La publicidad, el comercio o los ascensores se encuentran entre los aspectos que más le han llamado la atención
El divertido audio de una extranjera que solo quería tomar una cerveza: "Te juro que estas cosas solo pasan en Sevilla"
Dicen que el burro no es de donde nace, sino de donde pace, y esto es algo que los choques culturales "a la inversa" ponen de manifiesto. Cuando una persona lleva un tiempo viviendo en el extranjero, no solo aprende su idioma, sino también sus costumbres y una serie de patrones cotidianos que, al regresar a su propio país, se vienen abajo por la imposición de las propias convicciones locales. Esto es lo que le ha ocurrido a la estadounidense más famosa de Coria del Río, Sophie Gray.
La popular creadora de contenido, que cuenta con más de 90.000 seguidores en Instagram (@sophiegrayinspain) ha viajado en las últimas semanas a Estados Unidos con su novio sevillano. La joven de Tennessee pretendía reencontrarse con sus familiares y amigos después de dos años y hacer un poco de turismo en pareja. Pero esta salida de España tuvo en ella un efecto inesperado: volver a darse de bruces con un modus vivendi que parecía haber olvidado.
"Os prometo que tuve un montón de choques culturales al revés. Después de dos años, ya no reconocía a mi propio país", confesaba la 'guiri' con su particular acento andaluz. Tres años le han bastado viviendo en Andalucía para reparar en algunos aspectos que, para sus compatriotas, son lo más normal del mundo.
En primer lugar, Sophie menciona el uso (o abuso) de la publicidad que hacen los estadounidenses para vender toda clase de medicamentos. Desde inyecciones para adelgazar hasta tratamientos para enfermedades cardiológicas o dermatológicas, los anuncios de estos productos suelen inundar las previas de cualquier película o serie en el país norteamericano. "Además, estos anuncios duran una eternidad porque legalmente están obligados a decir todos los posibles efectos secundarios", apunta la influencer.
Por tanto, lo que en España se resolvería con un "lea las instrucciones de este medicamento y consulta con tu farmacéutico", en Estados Unidos podría prolongarse durante unos cuantos segundos más. "Parece una distopía", concluye la joven.
Otra de las coas que más llamó la atención a Sophie al volver a sus orígenes también tiene que ver con el comercio. En Estados Unidos, es habitual que al entrar a cualquier tipo de tienda o establecimiento, un montón de carteles recuerden, de una forma más o menos amable, que todo está siendo grabado. El objetivo, está claro, es disuadir a los clientes de robar cualquier artículo.
Este es el equivalente en España a la aséptica placa de "zona videovigilada", algo que Sophie Gray no echaba para nada en falta. "Me parece súper agresivo entrar en una tienda y lo primero que veía fueran tantos recordatorios de que me estaban grabando", lamenta.
Finalmente, la joven extranjera ha asegurado que tuvo "muchos problemas" con los ascensores. En concreto, en Estados Unidos la planta baja es la 1, en lugar de la 0 como en España. "Parece una tontería, pero pasé demasiado tiempo dándole al botón equivocado", revela Sophie, quien ya ha asimilado por completo el sistema local.
Además, en muchos hoteles y oficinas de Estados Unidos el ascensor carece asimismo del número 13, por mera superstrición. "En muchos edificos se pasa directamente de la planta 12 a la 14", cuenta la joven.
Sophie Gray confirma que se ha dejado unas cuantas curiosidades más en el tintero, que promete contar en un nuevo vídeo sobre choques culturales inversos.