Durante medio siglo, la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) ha crecido como un campus amplio, horizontal y aislado de las ciudades vecinas. Levantado a principios de los años 70 en Cerdanyola del Vallès, aquel modelo ha quedado obsoleto.Seguir leyendo....
Durante medio siglo, la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) ha crecido como un campus amplio, horizontal y aislado de las ciudades vecinas. Levantado a principios de los años 70 en Cerdanyola del Vallès, aquel modelo ha quedado obsoleto.
La universidad quiere ahora abrirse al territorio y convertirse en un campus-ciudad, con vecinos, servicios y actividad social y cultural más allá de las clases. Una de las principales estrategias será "densificar" el recinto: concentrar las nuevas construcciones en las zonas ya urbanizadas, con edificios más compactos y verticales, para evitar ocupar terrenos forestales y espacios naturales.
"Hemos pasado de aquel modelo de construcción horizontal a una progresiva verticalidad y una mayor densificación. Este cambio permite proteger los ecosistemas que tenemos a nuestro alrededor", explica el vicerrector de Campus y Sostenibilidad de la UAB, Xavier Gabarrell.
La transformación supone la antítesis del planteamiento original de la Autònoma. "En aquel momento se buscaba el aislamiento y ahora queremos apertura, permeabilidad con la sociedad y transferencia", señala Gabarrell. El objetivo es crear "una ciudad que no se apague por las noches, durante los fines de semana o en vacaciones".
Para impulsar este cambio, la UAB ha iniciado la redacción de un nuevo Plan director urbanístico (PDU), la primera revisión integral de la ordenación del campus en prácticamente 50 años. El planeamiento vigente procede de 1976 y, pese a las modificaciones posteriores, sus bases apenas han cambiado.
El nuevo plan deberá definir qué quiere ser la Autònoma durante los próximos 40 o 50 años y mejorar su conexión con Cerdanyola, Sant Cugat, Sabadell y el conjunto del Vallès.
El campus ocupa 260 hectáreas, recibe a más de 50.000 personas y cuenta con 2.253 residentes en la Vila Universitària y las casas Sert. A ellos se suman diariamente entre 5.000 y 6.000 trabajadores.
La universidad quiere evitar que el recinto se vacíe cuando terminan las clases. Para ello, apuesta por atraer más población estable, diversificar las actividades y ampliar los servicios sin perder su identidad académica.
Qué pasa con la viviendaEl encarecimiento de la vivienda en Barcelona y su área metropolitana obliga también a estudiar nuevas opciones para estudiantes, docentes, investigadores y trabajadores. La UAB podría ampliar la Vila Universitària con alrededor de un centenar de plazas, aunque el proyecto depende de la disponibilidad de recursos.
Además, todavía queda disponible un 31,8% de la edificabilidad del campus. La intención, sin embargo, no es impulsar una gran operación inmobiliaria, sino reordenar esa capacidad y construir de forma más compacta y vertical.
"El campus era entonces muy horizontal y, poco a poco, se ha ido densificando. Ahora ya somos un campus muy denso porque hemos preservado la zona forestal y las zonas verdes", afirma Gabarrell.
La superficie forestal ocupa aproximadamente 94 de las 260 hectáreas del recinto. La densificación permitiría preservar este terreno, proteger los ecosistemas y adaptar el campus a riesgos como las olas de calor, los incendios y las inundaciones.
"Formamos parte de una pieza que conecta hacia el norte con el parque de Collserola, a través de corredores ecológicos que deberán protegerse", sostiene Gabarrell.
Entre estos espacios se encuentran los terrenos situados al suroeste de la Vila Universitària y de la Ronda de la Font del Carme, junto a la Facultad de Medicina y las instalaciones de Applus+.

UAB a vista aérea / Cedida
Urbes colindantesLa otra gran transformación será la relación con las poblaciones próximas. Aunque la UAB se encuentra en Cerdanyola, su entorno inmediato incluye Bellaterra, Badia del Vallès, Barberà, Sabadell, Sant Quirze, Sant Cugat y Ripollet. El campus quiere relacionarse con estos núcleos como partes de un mismo ecosistema urbano, social y económico.
"No podemos vivir aislados. La sociedad debe formar parte de la universidad, plantearnos sus retos y trabajar conjuntamente con nosotros", sostiene Gabarrell. El cambio, subraya, no será únicamente urbanístico, sino también cultural: la UAB debe actuar como una herramienta al servicio del territorio.
Entre las iniciativas previstas para facilitar la permeabilidad y la conexión del campus con los núcleos urbanos del entorno destaca la transformación del eje que une el Parc de l’Alba, el puente sobre la autopista, la Facultad de Medicina, la Vila Universitària y Bellaterra. Actualmente, la zona residencial formada por la Vila Universitària y las casas Sert está desconectada del núcleo de Bellaterra por las vías de Ferrocarrils de la Generalitat, que cuentan con un paso subterráneo en la estación, y por la autopista.
En este eje se construirá un nuevo edificio que albergará instalaciones de investigación y la Facultad de Psicología y Logopedia. La universidad prevé que este equipamiento contribuya a potenciar la socialización y el flujo de personas, según información facilitada por la UAB a este diario.
Badia del Vallès, el núcleo urbano más próximo, ve la revisión como una oportunidad. Fuentes municipales reclaman que esa cercanía deje de ser "únicamente una realidad geográfica" y se traduzca en oportunidades concretas para la población.
El Ayuntamiento quiere vincular el proceso al proyecto BADHIC, una estrategia de transformación basada en la vivienda, la comunidad, el conocimiento y la formación a lo largo de la vida. Su aspiración es que Badia pase de ser una localidad situada junto a la UAB a consolidarse como un distrito universitario.
Un plan para las próximas décadasEl nuevo PDU se encuentra todavía en una fase inicial. Durante los próximos meses recogerá propuestas de la comunidad universitaria, los ayuntamientos y otros actores del territorio. La previsión es contar con un primer documento de objetivos a finales de 2026, avanzar en su redacción y aprobación inicial durante 2027 y culminar la tramitación en 2028, si se cumplen los plazos. Su aplicación se prolongará durante décadas. El plan dibujará las reglas para transformar progresivamente el campus.
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