El nuevo shooter de Blackmill Games apuesta por el realismo, el juego en equipo y un ritmo pausado para recrear los frentes otomanos de la Gran Guerra con un apartado audiovisual sobresaliente
Cuando un rifle es (o parece) un palo, así juega The Moun
Mi juego favorito ambientado en la Primera Guerra Mundial siempre ha sido Battlefield 1, así que cuando descubrí que Blackmill Games iba a llevar su conocida serie WW1 hasta uno de los escenarios más importantes y, al mismo tiempo, menos explotados del conflicto, tenía claro que había que probarlo. Gallipoli recupera la campaña de Galípoli y los frentes otomanos para construir un shooter que se aleja bastante de la espectacularidad de los grandes referentes del género y apuesta por algo mucho más pausado, táctico y exigente.
La propuesta es clara desde el primer momento: aquí no somos un soldado todopoderoso capaz de acabar con media escuadra enemiga en cuestión de segundos. Somos un combatiente más dentro de un pelotón de 25 jugadores que necesita coordinarse con sus compañeros para cumplir los objetivos. Y esa diferencia cambia por completo la experiencia. Las partidas están planteadas alrededor de la conquista y defensa de posiciones, la destrucción de objetivos y el avance sobre las líneas enemigas, por lo que lanzarse al combate sin pensar suele terminar de la manera más habitual: muerto.
La ambientación es, sin duda, uno de los grandes argumentos de Gallipoli. El juego recrea escenarios inspirados en la campaña otomana de la Gran Guerra, desde los desembarcos en la cala ANZAC hasta los combates en la península de Galípoli, pasando por los áridos paisajes de Mesopotamia y escenarios urbanos como Kut-al-Amara. El contraste entre las costas, los desfiladeros, las zonas desérticas y las posiciones fortificadas consigue que las partidas tengan personalidad propia y, sobre todo, transmite la sensación de estar combatiendo en un conflicto muy diferente al que habitualmente representan los shooters bélicos.
Pero si hay un apartado que me ha convencido especialmente es el armamento. Gallipoli cuenta con más de 50 armas y piezas de equipamiento inspiradas en los arsenales británico y otomano, y cada una transmite una sensación diferente. Rifles como el Martini-Henry o los Lee-Metford no se comportan como las armas automáticas de un shooter contemporáneo. Apuntar, disparar, recargar y volver a ponerse en posición requiere tiempo.
Su apartado visual es muy notable.
Precisamente ahí reside buena parte de la magia del juego. El sistema de combate puede parecer lento durante los primeros minutos, especialmente para quienes estén acostumbrados a títulos como Battlefield, pero después empieza a tener sentido. La cadencia de las armas obliga a pensar cada enfrentamiento y convierte acertar un disparo a distancia en una satisfacción enorme. No hay una lluvia constante de balas: hay momentos de espera, observación y tensión hasta que aparece una oportunidad.
Además, el rendimiento del soldado está condicionado por factores como la familiaridad con las armas y el estado de supresión. Cuando las ametralladoras empiezan a disparar y las balas pasan cerca de nuestra posición, el personaje puede verse afectado por el estrés del combate, lo que añade otra capa de tensión. La munición también tiene un peso importante y obliga a administrar los recursos, especialmente cuando se desempeñan funciones que dependen de un uso continuado del armamento.
Diez roles y todos importantesLa estructura por clases refuerza todavía más ese componente táctico. Hay diez roles diferentes, cada uno con funciones concretas dentro del pelotón. Podemos asumir el mando como oficial, proporcionar fuego de cobertura con una ametralladora, actuar como francotirador o convertirnos en camillero para mantener con vida a nuestros compañeros. La elección deja de ser simplemente una cuestión de preferencias y pasa a depender de lo que necesita nuestro equipo en cada momento.
