Manuel Arcila relata en un libro las claves del éxito nacional e internacional de la bodega y repasa sus más de seis décadas de trayectoria en la firma jerezana
El jerez vuelve a la gran pantalla
Tras 61 años de dedicación profesional en las bodegas Lustau, Manuel Arcila es una de las personas que mejor conoce la evolución histórica de la bodega jerezana. Aquel chico de tan solo 16 años que comenzó como aprendiz, acabó convirtiéndose en una de las figuras responsables del éxito a nivel nacional e internacional de la empresa con una filosofía basada en la innovación y la calidad. Todo ello queda recogido en su libro `Lustau. Calidad e innovación, las claves del éxito´. Un libro que nace con la intención de "dejar por escrito la trayectoria de una empresa y el agradecimiento a todas las personas que la hicieron posible".
“Tengo una gran satisfacción por lo que he hecho en mi vida. Siento agradecimiento por todas las personas con las que he tenido el gusto de compartir tiempo y trabajo y, sobre todo, a las familias Lustau y Caballero”. De esta forma, Manuel Arcila resume y agradece una larga carrera profesional donde trabajó como secretario del consejo de administración y subdirector general, director general y asesor técnico para asuntos institucionales, sectoriales y jurídicos.
Un comienzo inesperadoArcila recuerda a la perfección cómo fueron sus primeros pasos dentro del mundo del vino. Más que una decisión vocacional, fue algo que apareció en un momento complicado. “Era estudiante, tenía 16 años y me ofrecieron un trabajo. En aquella época no era fácil la vida y acepté”, explica.
Comenzó como aprendiz en Lustau bajo la tutela de Rafael Balao Chilla, una figura fundamental en sus inicios y de quien asegura haber aprendido los fundamentos del negocio. “Ahí empecé a aprender el negocio de Jerez”, afirma.
Los primeros años fueron una etapa de formación, ya que no solo aprendía del negocio, sino que también fue completando sus conocimientos en el mundo mercantil, contable, financiero e incluso público con la carrera de Derecho, la titulación de Perito Mercantil y la profesión de profesor en esta rama. Unos conocimientos que más tarde le valdrían para aplicarlos en el ámbito comercial y financiero de la empresa.
A los dos años de haber entrado en la empresa, Lustau decidió enviarlo a Inglaterra. “La empresa me mandó a Inglaterra a perfeccionar el inglés y a aprender el mundo del jerez. Eso me ayudó enormemente a interiorizar lo qué era el jerez y lo que era el negocio”. Esta experiencia supondría el punto de partida a una larga actividad internacional. En 1971 realizó su primer viaje de carácter comercial a Estados Unidos y, desde aquel entonces, recorrió numerosos países promocionando los vinos de Lustau. “Así fui avanzando y viajando por el mundo entero hasta hoy”, recuerda.
La calidad y la innovación, innegociablesNo es casualidad que la calidad y la innovación sean dos componentes esenciales de la portada del libro. Para Arcila, esta fue la filosofía que llevó a Lustau al éxito. “Teníamos un objetivo empresarial claro: la calidad unida a la innovación permanente”, dice.
El exdirector general de Lustau, en otro rincón de la bodega.
/ Miguel Ángel González
“El consumidor necesita que permanentemente se le vaya ofreciendo cosas nuevas. Si no, es una rutina”. Además, a esto se le añade un componente muy importante como es el de la comunicación. “La etapa a partir de 1980 se basó en la calidad, pero la comunicación iba acompañando todos los pasos que dábamos con la empresa a partir de ese momento.”
Arcila recalca que esta serie de decisiones venían respaldadas por una estrategia previamente planificada. “Había que buscar la rentabilidad, pero también un crecimiento planificado. No se puede crecer sin estar planificado”, explica.
La identidad propiaEntre los momentos más importantes de la historia de la empresa, Arcila recuerda que Lustau experimentó una gran transformación a finales de los años setenta y durante los ochenta. Fue entonces cuando la empresa decidió poner en marcha una identidad propia reconocible. “Encargamos una botella exclusiva para todos nuestros productos y reforzamos toda la comunicación de la empresa”, señala.
