Hace justo un año, el 12 de julio de 2025, Málaga sorprendía al mundo del fútbol, y decepcionaba a los aficionados malagueños, al renunciar a ser una de las sedes del Mundial de 2030, que organizarán conjuntamente España, Portugal y Marruecos. La noticia fue recibida como un fracaso para la ciudad, que veía escapar una oportunidad de proyección internacional y de modernizar La Rosaleda.
Hace justo un año, el 12 de julio de 2025, Málaga sorprendía al mundo del fútbol, y decepcionaba a los aficionados malagueños, al renunciar a ser una de las sedes del Mundial de 2030, que organizarán conjuntamente España, Portugal y Marruecos. La noticia fue recibida como un fracaso para la ciudad, que veía escapar una oportunidad de proyección internacional y de modernizar La Rosaleda.
Sin embargo, doce meses después, el paso del tiempo permite analizar aquella decisión con mayor perspectiva. El contexto ha cambiado, se conocen muchos más detalles de lo que suponía el proyecto y el propio Málaga CF vive una realidad deportiva completamente distinta.

El Málaga CF celebrando el ascenso a Primera División en el UD Almería Stadium. / Málaga CF
Una candidatura mundialista necesita un proyecto sólido desde el primer díaUno de los principales aprendizajes es que una candidatura mundialista no puede construirse sobre previsiones o ideas pendientes de desarrollar. Cuando Málaga presentó su proyecto para remodelar La Rosaleda en marzo de 2023, el presupuesto inicial rondaba los 70 millones de euros. Con el paso de los meses se añadieron otras necesidades que no se habían contemplado como nuevos accesos, aparcamientos, otras infraestructuras complementarias... El coste terminó disparándose hasta los 271 millones de euros. La evolución del proyecto evidenció que faltó una planificación mucho más madura antes de presentar la candidatura.
El Estadio de Atletismo nunca fue una alternativa realLa segunda gran conclusión es que el plan para albergar al Málaga CF durante las obras nunca terminó de convencer. El estadio Ciudad de Málaga, vecino del Martín Carpena, pasó de plantearse con una capacidad cercana a los 25.000 espectadores a reducirse drásticamente a los 12.500. Con todo, seguían pendientes numerosas actuaciones imprescindibles para cumplir con las exigencias del fútbol profesional, especialmente en sus accesos. En resumen, la solución provisional estaba lejos de ofrecer las garantías que requería una operación de esta magnitud.

Estadio de Atletismo 'Ciudad de Málaga'. / La Opinión
La mudanza hubiese sido un riesgo enormeQuizá la mayor diferencia respecto a hace un año sea la realidad deportiva del conjunto blanquiazul. En caso de haber seguido adelante con la candidatura, el club habría tenido que abandonar La Rosaleda durante las obras. La alternativa más viable era disputar sus partidos en Los Cármenes, en Granada, una solución que la propia entidad estimó que podía provocar pérdidas cercanas a los 30 millones de euros entre ingresos por abonados, taquilla y explotación comercial. A ello habría que sumar el impacto deportivo de jugar toda una temporada a unos 130 kilómetros de casa.
Misma necesidad de nuevo estadio, pero más tiempo para ejecutarloLa renuncia al Mundial no eliminó el principal problema: La Rosaleda sigue siendo una instalación que necesita una profunda renovación. La diferencia es que ahora ya no existe la presión de cumplir con los plazos de una Copa del Mundo. A finales del pasado mes de junio se informó que el nuevo estadio se ubicará, en principio, en la ampliación de la Universidad en 2032.
A diferencia del proyecto mundialista, la idea se plantea como un recinto multiusos pensado no solo para el fútbol, sino para tener actividad durante todo el año. Además, el planteamiento tiene en cuenta cuestiones que fueron objeto de debate durante la candidatura, como la ausencia de viviendas colindantes, las conexiones mediante transporte público, la disponibilidad de aparcamientos o la integración del complejo en su entorno.

Rueda de prensa de renuncia al Mundial 2030. / La Opinión
Un año después, la renuncia se entiende de otra maneraUn año después, también ha cambiado el contexto. Cuando Málaga renunció al Mundial, la decisión fue recibida como una oportunidad perdida y generó un intenso debate. Hoy, con el equipo de vuelta en Primera División y una masa social que supera los 26.000 abonados, persiste el lamento por no poder albergar la cita de 2030.
Sin embargo, el paso del tiempo también ha puesto de manifiesto la deficiente planificación por parte de los responsables del proyecto. Doce meses después, y tras la histórica temporada culminada con el ascenso del Málaga CF, resulta difícil imaginar que ese mismo éxito deportivo se hubiera producido con el equipo obligado a disputar sus partidos lejos de La Rosaleda.
La renuncia sigue siendo dolorosa para la ciudad, pero también evidencia que el verdadero problema no fue perder el Mundial, sino no haber sido capaces de construir una candidatura lo suficientemente sólida para hacerla compatible con el futuro del club.