Mientras la DGT endurece su discurso contra los vehículos de combustión y promueve el uso del transporte público, la flota oficial de su director general, Pere Navarro, mantiene una realidad muy distinta
21/04/2026 Actualizado 22/04/2026 - 08:43h.
En el sector del motor, la coherencia suele ser un valor tan apreciado como la eficiencia de un propulsor. Sin embargo, los últimos datos obtenidos a través del Portal de Transparencia han puesto el foco sobre el garaje oficial de Pere Navarro, director general de Tráfico, revelando una notable desconexión entre sus recomendaciones públicas y su movilidad diaria.
Bajo su mando, la DGT ha mantenido la hoja de ruta de la descarbonización, restricciones a través de las etiquetas ambientales y la promoción del transporte público en los núcleos urbanos. Pero, ¿qué coches utiliza realmente el máximo responsable de Tráfico?
A pesar de que Navarro ha afirmado tajantemente que el objetivo común es «acabar con los combustibles fósiles, punto», su flota oficial asignada consta de tres vehículos donde el motor de explosión sigue siendo el protagonista absoluto, según recoge Autocasión.
En primer lugar, destaca el Renault Talisman con motorización diésel. Resulta paradójico que el director del organismo que gestiona las etiquetas ambientales —las cuales penalizan especialmente al gasóleo— utilice habitualmente una berlina de este tipo para sus desplazamientos.
A este se suma un Alfa Romeo Stelvio de gasolina, un SUV de corte deportivo que destaca por sus prestaciones pero no precisamente por ser un referente en consumos bajos o eficiencia energética. Finalmente, la opción más «electrificada» de su garaje es un Mitsubishi Eclipse Cross híbrido enchufable, aunque cuenta con una autonomía en modo 100% eléctrico que no supera los 45 kilómetros, lo que le obliga a depender del motor de combustión en trayectos de media distancia.
La polémica no solo reside en la mecánica de sus vehículos, sino en la puesta en escena de sus intervenciones. Recientemente, Navarro instaba a la población a utilizar el transporte público, el taxi o los VTC para acceder al centro de las ciudades.
No obstante, las crónicas de esos mismos eventos señalan que, tras pronunciar estas recomendaciones, el director de la DGT suele abandonar el lugar en su vehículo oficial con chófer, evitando el metro o el autobús que prescribe para el resto de los conductores.
Esta situación se produce en un contexto de máxima presión económica para el usuario medio, quien se ve forzado a renovar su vehículo para cumplir con las normativas de las Zonas de Bajas Emisiones (ZBE) so pena de sanción. Mientras tanto, en los despachos de Tráfico, el diésel y la gasolina parecen seguir gozando de una salud excelente.