Hay quien salió con una bolsa. Quien metió a los niños en el coche sin saber si podría volver esa noche. Quien se marchó a Madrid, huyendo y sin apenas rumbo, antes de que cortaran los accesos. Quien regresó desde Cádiz al ver las noticias. Quien preparó maletas por si la orden de evacuación llegaba en cualquier momento. Y quien, como Ángel García, no pensó primero en su casa, sino en su granja, sus vacas y el fuego avanzando por el perímetro de Villa del Prado.
Hay quien salió con una bolsa. Quien metió a los niños en el coche sin saber si podría volver esa noche. Quien se marchó a Madrid, huyendo y sin apenas rumbo, antes de que cortaran los accesos. Quien regresó desde Cádiz al ver las noticias. Quien preparó maletas por si la orden de evacuación llegaba en cualquier momento. Y quien, como Ángel García, no pensó primero en su casa, sino en su granja, sus vacas y el fuego avanzando por el perímetro de Villa del Prado.
Los incendios forestales que golpean estos días el suroeste de la Comunidad de Madrid han provocado un éxodo silencioso desde la sierra hacia municipios de acogida, pabellones deportivos y viviendas de familiares. Al fuego declarado el miércoles en Almorox, en Toledo, que traspasó la frontera regional y ha arrasado ya miles de hectáreas madrileñas, se sumaron este jueves otros focos en San Martín de Valdeiglesias, tras arder un coche en la M-501, y en Villa del Prado. Las próximas horas se prevén complicadas por las altas temperaturas y el viento.
El éxodo provocado por los incendios en el suroeste de Madrid ya se traduce en una amplia red de acogida repartida por toda la región. La Comunidad de Madrid mantiene activos 13 puntos de atención en los que se atiende ya a 1.800 personas desplazadas, en dispositivos habilitados junto a los ayuntamientos para dar respuesta a los vecinos que han tenido que abandonar sus casas.

Vista de la humareda causada por el incendio forestal en Cenicientos, Madrid, este viernes. Los fuegos originados en Almorox (Toledo) y San Martín de Valdeiglesias (Madrid) se han fusionado en un solo frente que ha obligado a desalojar otros tres municipios del suroeste madrileño y que avanza sin control con unas condiciones climáticas muy desfavorables.- EFE/ Daniel González / Rafael Bastante - Europa Press / Europa Press
Por el momento, el número de evacuados supera los 60.000 vecinos que han sido evacuados o confinados de municipios como Aldea del Fresno, Villa del Prado, Pelayos de la Presa, San Martín de Valdeiglesias, Navas del Rey, Chapinería y Colmenar del Arroyo. Pero detrás de la cifra hay una escena mucho más concreta: vecinos esperando noticias, familias separadas, residencias desalojadas, animales trasladados, personas mayores derivadas a centros y pueblos enteros mirando el humo desde lejos.
"Hemos salido con lo puesto"María ha sido una de las vecinas evacuadas de Chapinería. Salió de casa junto a sus cinco hijos y se refugió en Móstoles, en casa de su hermano Jesús. "Hemos salido con lo puesto", explica a El Periódico de España, todavía pendiente de la evolución del incendio y sin saber cuándo podrá regresar.

