Esta carrera, más que una competición, es una fiesta para despedir el calendario
30/12/2025 Actualizado a las 21:19h.
Ni varios Spidermans, ni Son Goku, ni Mario Bros y su hermano Luigi, ni los Minions, nadie, absolutamente nadie, se quiso perder la San Silvestre de Valencia, que este año 2025 que llega a su fin alcanzaba su 40ª edición. Esta carrera, que más que una competición es una fiesta para despedir el calendario, es siempre un momento especial para clausurar el año con zapatillas en la ciudad del running. Casi 20.000 corredores disfrutaron de este regalo.
El centro de la ciudad, a menos de media hora para el comienzo de la carrera, era un caos y un tumulto. Todos buscaban un hueco, su espacio cerca de la salida para poder grabar a los toros desde la barrera. En cambio, aquellos que participaban iban con nervios y prisas buscando su casilla de salida, todo esto teniendo la extravagancia de esta carrera, que es que muchos aprovechan para disfrazarse junto a su familia o amigos como una tradición y recorrer los cinco kilómetros.
Pese a ello, siempre hay gente que se lo toma más en serio, que va a seguir batiendo sus propias marcas, que les sirve como entrenamiento, es decir, los élite, y otros simplemente quieren bajar esos turrones de más que se han comido estas Navidades y que pesen menos las piernas. Que luego la cuesta de enero se hace muy pesada. La carrera dio comienzo a las 20 horas en la calle Xátiva. A esa hora salieron los más preparados, los que buscaban resultados en la última carrera del año. Entre tanto, las demás personas esperaban impacientes, con su disfraz, para que se diese el pistoletazo de salida.
El ganador en el apartado masculino fue Pablo Alba, llegando aclamado a la plaza del Ayuntamiento donde se encontraba la línea de meta en un tiempazo de 14:29, seguido en el podio de los también veloces Enrique Herreros (14:32) y Abdelmonaim El Khayami (14:50). Por otro lado, en el apartado femenino, Sukaina El Khayami fue la ganadora con una marca final de 16:51, seguida de María Valero (17:11) y su hermana Lucía Valero (17:14), que entraron prácticamente juntas en la línea de meta.
Además de su carácter lúdico, la prueba de la San Silvestre tiene un importante componente solidario. La inscripción tiene un coste simbólico de dos euros y la recaudación íntegra se destinará a Asleuval, una entidad dedicada a la lucha contra la leucemia y a mejorar la calidad de vida de los pacientes. Una bonita forma de despedir este 2025 que acaba.