Вход на сайт

Просмотр новости

Найдите то, что Вас интересует

La llama que sigue encendida

Дата публикации: 12-06-2026 13:53:47

Hay imágenes que no se quedan quietas en los retablos de las iglesias sino que se cuelan en nuestras viviendas, se acomodan al fondo del pasillo sobre la puerta del dormitorio, en el almanaque en la cocina, em la puerta del piso e incluso en la cartera. Terminan formando parte del paisaje emocional más íntimo de nuestras vidas. Eso pasa, de un modo entrañable y bellísimo, con el Sagrado Corazón de Jesús. Cuando llega junio y el calor empieza a apretar, renace en nuestra memoria, una devoción familiar de las que se heredan en los gestos más sencillos: la fe de nuestras abuelas.

Основное содержимое страницы с новостью.

Hay imágenes que no se quedan quietas en los retablos de las iglesias sino que se cuelan en nuestras viviendas, se acomodan al fondo del pasillo sobre la puerta del dormitorio, en el almanaque en la cocina, em la puerta del piso e incluso en la cartera. Terminan formando parte del paisaje emocional más íntimo de nuestras vidas. Eso pasa, de un modo entrañable y bellísimo, con el Sagrado Corazón de Jesús. Cuando llega junio y el calor empieza a apretar, renace en nuestra memoria, una devoción familiar de las que se heredan en los gestos más sencillos: la fe de nuestras abuelas.

Si cierro los ojos, puedo volver perfectamente al dormitorio de la mía. Aquello era un auténtico sancta sanctorum, un refugio donde el tiempo parecía detenerse entre el olor a colonia fresca y al jabón que perfumaba los cajones. Sobre el cabecero de la cama, guardando el sueño, estaba el cuadro de las Ánimas. En la cómoda se erguía como un luto eterno su Santa Rita —que ya contaré su historia otro día— y, a su lado, la Inmaculada Concepción junto al Sagrado Corazón. En ese cuarto no había retratos grandes ni bisuterías ni vanidades de anciana. Mi abuela no era de tener fotografías allí; tan solo una, muy pequeña y sencilla, de mi abuelo, colocada justo al lado del tazón de aceite donde siempre, invariablemente, flotaban las mariposas encendidas alumbrando.

Para mí, el Sagrado Corazón siempre tendrá el rostro de esa habitación y el recuerdo de aquellas mañanas dominicales de infancia que venían justo tras del Corpus. Recuerdo ir de la mano de mi abuela a contemplar un cortejo que era un absoluto contraste. Por un lado, caminaban las mujeres mayores con sus mejores ropas oliendo a Joya y a laca Nelly. Iban cantando al Amor de los amores con una fuerza y una verdad que ya casi no se encuentran. Y por otro, el trono, portado por gente tan joven. Chavales que ponían todo el empeño del mundo, aunque a veces, claro, les costaba llevar el peso a esa hora del mediodía, con el calor encima y el asfalto ardiendo. Esa mezcla de la fe que reza cantando y la juventud que arrima el hombro es lo que mantenían viva la cadena.

Para quienes pasamos las horas entre bocetos de enseres, caminando a la parroquia y con la cabeza a mil a ver cómo podremos afrontar y organizar todo como al Señor le gustaría, mirar hoy esa iconografía despierta un amor especial. No es una representación fría ni distante; al contrario, es pura, cercana y se entiende con solo el corazón, sin necesidad de manuales de teología o arte. Pensemos en esas litografías antiguas, que me encantan, o en las imágenes, casi todas de Olot, de tantas iglesias. Hay una herencia inmensa ahí. Cada detalle —los rayos que brotan de la llaga y el fuego ardiente del que el corazón es cáliz— está pensado no para conmover sino para abrazar y hacerse nuestro refugio. No es un corazón de piedra, ni siquiera de escayola, ni una idea abstracta metida con calzador. Es carne, es fuego, es herida abierta por puro cariño de Dios a nosotros. Una iconografía que nos recuerda lo más humano que tenemos en un mundo que a veces se nos vuelve demasiado tecnificado y frío.

Ay... al escribir hoy estas líneas algo muy grande me quema por dentro. La muerte no avisa, y este miércoles el corazón de mi gran amigo se paró para siempre. Ignacio Castillo, con quien he compartido treinta años de vida, nos ha dejado huérfanos y no solo de su sabia palabra escrita entre estas páginas de La Opinión. Y la tremenda paradoja de la vida hace que su corazón se detenga justo en las vísperas de tan glorioso día. Es en estas horas de duelo, con el alma encogida y el ser desbocado, uno comprende de golpe lo mal que nos funciona a veces el corazón espiritual dentro de los propios templos y en las hermandades.