Imagen del incendio en las inmediaciones de la laguna de Chapinería, donde las llamas han calcinado parte del entorno natural. / Cedida
No es la única. Como tantas otras familias, han pasado de la rutina de un pueblo de verano a la incertidumbre de una evacuación improvisada. En otros casos, el movimiento ha sido a la inversa. Eva estaba de vacaciones en Cádiz cuando vio las noticias. La inquietud fue creciendo hasta que decidió volver con su novio, David, y sus amigos para comprobar de cerca qué estaba ocurriendo. El fuego, en cuestión de horas, convirtió la distancia en angustia.
También Ángel tuvo que desplazarse a La Adrada, con desvíos poco habituales, con el fin de recoger a su hija Martina, de 15 años, que pasaba unos días de vacaciones con amigos en su pueblo donde pasa todos los veranos porque "es el mejor plan del mundo". Temía que, si no iba a buscarla, pudiera quedarse atrapada en el municipio por los cortes y la evolución del incendio.
Nuria, con familiares en San Martín de Valdeiglesias pendientes de su momento de la evacuación, describe otra imagen repetida estos días: la de las casas con bolsos preparados junto a la puerta. "Tienen ya los bolsos preparados", cuenta. La orden podía llegar en cualquier momento.
"San Martín de Valdeiglesias está rodeado"Sara, vecina de San Martín de Valdeiglesias, se encuentra ahora en Madrid, pero hasta este jueves permanecía en la zona. Se marchó antes de que se cortaran los accesos. Desde entonces, sigue la evolución del incendio con enorme preocupación. "Es desesperante", resume.
Tiene a su madre en una residencia del municipio, que por el momento no ha tenido que ser evacuada, aunque otros centros de mayores de la zona sí han sido desalojados. Explica que el fuego ha causado importantes daños en los alrededores y que parte de su familia se ha visto afectada por las llamas.
"Todo está muy complicado. San Martín de Valdeiglesias está rodeado por el fuego y hay zonas completamente arrasadas", relata. Ante la imposibilidad de regresar, Sara mantiene contacto permanente con Julia, una vecina que continúa en el municipio. "Hace apenas unos minutos me enviaba un vídeo en el que se veía la montaña ardiendo desde su casa", cuenta.
La imagen resume el desasosiego de muchos vecinos: estar lejos, mirar el teléfono, esperar vídeos, mensajes o llamadas, y no poder hacer nada más que seguir el avance del fuego desde la distancia.
La granja que resistió en Villa del PradoEn Villa del Prado, Ángel García, segunda generación de ganaderos al frente de la granja familiar La Huerta, dedicada a la producción de leche de vaca, vivió una tarde que define como "caótica". La explotación no fue evacuada y los animales están a salvo, pero durante horas el miedo fue constante.
"Parece que lo peor ha pasado", explicaba el viernes. "Ayer por la tarde se quemó todo el perímetro del pueblo y estuvimos a puntito de que nos entrara también en la granja". Según relata, el viento empujó las llamas con rapidez y la situación llegó a ser crítica. "Se pasó mucho miedo", reconoce.
Ángel cuenta que en un primer momento no les dejaban bajar a la granja. Finalmente consiguió acceder. Allí prepararon todo lo que tenían a mano. "En la granja está todo limpio y estábamos preparados con manguera por si acaso", explica. El ganado no fue evacuado, pero la tensión fue máxima. "La granja no se evacuó", confirma. Preguntado por si los animales están a salvo, responde de forma escueta, pero esperazandora: "Sí".
Su testimonio muestra otra dimensión de la emergencia: la de quienes, además de su vivienda, temen por sus animales, sus explotaciones y su forma de vida.
Pabellones convertidos en refugioMientras las llamas avanzaban, varios municipios empezaron a activar dispositivos de acogida. Móstoles habilitó los pabellones Paco Sedano, Rafa Martínez y La Loma para recibir a personas evacuadas, con camas, comida, agua, atención psicológica, trabajadores sociales, Policía Municipal, Policía Nacional y apoyo para animales de compañía.

El Ayuntamiento de Móstoles habilita tres pabellones deportivos para alojar a los evacuados por los incendios registrados en la región. / Cedida
Las Rozas también abrió sus instalaciones de La Marazuela para acoger a vecinos desalojados de Pelayos de la Presa y Colmenar del Arroyo. Allí trabajan Policía Local, SAMER y Protección Civil para atender a las personas desplazadas, realizar triajes y conocer sus necesidades. Las psicólogas de Protección Civil están a disposición de los afectados y la protectora municipal atiende a los animales.
El dispositivo incluye también la gestión de traslados y plazas disponibles en residencias, especialmente para personas mayores o con movilidad reducida. SAMER trasladó a un matrimonio de avanzada edad a una residencia, mientras los equipos de coordinación organizan comida y bebida con grandes superficies y restaurantes locales.
En Móstoles, Cruz Roja también colabora en la atención de necesidades básicas de las personas acogidas, especialmente en la preparación y entrega de comida. La emergencia ha convertido pabellones, polideportivos y espacios municipales en refugios improvisados para vecinos que hace apenas unas horas estaban en sus casas.
Esperar lejos de casaEl fuego no solo arrasa monte. También suspende vidas. Obliga a cancelar vacaciones, a salir corriendo, a separar a familias, a depender de un mensaje, de un parte oficial, de una foto enviada por un vecino que se quedó. Quienes han salido de sus municipios no saben cuándo podrán volver ni qué encontrarán al regresar.

Los incendios de Madrid, con afectaciones en Castilla y León y Castilla-La Mancha, en imágenes. / Carlos Luján - Europa Press / Europa Press
En las próximas horas, la prioridad seguirá siendo contener el avance de las llamas y proteger a la población. Pero mientras los equipos de emergencia trabajan sobre el terreno, el éxodo de la sierra hacia Madrid deja una imagen menos espectacular y más íntima de la catástrofe: la de familias durmiendo fuera de casa, ganaderos pendientes de sus animales, mayores trasladados, niños refugiados en casa de tíos y vecinos que miran el humo desde una distancia que no alivia el miedo.
"Es desesperante", decía Sara. Y en esa frase caben todos: los que se fueron, los que esperan, los que siguen cerca del fuego y los que solo quieren recibir una llamada que les diga que podrán volver.
Fuente: El Periódico de España