La octava sesión fue una noche marcada por la DANA, el caso de Sandra Peña, la vivienda y la defensa de la cantera
31/01/2026 Actualizado a las 11:43h.
La octava preliminar vino a despedirse de esta frase dejando marca, y monedas. Con el concurso ya maduro y el telón a punto de cambiar de teatro, la última noche en la ESAD apretó donde duele y afinó donde importa. Hubo regresos, con el Arroyo de la Miel y Ginés González padre e hijo, coplas que señalaron sin rodeos y repertorios que entendieron que en este punto del COAC ya no basta con gustar. Entre la risa bien colocada y la emoción sostenida, el Carnaval de Málaga dejó claro que las semifinales no serán una recompensa, sino una consecuencia.
Agrupación infantil 'Campamento de verano: Las espeteras' (Málaga)
Abrieron la última preliminar con humo de espeto y una verdad incómoda: hay niñas que entienden el Carnaval mejor que muchos adultos. 'Las espeteras' llegaron desde un campamento de verano malagueño vestidas de scouts con más chapas que complejos y con personalidades tan definidas que no necesitaron música para sostener el tipo. Emma, Carmen, Ana y Macarena, de nueve a trece años, defendieron su parodia solo con sus voces, diálogo constante y una idea clara de principio a fin. Ser pequeña, en Carnaval, no es menor.
Bajo la autoría y dirección de José Luis Zampaña Quintero y la coordinación escénica de Ana Vanesa Medina, el cuarteto infantil construyó un pequeño retrato social desde la risa y el «qué coraje» como leitmotiv generacional. La positiva, la negativa, la influencer y la enamorada de Málaga se cruzaron entre guiris en chiringuito, referencias al Cautivo, al Málaga CF, al Unicaja, a Picasso, a Chiquito y hasta a Isco, sin perder el hilo ni la frescura. Hubo crítica al mal uso del móvil, al postureo vacío y un tema especialmente bien tratado sobre el acoso escolar: «No soporto a los abusones… ay, qué coraje me da».
La parodia fue ágil, con golpes bien medidos y un discurso que, sin ponerse solemne, se permitió señalar también al Carnaval. «Málaga merece un carnaval de primera, que no desprecie la cantera», cantaron, y el teatro entendió que aquello no era un capricho infantil, sino una reivindicación. Espetos humeantes, pantalones con la Catedral y La Farola del puerto y una defensa clara del trabajo frente a la queja eterna de los mayores.
Destacó la capacidad de mantener el tipo durante toda la actuación, el equilibrio entre humor y mensaje y la naturalidad con la que resolvieron el diálogo cantado. Cuatro voces, sin artificios, sosteniendo una idea completa. Para ellas, el viernes se volvió el mejor día de la semana. Para el concurso, una evidencia: la cantera no es un descanso, es una responsabilidad.
Murga 'Los K.F.C. (Kentucky Family Country)' (La Línea, Cádiz)
De la playa espetera a una granja americana donde todo queda en familia. 'Los K.F.C.' aterrizaron en la ESAD como una estampa rural exagerada y deliberadamente torpe. Abuelas, cazadores, gemelos, madres con bebés en el bolso y algún que otro miembro llegando en carreta. Bajo la dirección de Juan Marcos Ledesma Moreno, la murga gaditana construyó un tipo colectivo que jugó a parecer ingenuo para lanzar una de las críticas más claras de la noche.
Banderas, gorras y camisetas con el lema deformado de «Make America Great Again» marcaron el tono desde el inicio. Caricatura de una sociedad que presume de ignorancia mientras desprecia el conocimiento. El contraste fue uno de los grandes aciertos del grupo. Cuando cantan, cantan muy bien. Cuando actúan, se permiten hacer el «cateto» con conciencia de ello. El pasodoble sobre la falta de oportunidades educativas, sobre la normalización de no leer, fue uno de esos momentos que reflejan la actualidad. «En su casa no había libros porque nunca tuvo ocasión», cantaron, enlazando pasado y presente con una abuela que tampoco pudo aprender.
El humor fue constante, físico y muy bien repartido. Descansos convertidos en juegos, risas entre ellos sin romper el tipo y personajes muy reconocibles, con tía Conchi memorable y un grupo que se mueve nervioso, activo, siempre en escena. Hubo crítica a la tecnología inútil, al postureo digital y a los productos de usar y tirar. «Tú vacilando con tu reloj compatible y yo con uno de hace veinte años que aguanta el jabón y la playa», remataron.
El popurrí fue una fiesta medida: bailes, palmas, alcohol mal entendido, fertilidad desbordada y una familia que no deja de crecer, incluso cuando no debería. La exageración llegó a la gripe aviar, a los animales resfriados y a una granja donde todo se contagia, menos el sentido común. Con buenas voces, tipo bien defendido y un mensaje que no se diluye en la pamplina, 'Los K.F.C.' demostraron que se puede hacer crítica social desde el disparate sin perder musicalidad ni intención. Una murga que parece estar de broma todo el tiempo, pero sabe exactamente de qué se está riendo.
