La autonomía sigue siendo uno de los factores que más preocupan a la hora de utilizar un coche eléctrico en trayectos largos, pero hay otra variable que puede resultar igual de importante, el tiempo necesario para recuperar energía. Para el 38% de los conductores corporativos españoles, una parada de recarga superior a 24 minutos ya supone una barrera para utilizar este tipo de vehículos en desplazamientos profesionales.
La autonomía sigue siendo uno de los factores que más preocupan a la hora de utilizar un coche eléctrico en trayectos largos, pero hay otra variable que puede resultar igual de importante, el tiempo necesario para recuperar energía. Para el 38% de los conductores corporativos españoles, una parada de recarga superior a 24 minutos ya supone una barrera para utilizar este tipo de vehículos en desplazamientos profesionales.
La diferencia respecto a un coche de combustión es evidente. Mientras llenar un depósito puede llevar entre tres y cinco minutos, una recarga rápida exige permanecer más tiempo detenido. Por eso, el uso que hacen los conductores de los cargadores cambia considerablemente cuando no se trata del día a día. El 49% prefiere cargar el vehículo durante la noche en casa, mientras que solo el 28% utiliza habitualmente puntos de recarga rápida en carretera.
La potencia del cargador se vuelve clave en los viajes largosEl tiempo de espera no depende únicamente de la batería del coche. También influye directamente la potencia que puede suministrar el cargador. Los datos analizados apuntan a que los puntos de al menos 150 kW son los que permiten situar la recarga dentro del margen que muchos conductores consideran aceptable para continuar un trayecto largo. De hecho, el 30% de los profesionales consultados señala la escasez de puntos públicos como la principal barrera para adoptar un vehículo eléctrico.
Actualmente existen alrededor de 6.000 conectores públicos capaces de ofrecer 150 kW o más, aunque las cifras varían según el criterio utilizado para contabilizar los puntos disponibles. La diferencia responde, entre otros factores, a que algunas fuentes contabilizan puntos de carga y otras conectores individuales que pueden estar operativos dentro de una misma estación.
Cargar más de la cuenta también puede ser una cuestión de confianzaHay además un comportamiento curioso entre quienes realizan estos desplazamientos. Aunque en determinadas situaciones bastarían entre 18 y 23 minutos de carga para continuar el viaje con garantías, el conductor permanece conectado una media de unos 25 minutos. La diferencia puede parecer pequeña, pero refleja cómo la percepción de seguridad influye en las decisiones durante un viaje eléctrico, disponer de unos minutos adicionales permite contar con un margen de autonomía antes de volver a la carretera.
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El precio también cambia dependiendo de dónde se recargue el vehículo. Para recorrer 100 kilómetros, la energía cargada en casa durante las horas valle puede costar entre 1,44 y 2,15 euros, frente a los 3,59-5,03 euros en hora punta. En la red pública, la carga semirrápida se sitúa entre 4,31 y 6,46 euros, mientras que la ultrarrápida puede alcanzar entre 6,46 y 11,34 euros por cada 100 kilómetros. Son datos del Arval Mobility Observatory, que en su edición de 2026 analiza los hábitos y las barreras de los conductores profesionales ante la movilidad eléctrica en España.