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Patri Aragoneses, empresaria musical: "Las redes han hecho la música más efímera: hay artistas que son más 'influencers' que artistas"

Дата публикации: 16-07-2026 06:35:19

La música ya no se escucha solo en una sala ni se espera durante meses en una tienda de discos. Se sube, se viraliza, se comparte, se agota y, muchas veces, desaparece tan rápido como llegó. Patri Aragoneses ha vivido desde dentro ese cambio de época. Entró en la industria casi por accidente, después de trabajar como contable, y hoy dirige proyectos vinculados al directo, el management, la producción, la promoción, las marcas y la docencia. Con 15 años de trayectoria, Aragoneses se ha consolidado en un sector históricamente dominado por hombres, especialmente en el directo, la producción y la negociación artística. Desde su oficina, entre el Prado y el Retiro, y con una actividad constante en La Sala del Movistar Arena, mueve conciertos por toda España, trabaja con artistas de estilos muy distintos y ha creado Dabuti, una fiesta ochentera que un viernes al mes transforma la tarde en una celebración musical.

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La música ya no se escucha solo en una sala ni se espera durante meses en una tienda de discos. Se sube, se viraliza, se comparte, se agota y, muchas veces, desaparece tan rápido como llegó. Patri Aragoneses ha vivido desde dentro ese cambio de época. Entró en la industria casi por accidente, después de trabajar como contable, y hoy dirige proyectos vinculados al directo, el management, la producción, la promoción, las marcas y la docencia. Con 15 años de trayectoria, Aragoneses se ha consolidado en un sector históricamente dominado por hombres, especialmente en el directo, la producción y la negociación artística. Desde su oficina, entre el Prado y el Retiro, y con una actividad constante en La Sala del Movistar Arena, mueve conciertos por toda España, trabaja con artistas de estilos muy distintos y ha creado Dabuti, una fiesta ochentera que un viernes al mes transforma la tarde en una celebración musical.

ARA Music Group - Productora de Conciertos y Festivales.

ARA Music Group - Productora de Conciertos y Festivales. / Cedida

¿Qué cambio ha transformado más la industria musical desde sus primeros años en el sector?

He tenido la suerte de conocer dos industrias que para mí no tienen nada que ver. El cambio más radical ha sido a nivel discográfico y en cómo el público consume la música. Antes el artista se escondía en su estudio, componía, producía y después lanzaba. Ahora cualquiera puede subir su música a plataformas y tener una oportunidad. Eso tiene una parte muy positiva, porque ya no decide solo la industria. Pero también ha hecho que todo sea más efímero. Antes había menos artistas y se trabajaban de una forma más constante y más consolidada. Ahora muchos aparecen, se hacen virales con una canción, entran en festivales y al año siguiente nadie sabe quiénes son.

¿Esa facilidad para lanzar música ha devaluado la construcción de una carrera artística?

En parte sí. No digo que esté mal estar en festivales, pero creo que es un error construirlo todo sobre una canción viral. Sacas un tema, explota, entras en todos los carteles y luego desapareces. Económicamente puede ser más fácil de lanzar y de rentabilizar rápido, pero a mí, como representante, me gusta trabajar de otra manera.

¿Cómo trabajan desde ARA Music Group?

Me gusta desarrollar, preparar, formar, construir. Estoy trabajando desde hace dos años con una artista que todavía no ha salido. Ella es Julieta Carrasco. La hemos llevado a componer, a trabajar con productores, a subirse a escenarios pequeños y grandes, a entender qué es una prueba de sonido, una mezcla, un máster, una gira, un contrato o la parte administrativa. No quiero plantar a un artista en un escenario sin que sepa qué hacer.

¿Qué tiene que tener hoy un artista para no quedarse en un fenómeno pasajero?

Tiene que tener una proyección trabajada. No basta con cantar bien o tener una canción. Hay que preparar la voz, la puesta en escena, la imagen, la composición, el estudio, el directo y también la cabeza. El público manda, eso está claro, pero cuando todo está bien hecho tienes más opciones.

¿Ha cambiado más el negocio de la música o la forma en la que el público consume cultura?

