El Congreso de los Diputados es la sede de la soberanía nacional. En él residen, no solo la representación democrática de nuestros ciudadanos, sino también la palabra, el contraste de modelos políticos y la confrontación legítima de ideas. Sin embargo, hace ya años que asistimos a un paulatino deterioro de las formas y del decoro que antaño presidían los plenos del Congreso. Los debates en el hemiciclo siempre han sido apasionados y hasta, en ocasiones, enconados, pero ahora, por obra y gracia del Partido Popular y de Vox, se han convertido en lamentables espectáculos de insultos, faltas de respeto, intimidaciones y provocaciones que están erosionando los propios cimientos de nuestra democracia.El episodio en el que la diputada del Partido Popular, Ana Vázquez, tuvo que ser expulsada por la Presidencia de la Cámara tras exhibir un espray de gas pimienta desde su escaño, no es en modo alguno un hecho aislado ni una anécdota estrafalaria. Tampoco fue inocuo. Después de que Ana Vázquez lo exhibiera, un asesor del PP reconoció haberlo manipulado en un baño y el incidente obligó a precintar zonas del Congreso y hasta doce personas tuvieron que ser atendidas.Un suceso que se une, lamentablemente, a otro de esta perversa naturaleza ocurrido justo un día antes y también en el hemiciclo. Mi compañero Lázaro Azorín relataba en la tribuna de oradores que pensó en "desaparecer" al descubrir que era homosexual y, desde la bancada de Vox, le gritaron que "debería haberlo hecho". Esta es la España que están construyendo nuestras derechas mano a mano.Ambos hechos son la plasmación de una deriva peligrosa que busca convertir el pleno del Congreso de los Diputados en un escenario para montar performances, sustituyendo la palabra por el atrezo, la insidia y la amenaza.Una deriva que busca intencionadamente despojar a las instituciones de su peso democrático y del respeto que se les debe. Los sucesos que les relato no pueden, ni deben, analizarse como exabruptos aislados. Son parte indisoluble de una metodología calculada que la derecha y la extrema derecha han depurado de manera sistemática a lo largo de los últimos años.La lista de agravios de PP y Vox a la solemnidad y el decoro parlamentario es tan larga como sonrojante: es el recorrido que va desde el "¡Que se jodan los parados!" de Andrea Fabra, o los desacatos de Martínez-Pujalte, pasando por la intimidación y el matonismo del diputado de Vox José María Sánchez amenazando al vicepresidente del Congreso, o la rotura de fotos de víctimas republicanas del presidente del Parlamento de las Islas Baleares, también de Vox, Gabriel Le Senne, hasta llegar al bote de gas pimienta de la popular Ana Vázquez.Se busca, de manera deliberada, degradar la vida pública para alimentar la desafección ciudadana, ahondar en la polarización y enfrentar a los ciudadanos. El objetivo es claro: si la ciudadanía percibe la sede de la soberanía popular como un estercolero donde todo vale, se extiende el cinismo del "todos son iguales" y pierde la democracia.Pero, afortunadamente, hay evidencias inapelables que nos diferencian radicalmente. Una de ellas es el hecho incontestable de que ningún diputado del Partido Socialista ha sido jamás expulsado de la Cámara Baja. Ni por desacatar reiteradamente el Reglamento, ni por insultar ni amenazar el decoro parlamentario. Ahí están las actas y las hemerotecas. La diferencia entre las fuerzas progresistas y las derechas no radica solo en las formas sino, también, y fundamentalmente, en la concepción misma del Estado de Derecho y del respeto institucional. Mientras los miembros del Gobierno y los diputados y diputadas socialistas, al igual que los del resto de fuerzas progresistas, venimos a los escaños a debatir leyes, revalorizar pensiones o ampliar derechos sociales, la coalición del PP y Vox acude a las sesiones plenarias con su arsenal de mentiras, insultos personales y artilugios prohibidos para tapar su clamorosa ausencia de proyecto de país.Alberto Núñez Feijóo no puede ponerse de perfil ante todo esto y debería depurar responsabilidades en sus propias filas. No lo hará. Él, que según nos confesó llegó a la presidencia del PP “para hacer política para adultos” y no insultar a nadie, ha acabado avalando y adoptando el hooliganismo de Abascal perdiendo cualquier sentido de Estado que un día tuvo el PP. Y en este punto aparece en escena lo que podríamos llamar la doctrina Sémper. Básicamente consiste en dejarlo todo para cuando Feijóo sea presidente, como si mientras tanto Feijóo no tuviera ninguna responsabilidad como líder de la oposición: los insultos, cuando Feijóo sea presidente. Los desahucios, cuando Feijóo sea presidente. Y ahora cabe añadir una pregunta más: ¿también las armas en el hemiciclo cuando Feijóo sea presidente?El PP se ha especializado en convertir cada problema en una promesa a futuro, cuando el respeto institucional no puede depender de quién ocupa La Moncloa.Feijóo no necesita esperar a ser presidente para hacer algo útil por España. Puede hacerlo ahora. Puede exigir respeto a las reglas, condenar los excesos de sus diputados y preservar la dignidad de una institución que degrada con su aquiescencia y su conformidad con estos episodios. Quien aspira a gobernar este país debe demostrar, en primer lugar, que es capaz de mantener el orden y la mínima dignidad cívica en las filas de sus grupos parlamentarios. No le pedimos que haga un favor al Gobierno. Le pedimos que haga algo útil por España y por nuestra convivencia democrática sin que él reciba nada a cambio. No debería ser tan difícil.Si quienes están obligados a preservar la dignidad de las instituciones se dedican a dinamitarlas por un efímero titular, o no sé cuántos clics en redes sociales, entonces esas mismas instituciones democráticas se vuelven cada vez más endebles. Es hora de decir basta. De poner coto a la chulería, el matonismo y la degradación sistemática del debate público. La democracia no se defiende con discursos vacíos, sino con el cumplimiento estricto del Reglamento, el respeto al adversario político y una condena rotunda a quienes confunden la representación de la soberanía nacional con un circo donde todo vale.______________________Montse Mínguez es la secretaria general del Grupo Parlamentario Socialista y portavoz del PSOE.
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