Las patronales agrarias presionaron con éxito para que Vox no controlara la política agraria de la Junta y, a cambio, obtuvieron con Turismo una consejería que se presta al lucimiento político
CUENTAN las crónicas que en la negociación con Juanma Moreno los de Vox pusieron encima de la mesa la exigencia de quedarse con la Consejería de Agricultura. Es un clásico en todos los pactos que han firmado en otras comunidades. Saben que en el campo tienen el ambiente a favor y es un medio en el que les cuesta poco trabajo levantar sus banderas. Si al final el partido de la derecha radical no ha podido hacerse con el control de la política agraria de la Junta no ha sido solo porque el PP haya estado reticente. Sobre todo, ha sido porque las organizaciones empresariales, principalmente Asaja, han puesto pie en pared y han hecho la presión que saben hacer para que el Gobierno de Moreno se quedara donde estaba. La Consejería de Agricultura ha hecho durante los últimos años, especialmente en los últimos cuatro, una política inteligente que ha sido apreciada por el sector, en unos momentos además muy agitados por los cambios normativos que vienen de Bruselas y por la reforma de la PAC.
No se han quedado con Agricultura, pero Turismo les ha sido cedida sin que parezca que haya habido oposición ni por parte del PP ni de los potentes grupos empresariales que controlan una actividad que supone el 13% del PIB de la región, que es su principal cantera de empleo y que, en buena medida, es su enseña económica. No es la primera vez que Juanma Moreno se desprende de Turismo a la hora de negociar una coalición. Lo hizo en 2019 a favor de Ciudadanos y ahora repite. La razón debe estar en que es mucho más difícil romper algo en política turística que en política agraria.
El turismo funciona a su propio ritmo y necesita menos tutela administrativa que la agricultura, en la que los equilibrios son mucho más difíciles de mantener. De hecho, la Consejería de Turismo se ha considerado siempre una especie de regalo dentro del Gobierno porque es la más proclive al lucimiento de su titular. Se trata, sobre todo, de aparecer en actos de promoción, en ferias internacionales y, por si faltara algo, dispone de presupuesto para campañas proclives a convertirse en acciones de pura propaganda. Políticamente, es quizás el departamento más rentable del Gobierno andaluz.
El vicepresidente-consejero Manuel Gavira se va a enfrentar, sin embargo, a algunas papeletas a las que tendrá que dar solución. Está por ver si, ahora que el PP deja las responsabilidades en esta materia, la campaña de los alcaldes populares para que se implante la tasa turística, a la que se ha puesto sordina por razones puramente partidistas, eleva el tono. Todo hace indicar que Gavira será tan opuesto a la medida como lo fue Arturo Bernal. A Vox le produce alergia todo lo que huela a imposición fiscal y la tasa turística no tiene por qué ser una excepción. Pero será interesante ver cómo Vox aprovecha esa consejería para sacar músculo y hacerse ver en un Gobierno al que Juanma Moreno va a imponer como tarea prioritaria la dilución y el silenciamiento de su nuevo amigo a la fuerza.