Tras las últimas noticias sobre los ciberataques de la IA de Google, las llamadas a frenar los modelos más avanzados y las declaraciones de Trump calificando el temor a una tecnología descontrolada de bulo, el debate sobre las capacidades de la inteligencia artificial se ha llenado de ruido.Seguir leyendo....
Tras las últimas noticias sobre los ciberataques de la IA de Google, las llamadas a frenar los modelos más avanzados y las declaraciones de Trump calificando el temor a una tecnología descontrolada de bulo, el debate sobre las capacidades de la inteligencia artificial se ha llenado de ruido.
Entre las especulaciones sobre futuros catastróficos “hay márketing, hay distracción y hay un intento de eludir responsabilidades”, resume Ramón López de Mántaras, profesor emérito de investigación del CSIC y fundador del Instituto de Investigación en Inteligencia Artificial (IIIA-CSIC), durante una sesión informativa organizada por el Science Media Centre España.
No es extraño leer que “la IA piensa”, “se comunica” o “se organiza”. De hecho, con palabras similares describió OpenAI el ciberataque a los sistemas de Hugging Face este julio, cuando durante una prueba de ciberseguridad los modelos obtuvieron acceso a internet y accedieron a sistemas de terceros.
El poder de las palabrasAtribuir a los modelos capacidades humanas “contribuye a presentarlos como entidades extraordinariamente avanzadas, autónomas y muy poderosas y, por consiguiente, consiguen magnificar el alcance de la tecnología ante inversores, clientes y también la opinión pública”, señala López de Mántaras. En su libro 100 cosas que hay que saber sobre inteligencia artificial (Lectio Ediciones), recuerda que “los ordenadores solo ejecutan programas, que pueden llegar a ser extraordinariamente complejos, diseñados y programados por humanos, para llevar a cabo tareas específicas”.
Según el estudio Sociedad Digital 2026 del Observatorio Nacional de Tecnología y Sociedad, uno de cada cinco españoles asocia los modelos de IA a una amenaza, pero es más común relacionarlos con ideas optimistas como "futuro" o "ahorro del tiempo".
“Los modelos de IA no están exentos de efectos negativos y riesgos. Uno de ellos es el comportamiento imprevisible de cientos de miles de agentes”, señaló en la misma sesión de SMC España Nuria Oliver, directora de ELLIS Alicante, una fundación que investiga la IA centrada en la humanidad.
Sin embargo, el lenguaje juega un papel relevante en cómo se perciben estos riesgos, “y modela la sociedad”, remarca Oliver, reflexionando sobre expresiones como que “la IA se nos está yendo de las manos”. "Es una manera de transferir a la sociedad la responsabilidad: a ninguno de los que estamos aquí se nos está yendo de las manos. [...] Es lo mismo que llamar incidente a un ciberataque”, analiza.
Los riesgos reales en ciberseguridadPrecisamente, la nota de prensa de OpenAI describe el ataque de sus modelos a los sistemas de Hugging Face como un “incidente”. Esto “desplaza la agencia de quienes autorizaron estos experimentos. Se desplaza a la máquina en vez de los ingenieros", considera López de Mántaras.
Gracias a los avances de la IA, también los ciberdelincuentes “tienen el conocimiento y la capacidad de mejorar y automatizar sus ataques, así como la capacidad de adaptar sus reacciones de forma dinámica”, recoge el Libro blanco sobre la Inteligencia Artificial aplicada a la Ciberseguridad.
Según un estudio de IBM sobre costes, los ataques perpetrados con IA han aumentado un 56% en el pasado año, lo que provocó un impacto financiero significativo, añadiendo 1 millón de dólares al coste medio de las brechas maliciosas.
La mayoría de los ataques impulsados por IA se dirigieron a sectores de infraestructuras críticas, como servicios financieros y energía, “lo que aumenta el riesgo de un trastorno sistémico más amplio”, señalan.
Actualizar la ciberseguridad"Deberíamos revisar, actualizar y reforzar la tecnología y la ciberseguridad de muchas infraestructuras esenciales, basadas en tecnología de hace décadas”, señala Oliver.
Senén Barro, director de CiTIUS-Centro Singular de Investigación en Tecnoloxías Intelixentes de la Universidade de Santiago de Compostela, añadió durante el encuentro de SMC España la necesidad también de “un marco de control” similar al que existe en otras infraestructuras.
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“Es como si las empresas de automoción estuvieran hoy construyendo coches donde solo les preocupa aumentar la potencia del motor y desatienden todo lo demás, sin mejorar las carreteras, la señalización, la seguridad vial y la educación del conductor y los peatones. Como resultado, los coches cada vez van más deprisa, pero no hay una protección necesaria alrededor”, ejemplificó Barro.
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