Lo que parecía un fuego aislado, terminó siendo un incendio incontrolable. El Servicio de Emergencias 061 recibió un aviso a el jueves las 20.50 horas. En la llamada se alertaba de que un cortijo de Bédar, en la localidad almeriense de Los Gallardos, se estaba quemando y había personas atrapadas que necesitaban asistencia médica.
Lo que parecía un fuego aislado, terminó siendo un incendio incontrolable. El Servicio de Emergencias 061 recibió un aviso a el jueves las 20.50 horas. En la llamada se alertaba de que un cortijo de Bédar, en la localidad almeriense de Los Gallardos, se estaba quemando y había personas atrapadas que necesitaban asistencia médica.
Juan y su compañero partieron desde el municipio de Vera en la ambulancia, pensado que sería una incidencia más y sin esperar la magnitud de lo que estarían por encontrar.
Según llegaban al punto del incidente, una lengua de fuego les sorprendió atravesando el bosque. En cuestión de minutos, el incendio se extendió, llegando a avanzar hasta cien metros por minuto. "Todo fue muy rápido", explica Juan, técnico del 061, "en una secuencia de 20 o 25 minutos se generó el caos".
"No pudimos ni llegar al cortijo porque el fuego ya estaba muy extendido por toda la zona. Los bomberos nos sacaron a una mujer para atenderla, que tenía el 70% del cuerpo quemado pero se encontraba consciente", explica Juan, quien cuenta que tuvieron que abandonar rápidamente la zona en la que estaban estabilizando a la mujer por el riesgo de que les alcanzase el fuego. La mujer, de 60 años y de nacionalidad británica, fue trasladada al Hospital Torrecardenas y se encuentra entre los heridos graves.
Sus compañeros siguieron otra ruta, una de las más afectadas, para asistir a una familia que se encontraba atrapada dentro de una vivienda. Pero antes de llegar, se encontraron la trágica escena: una línea de coches completamente calcinados. En su interior, personas quemadas. "Era impactante ver los cuerpos calcinados", expresa, quien asegura que había dos niños, "no te puedes imaginar lo que es ver un cadáver completamente quemado".
La labor de los servicios de emergencias fue complicada en estas primeras horas, en las que el fuego iba labrando camino con rapidez y temían que los pillase de imprevisto. "Al principio llegamos dos personas, pero necesitábamos compañeros que organizasen todo. Luego conseguimos refuerzos y acabaron estableciendo el puesto de mando en Turre", cuenta el operario.
Respecto al estado de los cuerpos, Juan lamenta que se compliquen las labores de búsqueda de los desaparecidos, por el estado avanzado de descomposición que supone un cuerpo calcinado. Esto puede complicar la identificación de los cuerpos, que pese a ser encontrados pueden no ser reconocidos, ya que "en algunos no están ni los dientes", tal y como explica el operario.
Estas víctimas, a las que se les presupone haber desobedecido las órdenes, podrían no haber esperado la rapidez con la que las llamas les alcanzaría. "La gente no espera ver un incendio a kilómetros y que en poco tiempo llegue a tu casa. Además, muchos son personas mayores sin buena movilidad", relata Juan, quien defiende que el fuego no permitió por su velocidad una huída acertada o un refugio seguro.
Fueron horas que trascurrieron más lento que las llamas, que arrasaron sin previo aviso y que dejaron a su rastro una catástrofe sin precedentes en el último siglo.
Son ya los doce fallecidos, siete denuncias por desaparecidos y más de 1.400 personas que han abandonado sus hogares en la localidad de Los Gallardos y pedanías próximas por el incendio de Los Gallardos iniciado el pasado jueves.