Diría que ha cambiado más el consumo. El directo sigue siendo directo, aunque también se ha transformado. Ahora parece que todos los artistas quieren estar en el Wanda, en el Bernabéu o en el Movistar Arena. Todo tiene que tener colaboraciones, sorpresas y una experiencia alrededor. Ya no vienes solo a escuchar un concierto. Las redes sociales se han unido demasiado a la música. A veces me parece que hay artistas que son más influencers que artistas. La sociedad no siempre diferencia bien entre uno y otro. También pasa con futbolistas, por ejemplo: a veces interesa más su vida que lo que hacen en el campo.

Patri Aragoneses, profesional de la industria musical especializada en directo, management, producción y promoción.

Patri Aragoneses, profesional de la industria musical especializada en directo, management, producción y promoción. / Cedida

¿El concierto se ha convertido en algo más que música?

Totalmente. Ahora hay mucha cosa alrededor: el fenómeno, el "tengo que estar ahí", la experiencia, la foto, el momento. Bad Bunny, por ejemplo, es un fenómeno enorme y chapó por él. Pero hay mucha gente que no va solo por la música, sino porque siente que tiene que estar ahí. En cambio, Rosalía me parece otra cosa. Ella no ha dejado de ser una artista musical. Se reinventa, hace ópera, monta un show espectacular y no necesita tanto ruido alrededor para justificarlo.

Se habla mucho del incremento de costes en giras y festivales. ¿Cada vez es más difícil hacer rentable un concierto?

Muchísimo más. Todo es más caro. El artista quiere despuntar y ya no se sabe qué inventar: pantallas, colaboraciones, escenografías enormes, estructuras, cargas, descargas, más horas de montaje, más personal. Si lo lleva el artista, sube el caché. Si lo pone el promotor, lo paga el promotor. Al final alguien tiene que pagarlo. Y muchas veces sale de las entradas. Pero también de patrocinios, barras, food trucks, acuerdos con marcas, cargos de gestión o ayudas municipales. Los festivales funcionan así: se buscan muchas vías de ingreso para compensar el riesgo.

¿El festival se ha convertido en el gran formato del directo o empieza a mostrar señales de agotamiento?

Sí. Yo veía venir que muchos se iban a cancelar. Era demasiado. Todo el mundo quería montar un festival porque parecía rentable: consigues un terreno, ayudas del ayuntamiento, patrocinadores, barras, food trucks, escenarios ya montados varios días… y empiezas a cuadrar números. Pero el público no es infinito ni tiene dinero infinito. Cada vez hay más carteles, más grandes, con artistas que se repiten, y llega un momento en el que no sabes qué inventar. Yo prefiero buscar otros huecos antes que ser una más montando otro festival gigantesco.

¿Qué retos afrontará la música en directo en los próximos años?

No sé qué va a pasar, porque nadie imaginaba hace poco que la inteligencia artificial iba a entrar como está entrando. Nosotros traemos a Soda Stereo el 24 de septiembre y Gustavo Cerati, que falleció hace años, se recrea de una forma impresionante. Está ahí. Eso también cuesta muchísimo, pero abre una vía nueva. Puede empezar a verse más: conciertos de Queen, de Freddie Mercury, de artistas que ya no están. La creatividad puede venir del artista, del equipo de marketing o de la tecnología. El concierto cada vez es más experiencia y la evolución tecnológica se está disparando.

Antes de dedicarse a la música, trabajaba como contable. ¿Cómo se produjo ese salto a la industria musical?

De la manera más impensable. Me gustaba mucho la contabilidad y darle vueltas a las cosas. Pero la música siempre me había apasionado. Desde pequeña. Tocaba la guitarra, cantaba, tenía mucho oído y mucha obsesión con las canciones. Un día, en un garito, me presentaron a una banda que buscaba manager y me dijeron: "Tienes que ser tú". Yo les dije que era contable y que no me dedicaba a eso, pero al día siguiente me llamaron. Empecé sacándoles entrevistas, cerrándoles conciertitos, moviéndoles un poco. Después llegaron otras bandas y, sin darme cuenta, tenía cinco o seis proyectos mientras seguía trabajando como contable. Al año me decanté por la música.

