Hay una estadística de hace algunos años que dice que Madrid es una de las ciudades del mundo con más zonas verdes. Sin embargo, el dato obvia la concentración. Si nos salimos de pulmones como el Retiro, la Casa de Campo o Madrid Río, la cosa se complica y abundan las plazas duras, esos espacios abiertos que hacen del cemento su patente de corso.Seguir leyendo....
Hay una estadística de hace algunos años que dice que Madrid es una de las ciudades del mundo con más zonas verdes. Sin embargo, el dato obvia la concentración. Si nos salimos de pulmones como el Retiro, la Casa de Campo o Madrid Río, la cosa se complica y abundan las plazas duras, esos espacios abiertos que hacen del cemento su patente de corso.
En este contexto, las terrazas con algo de verde cotizan al alza y, sobre todo al caer el sol, se convierten en lugares culto, refugios gastroclimáticos en los que soportar la calorina capitalina. No estamos hablando de esas mesas al borde de la carretera y en las que comer o cenar es casi un trámite, sino de lugares en los que vivir el sueño de una noche de verano.
SachaQuizá la terraza más deseada de la capital. Nada tiene que ver acudir a Sacha (Juan Hurtado de Mendoza, 11) en invierno con hacerlo en verano. Y la diferencia la marca ese conjunto de mesas en un espacio entre edificios que se convierte en el comedor más especial del mundo. La vegetación y las sombrillas ayudan a acondicionar un oasis en el que la tortilla vaga, la falsa laguna de 'txangurro' o el salpicón de bogavante de la casa saben aún mejor. Para redondear la experiencia es imprescindible intercambiar unas palabras con el alma mater, ese Sacha socarrón y tremendamente hospitalario que es historia viva de la gastronomía madrileña.

La terraza de Rubaiyat. / Rubaiyat
RubaiyatDe Sacha a uno de sus vecinos, este restaurante (Juan Ramón Jiménez, 37) ha cumplido 20 años estrenando piel con una reforma a cargo de Alejandra Pombo. Lo que no cambia es su terraza, considerada una de las mejores de la capital y en la que la vegetación se asoma a la mesa para aportar frescura pero sin restar protagonismo a la cocina a la parrilla, pionera en la selección del mejor producto. Los dados crujiente de tapioca o el chorizo criollo son solo la antesala a un festival carnívoro con cortes de distintas razas: 'baby beef', solomillo, entraña, 'tomahawk' o 'T-bone'. Un joven clásico de Madrid.

La terraza de Tse Yang. / Tse Yang
Tse YangCuando la gastronomía española aún estaba mirando (con recelo) a Asia, ya estaba ahí Tse Yang (Marqués de Villamagna, 1), también conocido como "el chino del hotel Villa Magna". 30 años nada más y nada menos cumple en 2026 y, aunque su comedor interior es agradable, lo verdaderamente fuera de serie es su terraza, situada a un palmo de la Castellana y sin embargo silenciosa y tranquila como pocas gracias a un ambiente de jardín oriental 'zen'. Aquí se comen los 'dim sum' que preparan con mimo desde hace tres décadas, con rellenos variados que van desde el langostino a los boletus con trufa. Y, por supuesto, el pato laqueado, preparado a partir de la raza Silver Hill Duck, considerada la mejor del mundo.

La terraza del Jardín de Arturo Soria. / El Jardín de Arturo Soria
El Jardín de Arturo SoriaUn oasis dentro de un oasis. Cuando Madrid hierve, salirse del centro y plantarse en Arturo Soria es una apuesta ganadora. Bien lo saben en este restaurante (Arturo Soria, 207), que con la llegada de la temporada de calor, pasa a abrir los siete días de la semana de manera ininterrumpida. Siempre a la sombra de los árboles está la zona de mesas altas, con una carta más informal en la que no faltan las gildas, las croquetas de jamón o el tartar de atún. En el comedor, la apuesta sube de nivel con pescados como el mero a la brasa con 'beurre blanc', crema de apionabo y espinacas salteadas; o, en el apartado de carnes, la picaña a la brasa con mantequilla de chimichurri antiguo.

La terraza de El Jardín de Arzábal. / El Jardín de Arzábal
El Jardín de ArzábalOtro 'gastrovergel' capitalino (Plaza del Emperador Carlos V, s/n) que se renueva este año. Bajo la carpa climatizada, la vegetación y las sombrillas crean un espacio a salvo del fuego exterior, con una configuración de mesas altas y bajas pensadas para que cada uno pueda elegir su propia aventura en el restaurante aledaño al Museo Reina Sofía. No faltan en la carta, claro, las celebérrimas croquetas del dúo Morales-Castellanos. Para completar la comanda: rape frito, tortilla de patata y ceviches. Para ponerlo todo (aún) más fácil, hay cocina ininterrumpida y para completar el plan, hay sesiones de dj todas las tardes de jueves a domingo. Otra manera de pasar el verano.

La terraza de El Jardín del InterContinental. / Hotel InterContinental
El Jardín del InterContinentalLos grandes hoteles de Madrid saben muy bien que su papel es dar cobijo tras una larga jornada de turisteo a los visitantes... pero no solo a ellos. Los locales, una vez sacudido de encima el miedo a traspasar el lobby, también se apuntan a disfrutar de espacios que abrazan. En la terraza del hotel InterContinental (Paseo de la Castellana, 49), la abundante vegetación y el murmullo de las fuentes de agua, crean el espacio perfecto para una cocina sensata y bien trabajada con el sello del chef Miguel de la Fuente. Con el verano, la carta se pone fresca con propuestas como el aguacate asado con bogavante o la ensalada de tomates de verano con vinagreta de soja y cecina de Black Angus.

La terraza del Club de Campo Villa de Madrid. / Álex de la roots
Club de Campo Villa de MadridAl lado de Madrid (carretera de Castilla, kilómetro 2) aún quedan espacios por descubrir. Sucede, por ejemplo, con el Club de Campo Villa de Madrid, que se abre a público más allá de sus socios para disfrutar de uno de los cocineros más fiables de la capital, Iván Sáez. En un espacio idílico, entre arboledas y con sonidos de insectos como hilo musical, Sáez propone una oferta con guiños afrancesados que se deja ver en platos como el arroz de pichón de Bresse, el 'pâté en croûte' de perdiz o el 'foie' mi cuit' con higos al brandy. También hay licencias asiáticas en el 'katsu sando' de costilla de jabalí o el 'tataki' de atún rojo. Y todo esto, a apenas un cuarto de hora de coche del centro de la capital.