10 y 14 años, que supuestamente habrían sido sacadas de un orfanato por el Ejército marroquí, introducidas en un autobús, trasladadas hasta la frontera y obligadas a entrar en Ceuta.

No estamos hablando únicamente de un mensaje anónimo perdido en las redes sociales. El relato alcanzó programas de gran audiencia de la televisión en España.

El programa de Ana Rosa, en Telecinco, entrevistó el 16 de septiembre al vecino de Ceuta que difundió la historia. La propia web de Mediaset presentó después el contenido con un titular contundente: “68 niñas marroquíes aseguran que su ejército les obligó a cruzar a Ceuta”. El asunto también fue abordado en Espejo Público, de Antena 3.

La acusación es extraordinariamente grave. De ser cierta, estaríamos hablando de menores utilizadas deliberadamente por militares para introducirlas irregularmente en territorio español. Pero hay un problema esencial: hasta ahora no existe una prueba pública que demuestre que eso ocurrió.

EFE Verifica investigó específicamente la historia y llegó a una conclusión clara: no hay pruebas que acrediten que el Ejército marroquí sacara a las 68 niñas de un orfanato, las trasladara en autobús y las obligara a entrar en Ceuta.

La fuente original tampoco son las 68 niñas. Es un vecino de Ceuta que afirma que un trabajador de un centro le contó lo que supuestamente le habían contado las menores.

No se identifica al trabajador. No se identifica el supuesto orfanato. No existen imágenes del autobús. No se ha presentado un documento. No conocemos el testimonio directo de ninguna de las 68 niñas. Y el propio Gobierno de Ceuta aseguró a EFE que no tiene constancia oficial de que se produjera un episodio de esas características.

La cadena resulta reveladora: unas niñas supuestamente se lo cuentan a un trabajador; el trabajador supuestamente se lo cuenta a un vecino; el vecino lo cuenta en televisión; y finalmente la historia llega a millones de personas formulada como una acusación directa contra el Ejército marroquí.

Puede que mañana aparezcan pruebas. Si aparecen, habrá que investigarlas con toda seriedad. Pero hasta entonces existe una diferencia fundamental entre decir “un vecino afirma que un trabajador le contó que las niñas dijeron…” y afirmar que “68 niñas aseguran que su Ejército las obligó a entrar en Ceuta”.

Una formulación describe correctamente un testimonio indirecto. La otra corre el riesgo de convertirlo en el testimonio directo de 68 menores.

No es un episodio aislado

Basta consultar las verificaciones realizadas desde finales de julio por Newtral, Maldita.es y otros servicios de fact-checking para comprobar hasta qué punto la crisis de Ceuta ha generado un ecosistema extraordinario de desinformación.

Hay vídeos grabados en Turquía presentados como columnas de migrantes avanzando hacia Ceuta. Imágenes de los Sanfermines difundidas como si mostraran la limpieza de las calles ceutíes después de la entrada masiva. Un vídeo grabado en Murcia presentado como una escena ocurrida en Ceuta.

Imágenes de la estación ferroviaria de Kenitra utilizadas para hablar de una estación española supuestamente “capturada” por marroquíes. Un vídeo grabado en el puerto de Beni Ensar, en Nador, presentado como si mostrara a marroquíes entrando en Ceuta mediante “túneles”.

Y una intervención contra alimentos en mal estado cerca de Marrakech convertida en una supuesta operación policial para preparar puntos de avituallamiento destinados a quienes pretendían entrar en Ceuta.

Algunos contenidos son falsos. Otros son imágenes verdaderas acompañadas de una explicación falsa. Y otros muestran hechos reales a los que se atribuyen intenciones que las imágenes, por sí solas, no pueden demostrar.

Los alimentos para los supuestos “puntos de avituallamiento”

Este caso es particularmente ilustrativo. Un vídeo muestra a miembros de las fuerzas marroquíes descargando cajas de alimentos. A partir de ahí circuló la afirmación de que la Policía marroquí estaba preparando “puntos de avituallamiento” para facilitar el desplazamiento de migrantes hacia Ceuta.

Maldita.es comprobó las imágenes. No tenían relación con la operación descrita. Correspondían a una actuación realizada el 29 de julio en Harbil, en la región de Marrakech, contra la comercialización de alimentos en mal estado, con participación de la Gendarmería Real y de la autoridad marroquí de seguridad alimentaria. Los policías existían. Los alimentos existían.

Lo que no existía era el “punto de avituallamiento” que se había construido alrededor de aquellas imágenes. Los camiones hacia Ceuta que no sabemos si iban hacia Ceuta. Los camiones constituyen otro ejemplo todavía más interesante porque aquí hay que ser especialmente rigurosos.

Ante cada nueva “revelación” sobre Ceuta, convendría recuperar una pregunta extraordinariamente sencilla: ¿Dónde está la prueba?

Circularon vídeos de camiones cargados de jóvenes en el norte de Marruecos. Se utilizaron para sostener que las autoridades marroquíes estaban transportando migrantes hacia Ceuta.

