09/07/2026 a las 07:34h.
Hay motores que están cerca de dejar de rugir. Máquinas que son pioneras en el mundo de la automoción en la provincia de Burgos y que, por falta de relevo, pueden estar condenadas a caer en el olvido dentro de unos años. Y es que los coches clásicos, aquellos que, como señala Félix Dieste, miembro del Club Burgalés de Vehículos Históricos, son los más bonitos y los que más llaman la atención a su paso, pueden quedar en el olvido en los próximos años.
Según datos de la Dirección General de Tráfico, actualmente existen 2.068 vehículos catalogados como históricos alrededor del territorio burgalés. Entran dentro de esta categoría aquellos que cuentan con más de 30 años de antigüedad desde su fabricación o primera matriculación. Un dato que ha ido creciendo en los últimos años por diferentes factores, pero que no hace justicia a la pérdida de ejemplares de aquellos que datan de principios del siglo XX. Esta situación no solo se extrapola a Burgos: es una tendencia a nivel nacional.
Máquinas que no son para «ir a coger un avión», como señala Ricardo Angulo, fundador del club en 1993, sino que son para «disfrutar del viaje». Una pasión que lleva con ellos «toda la vida», confiesa César Hilera, miembro de la institución. Tanto Félix como Ricardo y César han estado toda la vida unidos al mundo del motor y a estos coches y les llena de orgullo el poder seguir haciendo uso de los mismos.
«Tenemos algo antiguo», apunta Hilera, «Y que se mantiene caminando». Cada uno, saben, tiene sus propias aficiones, pero para ellos es mucho más divertido irse un domingo por la mañana con el coche viejo a dar una vuelta hasta Pancorbo.
Una afición que, en algún momento, puede llegar a ser tediosa, especialmente cuando se averían. Además, como confiesa Ricardo, «la edad no perdona y bajas el pistón». Y es que reparar uno de estos coches no es tan sencillo como acudir a un taller de confianza y dejarlo un breve espacio de tiempo. Las piezas de recambio, generalmente, tienen que importarse desde fuera de nuestras fronteras, sobre todo de países como Francia, Reino Unido o Estados Unidos.
Eso sí, tal y como coinciden los tres, todo está mucho más a mano para poder realizar una reparación en comparación con lo que puedes encontrar en los vehículos de hoy en día. «Abres el capó de un coche moderno y dices: ¿Qué tengo aquí? Si no sé ni por dónde empezar», bromea Félix.
«No queremos estos coches para ir a Madrid a coger un avión, los queremos para disfrutar en el viaje»
Ricardo Angulo
Fundador del Club Burgalés de Vehículos Históricos
En cuanto al manejo, las instrucciones son claras: ser conscientes de lo que se está conduciendo. Estos coches no tienen dirección asistida o el sistema ABS que ayuda al frenado. La solución para el primer problema, como apunta Félix, es mover el coche para poder girar el volante, porque si no, «no le mueves».
La situación relacionada con el frenado sí puede llegar a resultar más complicada de solucionar. «Cuando tienes que frenar, te lo tienes que pensar, y dejar más distancia al coche que va delante», indica Dieste. Sin embargo, Ricardo advierte de que no se puede dejar demasiado espacio, porque si no «viene un listo y se te cuela, y cuando llegas al semáforo pega un frenazo y lo pasas mal para frenar».
Ya son varias décadas desde que el club participa en la proclamación de las reinas de las fiestas de San Pedro y San Pablo, algo que, como señala Ricardo, «es un gusto y un honor». También acuden con regularidad a otros puntos de la geografía española. En este mismo mes de junio, tienen previstas salidas a Vitoria y a Soria. En agosto participarán en una concentración en Espinosa de los Monteros.
«Aunque son los más bonitos, los que más llaman la atención, la juventud atiende más ahora a coches más modernos, pero, de momento, aguantamos.
Félix Dieste
Miembro del Club Burgalés de Vehículos Históricos
Todo ello por amor al arte. «Nos gusta cuando nos invitan a hacer algo en un pueblo pequeño para tener algo distinto», apunta el fundador de la institución. En ocasiones, especialmente cuando tienen que desplazarse, se les invita a comer o a cenar, pero en ningún caso se les da una compensación económica. Ni siquiera cuando participan en actos benéficos o en el propio desfile mencionado anteriormente.
Por desgracia, el futuro del arte de preservar esta clase de vehículos no es muy esperanzador, ni en Burgos ni en España. Félix, pesimista, señala que «de aquí a seis años, pues puede que los coches antiguos no haya quien los lleve». César, por su parte, señala que las nuevas generaciones no cogen la afición, que prefieren coches con más cosas. Más modernos, con más cilindrada, más espectaculares.
Aunque no han perdido la fe del todo, porque sus descendientes sí que utilizan los coches de vez en cuando. Eso sí, dejándoselo preparado y listo para su uso. Son conscientes del trabajo y la inversión de tiempo que conllevan este tipo de vehículos, tiempo que «cualquiera que tenga que atender un trabajo» es difícil de conseguir.