El doctor analiza en Más de uno Murcia la lesión que aparta al «Matador» de la competición lo que resta de 2026, qué es exactamente una fractura orbitaria, por qué cede antes el hueso que el propio globo ocular y qué secuelas (de la visión doble al ojo hundido) puede dejar
La derrota de Ilia Topuria ante Justin Gaethje en la velada de la UFC celebrada en la Casa Blanca dejó una de las imágenes más impactantes del año deportivo, el rostro del «Matador» completamente castigado y con la visión cada vez más limitada. El parte médico confirmó después fracturas sin desplazamiento en ambas órbitas (con especial afectación en el ojo derecho) que mantendrán al hispanogeorgiano alejado de la competición durante lo que resta de 2026. En la sección Más visión, el oftalmólogo Alberto González Costea analiza qué le ha ocurrido exactamente al deportista, por qué estas lesiones resultan tan delicadas y qué secuelas pueden dejar.
La órbita es la cavidad ósea que aloja el globo ocular. Para explicarlo de forma sencilla, el doctor propuso a los oyentes un pequeño ejercicio, «si cualquier oyente coge la mano y se toca la ceja, verá que debajo hay un hueso», un reborde que recorre el contorno del ojo hasta la zona de la nariz. Ese reborde orbitario funciona como el borde anterior de una caja que, hacia atrás, se cierra con cuatro paredes.
La pared superior separa el ojo del cerebro y es bastante dura, de modo que en este tipo de golpes no suele fracturarse. La externa ofrece también cierta rigidez. Las más débiles, en cambio, son la interna (la que da hacia la nariz) y la inferior, formadas por varios huesos (temporal, frontal y etmoides) y por finas láminas óseas. El especialista subrayó la importancia del órgano que protege esta estructura: el ojo «nos da el 80% de la información», y el cuerpo lo resguarda dentro de esa caja ósea, rodeado de grasa y de los músculos que controlan su movimiento. Cuando se produce una fractura por impacto, lo habitual es que cedan la pared lateral o la inferior.
Una de las frases que más se ha repetido entre los oftalmólogos a raíz de esta lesión encontró confirmación y explicación en la consulta de González-Costea. El puño, protegido además por el guante, impacta contra ese reborde duro y comprime las láminas óseas, pero el golpe no llega a alcanzar el ojo, que queda amortiguado por la grasa que lo envuelve. «El ojo no lo vas a romper», salvo en traumatismos muy severos que provocarían un estallido ocular.
El daño llega por compresión, «la órbita, por compresión, rompe esa lámina inferior». Por ese hueco se hernia la grasa o se atrapan los músculos, y el resultado es un ojo que se hunde y se desalinea respecto al otro. De ahí la visión doble y la limitación del movimiento, «lesiones muy graves que hay que abordar».
El ojo también puede sufrir de forma direct, los golpes continuados provocan sangre en el iris, uveítis traumáticas o iritis. Aun así, en disciplinas tan agresivas como las artes marciales, «suele sufrir más la órbita que el ojo». A ello se suma un factor que detiene muchos combates: la inflamación del párpado, una zona muy blanda que, al hincharse, impide abrir el ojo y seguir viendo.
El oftalmólogo, de la conocida saga de los González-Costea, recordó un caso muy cercano. Iván Amaya, central del Real Murcia, sufrió una fractura de órbita por un codazo. El doctor, que atendía entonces a los futbolistas del club, lo intervino junto al Dr. De Paz para reconstruir el suelo de la órbita. En aquel caso, el golpe había dañado no solo el suelo, sino también el reborde orbitario, hasta el punto de notarse «un escalón» al palpar el borde del ojo.
Topuria ha tenido la fortuna de no presentar una fractura con desplazamiento, pero las secuelas de estas lesiones pueden ser muy serias. La más limitante, según el doctor, es una visión doble continua y permanente. Si uno de los seis músculos que controlan la posición del ojo queda lesionado contra el hueso roto, el globo ocular adopta una posición anómala e incontrolable. «Imagínate ver doble de por vida por una fractura orbitaria».
El abordaje, cuando resulta necesario, combina la cirugía maxilofacial y la oftalmológica, seguida de meses de reposo. En el caso del «Matador», González Costea calculó que «entre cuatro y seis meses no va a poder recibir ningún tipo de golpe».
Las fracturas orbitarias no son exclusivas de los deportes de contacto. Un accidente de tráfico, una caída o un accidente laboral pueden provocarlas. Un balonazo, en cambio, rara vez rompe la órbita, porque el balón es blando y amortigua el impacto. El mensaje final del oftalmólogo fue contundente, «los ojos hay que protegerlos», conscientes de que el propio cuerpo ya los resguarda dentro de esa cajita ósea.