Una decisión que supuso que la marca lograra diferenciarse dentro de un mercado que cada vez era más competitivo. “La identidad y la comunicación fueron quizá el momento más crucial de nuestra historia empresarial”, asegura.
Repercusión internacionalOtra de las claves del crecimiento de la empresa fue adentrase en los mercados internacionales. Manuel Arcila explica que entender que el futuro no estaba solamente en España le abriría nuevas oportunidades. “Hubo que cambiar la estrategia. El mercado nacional no era suficiente, el objetivo seguía siendo el mismo, pero había que salir al mercado internacional”.
A finales de los ochenta, la influencia de uno de los críticos más influyentes del mundo del vino, Robert Parker, supuso una gran ayuda a nivel internacional. Tras enviarle varias cajas de vino, Arcila recuerda la repercusión que tuvo aquello. “Los consumidores iban por las tiendas con la revista en la mano pidiendo nuestros vinos”, recuerda.
También rememora otras iniciativas en Inglaterra, como la creación de un club conocido como `Emilio Lustau Almacenista Sherry Club´, con el objetivo de que los clientes pudieran hacerse socios y participar en degustaciones, comidas y viajes a Jerez para que conocieran Lustau. “Era un material divulgativo extraordinario y nos ayudó muchísimo a la expansión internacional”, señala.
El Grupo CaballeroEn 1990, Lustau se incorpora al Grupo Caballero. Arcila explica que, en ese momento, la empresa necesitaba un respaldo económico para consolidar su crecimiento. "La familia entendió que era el momento de buscar un socio que apoyara financieramente el proyecto". Más allá de considerar aquella operación como una pérdida de identidad, fue todo lo contrario. "Caballero apoyó una filosofía que ya existía. La calidad y la innovación continuaron siendo las señas de identidad de Lustau".
"El libro ha sido una de las mayores satisfacciones de mi vida profesional", confiesa Manuel Arcila.
/ Miguel Ángel González
La incorporación al grupo tuvo una alta importancia, ya que pudieron acometer inversiones, ampliar sus instalaciones y seguir desarrollando nuevos productos.
El traslado al actual complejo bodeguero en la calle Arcos fue un periodo que Manuel recuerda con mucho cariño. Unas instalaciones que tuvieron que ser completamente restauradas antes de iniciar su actividad actual.
“La segunda parte del siglo XX y los primeros 25 años del siglo XXI han sido las etapas más fascinantes. Sobre todo trasladarnos a este enclave porque son bodegas de hace tres siglos y reunirlas en un mismo espacio era muy complicado”.
El valor de las personasPese a que en el libro se hace un extenso repaso dedicado a las fechas, instalaciones y decisiones empresariales, Arcila insiste en que el verdadero patrimonio de la empresa son aquellas personas que la conforman. “Había que dejar por escrito el agradecimiento a las dos familias que han formado esta empresa y a todas las personas que asumieron su filosofía”, expresa.
Para Manuel, tiene una gran importancia haber transmitido unos mismos valores durante tantos años a lo largo del tiempo. “Los equipos cambian, como cambia un equipo de fútbol, pero la filosofía permanece. Esa cultura empresarial hay que trasladarla a cada persona que se incorpora”.
Precisamente, esa cultura empresarial que perdura en la empresa es la que hace que Lustau conserve esa identidad, tan reconocible después de más de un siglo desde su fundación en 1896.
El libro de toda una vidaLa idea de escribir el libro surgió a través de una propuesta del actual director general del Grupo Caballero, Luis Luengo. Arcila entendió entonces que era un buen momento para recopilar toda una vida basada en experiencias y dejar plasmada la historia de la empresa. “Ha sido una de las mayores satisfacciones de mi vida profesional”, asegura. “Aquí se ha recogido el testamento de muchas personas. Si no lo hacía ahora, ¿quién lo iba a hacer mañana?”, subraya.
Después de más de 60 años trabajando de manera incansable para Lustau, Manuel Arcila continúa defendiendo la misma idea que aprendió siendo un aprendiz, y es que los principios y, sobre todo, la calidad, nunca deben de olvidarse. “He pasado etapas difíciles en las que ha habido que reinventarse y cambiar estrategias, pero nunca cambiar el objetivo empresarial, la calidad”, concluye.
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