Vivir en una comunidad de vecinos implica compartir mucho más que un edificio. También supone convivir con personas que pueden tener opiniones, necesidades e intereses muy distintos, por lo que no es extraño que, de vez en cuando, surjan desacuerdos relacionados con derramas, obras, cuotas o el uso de elementos comunes como el ascensor, el garaje o la piscina.