Un George Washington de dos metros contempla al visitante desde la sala 14 de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. El cuadro llegó a España a finales del siglo XVIII y nunca volvió a cruzar el Atlántico. Josef Perovani lo pintó en Filadelfia en 1796. Bajo la apariencia de un retrato oficial, la obra esconde una historia de diplomacia, viajes y poder. También constituye una rareza: es una de las pocas representaciones del primer presidente estadounidense conservadas fuera de su país. La institución madrileña, situada en el palacio de Goyeneche, vuelve ahora la mirada hacia este lienzo con motivo del 250 aniversario de Estados Unidos y lo convierte en el centro de una instalación que podrá visitarse hasta el 30 de diciembre.Seguir leyendo....
Un George Washington de dos metros contempla al visitante desde la sala 14 de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. El cuadro llegó a España a finales del siglo XVIII y nunca volvió a cruzar el Atlántico. Josef Perovani lo pintó en Filadelfia en 1796. Bajo la apariencia de un retrato oficial, la obra esconde una historia de diplomacia, viajes y poder. También constituye una rareza: es una de las pocas representaciones del primer presidente estadounidense conservadas fuera de su país. La institución madrileña, situada en el palacio de Goyeneche, vuelve ahora la mirada hacia este lienzo con motivo del 250 aniversario de Estados Unidos y lo convierte en el centro de una instalación que podrá visitarse hasta el 30 de diciembre.
Washington aparece de pie, solemne y rodeado de objetos cuidadosamente escogidos. Sin embargo, todo indica que nunca posó ante Perovani. El pintor veneciano construyó su imagen a partir de modelos anteriores. Para la composición general se inspiró en el célebre retrato Lansdowne, de Gilbert Stuart, mientras que el rostro parece derivar de una efigie realizada por Charles Willson Peale. No se limitó, no obstante, a reproducir aquellas referencias. Adaptó la escena para otorgarle un significado propio. El protagonista no es sólo el hombre que encabeza la nueva república, sino el representante de un acuerdo entre dos naciones.

El cuadro George Washington que pintó Josef Perovani, al completo. / RABASF
La explicación se encuentra sobre la mesa situada junto al presidente. Allí aparece el Tratado de amistad, límites y navegación firmado en San Lorenzo de El Escorial el 27 de octubre de 1795. El documento, conocido también como Tratado de San Lorenzo, reguló cuestiones comerciales y fronterizas. A su alrededor, Perovani desplegó un completo repertorio simbólico. Se distingue el plano diseñado por Pierre L’Enfant para la futura ciudad de Washington, así como una vista del río Misisipi atravesado por un barco con bandera estadounidense. También aparecen libros dedicados a la Constitución y las leyes, junto a figuras vinculadas con la Prudencia y la Justicia. Una paloma, un águila, ramas de laurel y varias flechas terminan de completar el mensaje.
El origen del cuadro está estrechamente ligado al diplomático español Josef de Jáudenes, participante en las negociaciones del tratado. Jáudenes quería regalar a Manuel Godoy un retrato de Washington pintado por Gilbert Stuart, el artista más solicitado del momento para fijar la imagen presidencial. Stuart no pudo hacerse cargo del encargo y el trabajo acabó en manos de Perovani, instalado entonces en Filadelfia y vinculado al entorno del diplomático. Una vez concluido, el lienzo viajó a España y pasó a formar parte de la colección de Godoy. Tras la confiscación de sus bienes, ingresó en la Academia en 1816. La institución restauró la obra en 2010, recuperando la intensidad de una composición concebida para ser leída casi como una página de historia.

El cuadro de Perovani está expuesto junto al retrato de Manuel Godoy que Goya pintó en 1801. / RABASF
Su actual presentación permite contemplarla junto al retrato de Manuel Godoy pintado por Goya en 1801 y al de Carlos IV como príncipe de Asturias, firmado por Mariano Salvador Maella. La proximidad recompone el contexto para el que la obra fue creada y refuerza su carácter excepcional. Entre algunos de los grandes nombres del arte español aparece este Washington nacido en Filadelfia, enviado a Madrid y cargado de referencias a tratados, rutas fluviales y ciudades aún por construir. Esa es su principal singularidad. Tras la rigidez propia del retrato oficial se conserva la huella de un mundo conectado por embajadas, encargos artísticos y travesías oceánicas. Un cuadro que hizo de la diplomacia una imagen y que, más de dos siglos después, ojo, continúa contando la historia de su viaje.