Newtral geolocalizó uno de los vehículos primero en Ain Lahcen y después en la carretera de entrada a Tetuán, donde sus ocupantes aparecen bajando ante un agente uniformado. Su conclusión fue prudente: no pudo determinar que los vehículos se dirigieran hacia Ceuta.

Maldita.es profundizó posteriormente en uno de esos vídeos y aportó un elemento adicional: la grabación fue localizada en la carretera N2 entre Tánger y Tetuán, aproximadamente a 51 kilómetros de Ceuta. Una publicación marroquí decía que los jóvenes pretendían dirigirse a Castillejos para intentar cruzar.

Es decir, las imágenes pueden mostrar realmente a jóvenes que querían llegar a Ceuta. Pero eso sigue sin demostrar la afirmación mucho más grave de que el Estado marroquí hubiera organizado su transporte hasta la frontera. Una cosa es el destino que puedan perseguir quienes viajan clandestinamente en un camión. Otra completamente distinta es quién organizó ese desplazamiento.

El camión de Al Jazeera: iba en dirección contraria

Hace apenas unos días apareció un caso todavía más revelador. Un vídeo de Al Jazeera fue presentado en las redes como una nueva prueba de que un camión transportaba migrantes hacia la frontera de Ceuta el 30 de julio y de la “posible participación directa de Marruecos”.

Esta vez sí conocemos la dirección del vehículo. Y era precisamente la contraria.

Newtral comprobó el reportaje original de Al Jazeera. La cadena explicaba que aquellas imágenes mostraban el regreso de migrantes a Marruecos después de sus intentos de entrar en Ceuta.

El camión fue geolocalizado en la avenida Mohammed V de Castillejos. Circulaba hacia el sur, alejándose de Ceuta. Una imagen que mostraba el retorno de migrantes hacia Marruecos terminó presentada como prueba de que Marruecos los estaba llevando hacia Ceuta.

El camión era verdadero. Los migrantes eran verdaderos. La grabación era verdadera. Lo falso era la historia construida alrededor de las imágenes.

Cuando la imagen verdadera fabrica una historia falsa

Quizá esta sea la característica más interesante de buena parte de la desinformación sobre Ceuta. Para construir un bulo no siempre hace falta fabricar una fotografía. A veces basta con utilizar una verdadera y cambiar su contexto.

Una procesión religiosa en Turquía se convierte en una columna de migrantes avanzando hacia Ceuta. Una operación contra alimentos en mal estado en Marrakech se convierte en el abastecimiento de migrantes. Un camión que se aleja de Ceuta se convierte en un camión que se dirige hacia Ceuta. Un puerto de Nador se convierte en un túnel de entrada a Ceuta. Y un relato transmitido de una persona a otra puede terminar convertido en el testimonio directo de 68 niñas.

Cada uno de estos casos tiene una importancia limitada si se contempla aisladamente. El problema aparece cuando todos ellos se acumulan y comienzan a utilizarse como piezas de una misma construcción: “Aquí están las pruebas de que Marruecos organizó lo ocurrido”.

Una acusación no es una prueba

Investigar la posible responsabilidad de Marruecos es perfectamente legítimo. España tiene derecho —y obligación— de saber quién promovió las convocatorias en las redes sociales, quién administraba los grupos, qué información tenían los servicios de inteligencia, cómo actuaron las fuerzas españolas y marroquíes y si existió algún nivel de organización detrás de la movilización.

Las investigaciones judiciales y policiales deben llegar hasta el final. Si aparecen documentos, comunicaciones, órdenes identificables o testimonios directos y verificables que demuestren una intervención del Estado marroquí, deberán examinarse con toda seriedad.

Pero precisamente porque la acusación es extraordinariamente grave, el estándar de prueba también debe ser elevado. Los camiones existen. Eso no demuestra quién organizó su desplazamiento. Los policías existen. Eso no convierte una operación alimentaria en un punto de avituallamiento. Las imágenes existen. Eso no significa que estén grabadas donde alguien afirma.

Las 68 niñas pueden existir. Eso no demuestra que un ejército las sacara de un orfanato y las enviara a Ceuta. Y que una historia aparezca en un gran programa de televisión tampoco la convierte automáticamente en un hecho probado.

La crisis de Ceuta es suficientemente grave como para no necesitar historias añadidas. Cuando una afirmación circula primero por las redes, después aparece en titulares, salta a las tertulias y finalmente llega a la televisión, la repetición puede acabar sustituyendo a la demostración.

Por eso, ante cada nueva “revelación” sobre Ceuta, convendría recuperar una pregunta extraordinariamente sencilla: ¿Dónde está la prueba?

No para defender a Marruecos. Tampoco para defender al Gobierno español. Para defender algo mucho más importante en cualquier democracia: el derecho de los ciudadanos a distinguir entre lo que sabemos, lo que sospechamos y lo que simplemente alguien ha contado.

______________________________

Lahcen Haddad es escritor, senador marroquí del partido Istiqlal (Independencia).

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