Una de las sesiones de Dabuti, la fiesta que transforma la tarde madrileña en una celebración musical.

Una de las sesiones de Dabuti, la fiesta que transforma la tarde madrileña en una celebración musical. / Cedida

¿Hasta qué punto su formación como contable le ayudó a entender la parte menos visible del negocio musical?

Me dio una base muy importante. Entender impuestos, facturas, contratos, números, administración. En esta industria hay que tener pasión, pero también hay que saber hacer cuentas. Creo que es un sector muy complejo para entenderlo bien desde dentro. Yo he tenido la suerte de tener muchos maestros. Empecé muy joven, con 25 o 26 años, y muchos grandes profesionales me ayudaron.

¿Sigue siendo una industria muy masculina?

Ha cambiado mucho. Hay muchas mujeres directivas, pero sigue habiendo menos mujeres empresarias. Mujeres que asumen el riesgo, que pagan facturas, que contratan, que producen, que toman decisiones económicas. Yo he aprendido a hacerme mi hueco sin entrar a quitarle el sitio a nadie. Nunca ha sido mi objetivo. Me he buscado mis espacios, mis oportunidades, mis caminos. Y creo que también ha ayudado una forma de trabajar más cercana, más honesta y muy de equipo.

¿Cómo se organiza hoy su equipo para mover conciertos con tanta actividad en Madrid y en el resto de España?

Trabajamos con un equipo muy transversal, con perfiles especializados en preproducción y producción de conciertos, ticketing, contratación, administración, legal, marketing, redes sociales, vídeo y apoyo en prácticas, porque también doy clase y me gusta que los alumnos aprendan desde dentro. Hoy ya no basta con la figura tradicional del representante. Un concierto implica muchas capas: contratos, venta de entradas, cartelería, adaptaciones para plataformas, campañas, comunicación, logística, seguridad, técnica y coordinación de equipos. Todo tiene que estar muy bien engranado. Dependiendo del año, hemos llegado a mover entre 100 y 130 conciertos. En Madrid mantenemos una actividad muy estable en La Sala del Movistar Arena, casi todas las semanas, pero también trabajamos por toda España, en teatros, arenas, recintos grandes y ciudades más pequeñas. Esa variedad de formatos y estilos —del pop al rock, del clásico a los ochenta— nos permite diversificar y no poner todos los huevos en la misma cesta.

Ha trabajado con artistas muy diferentes. ¿Qué nombres destacaría?

He trabajado en distintos formatos con artistas como Mónica Naranjo, Ainhoa Arteta, Edurne, Coti, Miguel Poveda, Los Secretos, Sergio Dalma, Antonio Orozco, Pastora Soler, Camela o Sara Baras, entre otros. Sara, por ejemplo, es increíble. Su show es impresionante y es una artista para hacerla todos los días.

También ha creado Dabuti. ¿Qué es exactamente?

Dabuti es una fiesta de música de los 80 y 90 que hacemos un viernes al mes por la tarde en La Sala del Movistar Arena. Es divertidísima. Hay banda en directo, canciones que todo el mundo canta y un ambiente muy sano. La gente entra sonriendo a las seis y media de la tarde y se va a las once dando las gracias. Vienen grupos de amigos, parejas, padres con hijos, gente de distintas edades. Es una experiencia muy bonita porque convierte la música en comunidad.

¿Cuál es el truco para sostener tantos proyectos a la vez?

Ser extremadamente ordenada. Necesito tenerlo todo limpio, recogido y estructurado. Si no, no sale. Hay demasiadas cosas abiertas a la vez: conciertos, contratos, marcas, eventos corporativos, Dabuti, artistas, campañas, clases, redes, producción. También necesito dormir, estar sana, hacer deporte, caminar y despejarme. A veces no te alcanza ni el tiempo ni la cabeza. Me lo apunto todo. Pero soy muy feliz trabajando en esto. Me lo paso increíble. Por mucho que se diga que es una industria de dinosaurios, para mí no lo es. Hay que saber jugar, tener respeto, trabajar mucho y no dejar de aprender.

Fuente: El Periódico de España

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