La malograda princesa de Gales, que hoy tendría 65 años, sigue ocupando un lugar destacado en la memoria colectiva 29 años después de su fallecimiento
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Creyente pero no practicante, el prínci
El recuerdo de Lady Di sigue presente en su familia. Diana de Gales habría cumplido 65 años el pasado 1 de julio de no haber perdido la vida en un trágico accidente de tráfico en 1997. La efeméride pone el foco en una mujer adelantada a su tiempo que se convirtió en un icono de la monarquía británica por su cercanía, naturalidad, saber estar y compromiso social. Su figura ha resistido el inevitable paso del tiempo y sigue ocupando un lugar destacado en la memoria colectiva.
Han pasado casi tres décadas de su fallecimiento, pero su recuerdo está más vivo que nunca para su hijo, el príncipe Guillermo, que ha demostrado en numerosas ocasiones que echa mucho de menos a su madre, a la que perdió cuando tan solo tenía 15 años.
El príncipe Guillermo, pese a su carácter reservado, ha exteriorizado en múltiples ocasiones el amor que siente hacia su progenitora. El último detalle que tuvo con ella se produjo con motivo del Día de la Madre en el Reino Unido. En ese momento, el heredero al trono compartía una entrañable imagen de su infancia junto a Diana de Gales. En dicha fotografía aparece en brazos de su madre en una tierna estampa familiar. “Recordando a mi madre, hoy y todos los días. Pensando en todos aquellos que hoy recuerdan a alguien a quien quieren. Feliz día de la madre”, posteaba en las redes sociales.
Diana siempre quiso ser más madre que princesa. Para ello, instauró un modelo para criar a sus hijos que se distanciaba notablemente del utilizado tradicionalmente por la familia real británica. Por encima del protocolo estaba el cariño, la cercanía y el tiempo compartido en familia, eso que echa tanto de menos el príncipe Guillermo.
Diana de Gales y sus hijos Guillermo y Enrique en una imagen de archivo.
/ JAYNE FINCHER
Durante la infancia se apresuró para que sus hijos vivieran experiencias normales como cualquier familia. Iban juntos al cine y a los parques de tracciones e incluso visitaban establecimientos de comida rápida, una cuestión que se aleja de los cánones habituales de la monarquía británica.
Guillermo y su hermano Enrique también conocieron realidades sociales diferentes a las del palacio de Buckingham. Diana y sus hijos acudían a los hospitales, centros de acogida y organizaciones benéficas y sin ánimo de lucro para testar la realidad de las personas desfavorecidas o que padecían terribles enfermedades. Por lo tanto, el compromiso y la solidaridad eran dos pilares innegociables que inculcó desde bien pequeños a sus dos hijos.