A veces parecemos contagiados por la manzana envenenada, como la de la reina de Blancanieves, que es el mal que busca hábitat en nosotros. Esa pócima de envidias, rencores y soberbia malsana que nos invade, nos intoxica y nos pudre por dentro. Cuando muerdes esa fruta con forma de corazón dejas de ver al hermano y lo llegas a observar incluso, como a un enemigo al que hay que hay que quitar de enmedio. Nos vemos demasiadas veces en las cofradías compitiendo a ver quién tiene el corazón más duro, quién lo tiene más de piedra. Llegamos a decir barbaridades como "ya no me afecta nada", "ya no siento nada" o "ya no me avergüenza nada", y seguimos caminando, avanzando a marchas forzadas o arrastrándonos como culebras, dándonos exactamente igual a quien tengamos que pisar. O incluso morder sutilmente en talón de quien se ponga por delante. Nos atrapa un corazón negro, ese en el que nos metemos todos como pecadores, y que el avance de los tiempos y el veneno de las redes sociales se encarga de pandemizar. Si no ponemos remedio, se terminará por pudrir, no solo la fruta más fresca y jugosa, sino lo más esencial de nuestras cofradías: el tronco. Si un árbol tiene la raíz y su columna podridos, jamás dará manzanas brillantes, rojas y exquisitas; dará solo enfermedad espiritual y muerte. Y de esa madera ni una pequeña cruz podremos construir.

Frente a esa miseria humana, cruel y devastadora, se eleva precisamente la liturgia de este día. Dios sintió la necesidad de enamorarse de nosotros. No por ser grandes ni perfectos, sino por la pura condescendencia de su amor. Un amor que tiene un poder salvífico real a través de la redención de su sangre. En el cuerpo humano, el corazón la bombea y la reparte por cada rincón para darnos vida; del mismo modo, el Corazón de Jesús riega con su sangre y su amor a toda la humanidad para limpiarnos de nuestras lepras espirituales.

Ay... pensando en Ignacio me viene a la memoria esa sobrecogedora escena de la película Ben-Hur que tanto nos gustaba. Cuando Cristo muere en la cruz, su sangre empieza a chorrear y a mezclarse con el agua de la lluvia. Y se convierte en un río que va bajando y bajando hasta bañar los pies de aquellas mujeres enfermas, abandonadas, rechazadas, humilladas, confinadas en la oscuridad de las cuevas, manchándose con ese barro bendito y, de repente, quedan sanadas. Sus pieles heridas, marchitas, condenadas a la podredumbre eterna vuelven a la vida. Es el reflejo exacto de lo que necesitamos hoy: que la sangre de ese Corazón como una fuente cure el helado y maloliente latido que tantas veces gastamos en las cofradías.

Ojalá en estos días, cuando veamos al Señor recorrer nuestras calles, dejemos por un momento de mirar lo dorado, lo estético o la música —que aunque ayudan, no lo es todo— y nos miremos hacia dentro a ver cómo está nuestro corazón verdaderamente. Porque cuando nos toque ponernos frente al espejo a solas, ante ese reflejo que siempre nos habla, en la más estricta intimidad, nos costará mucho reconocernos si no llevamos la conciencia limpia. Ay… Los cofrades guardamos las vivencias en el centro del pecho, como la Virgen María, pero no para que se corrompan en el rencor, sino para meditarlas en silencio.

En fin… Sé que Ignacio descansa ya, sano y salvo, en ese refugio seguro que es el seno de Dios. Ojalá a los que nos quedamos aquí, por ahora, el Sagrado Corazón nos devuelva la capacidad de amar de verdad, con mayúsculas y sin dobleces.

Схожие новости

#Наименование новостиТональностьИнформативностьДата публикации
1Carmen: de la mar a la eternidad04.920-07-2026
2La imagen del Sagrado Corazón de Jesús volverá a procesionar e irá acompañada de la talla del Padre Arnaiz0513-06-2026
3Una juventud unida en la calle Ancha por la devoción hacia Nuestra Señora del Carmen Coronada05.5818-07-2026
4La ciudad se vuelca con su patrón, San Eufrasio0504-05-2026
5La jábega como Navis Ecclesiae04.6214-07-2026
6Abran paso a los espetos de sardinas6512-06-2026
7Un «símbolo de amor divino» en Urgull0501-07-2026
8La Virgen que cambió de pueblo06.3119-07-2026
9Arde sobre quemado01425-07-2026

Классификация: Мнения. Схожих патентов: 0. Схожих новостей: 9. Тональность: 0. Информативность: 4.9. Источник: www.laopiniondemalaga.es.