La Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) prevé un verano significativamente más cálido de lo normal en toda España, una situación que pone en alerta a las autoridades sanitarias. Las altas temperaturas aumentan el riesgo de enfermedad y, en los casos más graves, de muerte. La primera ola de calor del verano ya ha dejado 233 fallecimientos en solo cuatro días entre los pasados 21 y 24 de junio, evidenciando una realidad que golpea con especial dureza a los más vulnerables.En los últimos diez años, el número de muertes atribuibles al calor entre mayo y septiembre ha fluctuado entre las 1.400 y las casi 5.000 del verano de 2022, el peor de la década. Los últimos cuatro años han estado marcados por temperaturas de récord y múltiples olas de calor, un patrón que, según los expertos, agrava la situación.Diana Gómez Barroso, coordinadora de los sistemas de monitorización del Instituto de Salud Carlos III (ISCIII), explica que existe una "tormenta perfecta" para el aumento de la mortalidad. "El cóctel son unas altas temperaturas, unas olas de calor que duran más de lo habitual o que son largas", señala. A esto se suma la vulnerabilidad de ciertos grupos.El exceso de mortalidad se concentra en "gente mayor de de 65, y sobre todo, de 85 y más años", afirma Gómez Barroso. Según la experta, en este grupo se concentra "la gran parte de de esta mortalidad atribuible a calor", debido a que tienen "ya enfermedades de base, que se ven agravadas durante estos episodios de calor".Más del 95 por ciento de las muertes atribuibles al calor entre el 1 de mayo y el 30 de septiembre de 2025 fueron de mayores de 65 años. 3.676 de las 3838 muertes registradas, según señala el sistema MOMO.La fragilidad de las personas mayores ante el calor tiene una explicación fisiológica. Según explica Verónica Saldaña, profesora de Enfermería de la Universidad Europea, "las personas mayores sudan menos, perciben con menor intensidad la sensación de calor y el mecanismo de la sed también se ve alterado". A esto se suman los tratamientos farmacológicos que pueden incrementar el riesgo de deshidratación.Tanto mayo como junio han registrado temperaturas por encima de lo normal en estos 2 meses del año. Según los datos del sistema MoMo, en mayo se calcularon 123 muertes atribuibles a la temperatura y en junio se dispararon hasta las 1029. La experta aclara que no se puede establecer una correlación directa y generalizada entre el aumento de grados y el de muertes. El sistema MoMo utiliza "umbrales de impacto en salud" que son "diferentes para cada una de las regiones de España". Por ello, "no podemos decir que cuando aumenta un grado, aumenta en un porcentaje concreto la mortalidad, porque esto es diferente para cada 1 de los territorios. No es lo mismo 40 grados en en una zona del norte que en una zona del sur".España ha mejorado su respuesta desde la gran ola de calor de 2003, que impulsó la creación de los planes de calor y del propio sistema MoMo. El resultado es que, según señala Gómez Barroso, ahora "la mortalidad es menor". El buen funcionamiento de los planes y una mayor adaptación y concienciación de la población parecen ser las claves.Estos planes son un "conglomerado de diferentes cosas" que implican a múltiples administraciones más allá de la sanitaria, como servicios sociales y de ordenación territorial, y que luego cada comunidad autónoma adapta.De cara a este verano de 2026, la incertidumbre persiste. Si finalmente es una temporada con "muchas olas de calor y que dure mucho tiempo", y la mortalidad no es muy alta, "eso significará que nos vamos adaptando y que todo va funcionando", concluye Gómez Barroso. La experta insiste en la importancia de la difusión de medidas preventivas como la hidratación y evitar la exposición al sol en las horas centrales.
La Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) prevé un verano significativamente más cálido de lo normal en toda España, una situación que pone en alerta a las autoridades sanitarias. Las altas temperaturas aumentan el riesgo de enfermedad y, en los casos más graves, de muerte. La primera ola de calor del verano ya ha dejado 233 fallecimientos en solo cuatro días entre los pasados 21 y 24 de junio, evidenciando una realidad que golpea con especial dureza a los más vulnerables.