Es precisamente cuando los jugadores colaboran cuando Gallipoli alcanza sus mejores momentos. Una escuadra que avanza de forma coordinada, cubriendo diferentes posiciones y aprovechando las habilidades de cada clase, puede marcar la diferencia frente a un grupo de jugadores que se limita a correr hacia el objetivo. El chat de proximidad también puede generar situaciones muy divertidas y contribuye a esa sensación de estar formando parte de una pequeña unidad en mitad del caos.
Los enfrentamientos son multitudinarios con hasta 50 jugadores.
Eso sí, no es un juego perfecto. Su ritmo puede resultar demasiado lento para determinados jugadores y el movimiento del personaje tampoco termina de ser todo lo satisfactorio que debería. Algunas animaciones y determinados elementos visuales podrían tener un mayor nivel de pulido y también pueden aparecer problemas puntuales de estabilidad o de detección de impactos. Son aspectos que, al tratarse de un lanzamiento reciente, podrían solucionarse mediante futuras actualizaciones, pero que conviene tener presentes.
También hay margen de mejora en algunos diseños de los mapas. La ambientación es fantástica, pero determinados escenarios podrían ofrecer una estructura algo más trabajada para favorecer todavía más las alternativas tácticas. Aun así, la variedad de situaciones que plantea el juego consigue que las partidas no se reduzcan únicamente a avanzar de una cobertura a otra.
Historia militar por encima de todoY es que Gallipoli no pretende competir directamente con los grandes shooters bélicos de corte más arcade. Su público es otro. Es un título para quienes disfrutan de la historia militar, de los enfrentamientos más pausados y de la sensación de que cada vida tiene importancia. La incorporación de bots en las partidas públicas ayuda además a mantener la experiencia jugable cuando la población de jugadores no sea suficiente, mientras que el juego cruzado entre PC y consolas amplía las posibilidades de encontrar partida.
En el apartado audiovisual también deja muy buenas sensaciones. Los escenarios consiguen recrear con bastante acierto la dureza de los frentes otomanos y el diseño sonoro de las armas contribuye a la inmersión. No estamos ante una superproducción con el nivel técnico de los grandes lanzamientos del género, pero el conjunto funciona especialmente bien cuando la batalla se intensifica y el sonido de los disparos, las explosiones y las órdenes del resto del pelotón se apoderan del escenario.
Las ametralladoras ligeras son una pesadilla para los atacantes.
Además, uno de los mayores aciertos de Gallipoli es precisamente haber elegido un escenario histórico que no suele recibir tanta atención en los videojuegos. La campaña de Galípoli y los combates en Mesopotamia permiten acercarse a una parte de la Primera Guerra Mundial que queda habitualmente eclipsada por el frente occidental. Blackmill Games vuelve a demostrar con ello que existe espacio para explorar otros episodios del conflicto más allá de las trincheras francesas.
ConclusiónGallipoli es, en definitiva, una experiencia que apuesta por la paciencia en un género acostumbrado a la velocidad. Sus armas pesadas, sus recargas metódicas, la importancia de la munición, la supresión y el juego en equipo consiguen crear un shooter diferente. No es un título para todo el mundo, y precisamente por eso resulta tan interesante.
Para alguien que llega desde Battlefield 1, el cambio de ritmo es evidente. Aquí hay menos espectáculo y más estrategia; menos disparos y más tensión. Pero cuando una bala impacta después de haber esperado el momento adecuado, cuando un pelotón consigue tomar una posición prácticamente imposible o cuando un compañero consigue mantenerte con vida en mitad del fuego enemigo, Gallipoli demuestra por qué su fórmula funciona.
Blackmill Games ha encontrado en los frentes otomanos un escenario perfecto para continuar evolucionando su saga WW1. Tras Verdun, Tannenberg e Isonzo, esta cuarta entrega ofrece probablemente una de las propuestas más interesantes de la serie y, sobre todo, una nueva manera de acercarse a la Gran Guerra desde el videojuego. Si buscas un shooter frenético, quizá no sea tu juego. Si quieres sentir que cada disparo cuenta, merece mucho la pena darle una oportunidad.
Hemos podido probar este título gracias a una clave que nos ha remitido el estudio desarrollador a través de Press Engine.
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