En los últimos diez años, el número de muertes atribuibles al calor entre mayo y septiembre ha fluctuado entre las 1.400 y las casi 5.000 del verano de 2022, el peor de la década. Los últimos cuatro años han estado marcados por temperaturas de récord y múltiples olas de calor, un patrón que, según los expertos, agrava la situación.
Diana Gómez Barroso, coordinadora de los sistemas de monitorización del Instituto de Salud Carlos III (ISCIII), explica que existe una "tormenta perfecta" para el aumento de la mortalidad. "El cóctel son unas altas temperaturas, unas olas de calor que duran más de lo habitual o que son largas", señala. A esto se suma la vulnerabilidad de ciertos grupos.
El exceso de mortalidad se concentra en "gente mayor de de 65, y sobre todo, de 85 y más años", afirma Gómez Barroso. Según la experta, en este grupo se concentra "la gran parte de de esta mortalidad atribuible a calor", debido a que tienen "ya enfermedades de base, que se ven agravadas durante estos episodios de calor".
Más del 95 por ciento de las muertes atribuibles al calor entre el 1 de mayo y el 30 de septiembre de 2025 fueron de mayores de 65 años. 3.676 de las 3838 muertes registradas, según señala el sistema MOMO.
Es el cóctel de una edad avanzada, una enfermedad crónica y de unas temperaturas que superan los umbrales del impacto en salud"
DIANA GÓMEZ BARROSO
Coordinadora de los sistemas de monitorización del Instituto de Salud Carlos III
La fragilidad de las personas mayores ante el calor tiene una explicación fisiológica. Según explica Verónica Saldaña, profesora de Enfermería de la Universidad Europea, "las personas mayores sudan menos, perciben con menor intensidad la sensación de calor y el mecanismo de la sed también se ve alterado". A esto se suman los tratamientos farmacológicos que pueden incrementar el riesgo de deshidratación.
Tanto mayo como junio han registrado temperaturas por encima de lo normal en estos 2 meses del año. Según los datos del sistema MoMo, en mayo se calcularon 123 muertes atribuibles a la temperatura y en junio se dispararon hasta las 1029.
La experta aclara que no se puede establecer una correlación directa y generalizada entre el aumento de grados y el de muertes. El sistema MoMo utiliza "umbrales de impacto en salud" que son "diferentes para cada una de las regiones de España". Por ello, "no podemos decir que cuando aumenta un grado, aumenta en un porcentaje concreto la mortalidad, porque esto es diferente para cada 1 de los territorios. No es lo mismo 40 grados en en una zona del norte que en una zona del sur".
No es lo mismo 40 grados en en una zona del norte que en una zona del sur"
DIANA GÓMEZ BARROSO
Coordinadora de los sistemas de monitorización del Instituto de Salud Carlos III
España ha mejorado su respuesta desde la gran ola de calor de 2003, que impulsó la creación de los planes de calor y del propio sistema MoMo. El resultado es que, según señala Gómez Barroso, ahora "la mortalidad es menor". El buen funcionamiento de los planes y una mayor adaptación y concienciación de la población parecen ser las claves.
Estos planes son un "conglomerado de diferentes cosas" que implican a múltiples administraciones más allá de la sanitaria, como servicios sociales y de ordenación territorial, y que luego cada comunidad autónoma adapta.
De cara a este verano de 2026, la incertidumbre persiste. Si finalmente es una temporada con "muchas olas de calor y que dure mucho tiempo", y la mortalidad no es muy alta, "eso significará que nos vamos adaptando y que todo va funcionando", concluye Gómez Barroso. La experta insiste en la importancia de la difusión de medidas preventivas como la hidratación y evitar la exposición al sol en las horas centrales.
Este texto ha sido elaborado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.