Comparsa 'Los estraperlistas' (Arroyo de la Miel, Málaga)
Antes de abrirse el telón ya se escuchaba un nombre dicho en coro: Arroyo. Cuando el telón abrió entre neblina y luna llena, 'Los estraperlistas' regresaron al COAC tras cuatro años de ausencia con una propuesta que no vino a pedir sitio, vino a ocuparlo. Ginés González padre y Ginés González hijo aparecieron juntos, compartiendo copla y herencia.
Con autoría en la letra de Abraham Jaén Soto y dirección de Ginés González Tadeo, la comparsa construyó un repertorio de enorme carga emocional y una solidez vocal que sostuvo toda la actuación. Desde el primer pasodoble, una declaración de amor al Arroyo de la Miel de antes, al de las tres sopas de puchero, al respeto a los mayores y a la perseverancia como forma de vida, la comparsa dejó claro su territorio. «Soy del Arroyo, pueblo humilde y llano».
El segundo pasodoble fue uno de los momentos más íntimos de toda la fase de preliminares. Un canto a los hijos, a la paternidad cotidiana, al desorden del cuarto, a los cuentos antes de dormir y al «te quiero» que desarma cualquier cansancio. La escena, con padre e hijo compartiendo emoción sobre las tablas, desbordó el repertorio y se convirtió en algo más grande que una letra bien escrita. Hubo lágrimas, besos y un teatro conteniendo el aplauso hasta el final cada acorde.
Los cuplés bajaron el pulso sin romperlo. Uno sobre un Tesla que no llega ni a Torremolinos desde Benalmádena; otro, directo y sin anestesia, apuntando a Carlos Mazón y a la gestión de la DANA, con un remate que no buscó simpatía, sino memoria. En el popurrí, la comparsa desplegó todo su arsenal. Luces que mutaron del rojo al azul, de la rabia a la promesa cumplida; una guitarra delicada; y letras que denunciaron cómo «los ricos se hacen más ricos» mientras otros «tienen que pagar cantando». 'Los estraperlistas' dibujaron un arco emocional completo: fuerza, ternura, denuncia y regreso. Arroyo puro, sin barniz.
Murga '¡¡Shhh, que estamos ensayando!!' (Málaga)
El telón se abrió y el escenario se convirtió en un tablao flamenco gigante: guitarra gigante, sillas desproporcionadas, un libro de Historia del Flamenco y la ilusión óptica de que quienes cantaban eran duendes. Pequeños, sí, pero con mensaje grande. La murga malagueña dirigida por Danny García Romero, dio el salto a la modalidad adulta con una propuesta cuidada: cantar desde lo invisible.
Vestidos de duendes que solo actúan cuando nadie los ve, el grupo mezcló juventud y veteranía en un repertorio que fue de menos a más. En escena, un conjunto diverso y comprometido, con un componente en silla de ruedas marcando la percusión junto a otro a la batería, aportando no solo ritmo sino presencia. La murga tardó en conectar en la presentación, pero encontró su sitio en los pasodobles, precedidos por pequeñas parodias donde el «duende viejo» ejercía de guía. «Sabe más que por ser duende, por ser perro viejo», avisaban.
El primer pasodoble jugó con la idea de «la primera vez»: el primer beso, la primera lágrima, la primera libertad que se vuelve condena, hasta desembocar en una declaración de amor a Málaga. El segundo miró hacia dentro del Carnaval, defendiendo la cantera y señalando incoherencias con nombre propio, reforzado por la aparición de niños en escena sin necesidad de subrayados.
Los cuplés transitaron por la jerga malagueña y la gastronomía, contraponiendo la alta cocina a lo sencillo y abundante. Funcionaron como alivio, aunque sin grandes remates. El popurrí recuperó el pulso con cuartetas ágiles, baile y referencias culturales, cerrando con un mensaje optimista: cambiar los «no se puede» por los «voy a conseguirlo». '¡¡Shhh, que estamos ensayando!!' dejó una propuesta honesta, con momentos de fuerza y otros aún por pulir. Juventud con ideas, veteranía al mando y una defensa clara de la cultura popular. A veces, hablar bajito también es una forma de decir cosas importantes.
Comparsa 'Con esta comparsa me conformo' (Villanueva de Algaidas, Málaga)
Entraron con color y con una idea incómoda desde el primer acorde. 'Con esta comparsa me conformo' no vino a pedir comprensión, vino a discutirla. Desde Villanueva de Algaidas, con letra y música de Rubén Ligero Reyes y dirección de David Medina Muriana, el grupo desplegó un repertorio que convirtió el conformismo en enemigo común, en una especie de anestesia social que atraviesa trabajo, política, educación y hasta el propio Carnaval.
El primer pasodoble golpeó sin rodeos. El nombre de Sandra Peña no apareció como recurso emocional, sino como acusación directa a un sistema que miró hacia otro lado. «La mató el conformismo», cantaron, señalando la pasividad de un entorno cómplice. El segundo pasodoble puso el foco en la vivienda, en el desarraigo forzado, en la expulsión lenta de los barrios y en la imposibilidad de quedarse donde una nació. Una letra reconocible, generacional, sin dramatismo impostado.
Los cuplés rebajaron la tensión con referencias a los radares, las restricciones de movilidad y los controles de feria, siempre con el estribillo como lema vital: «nunca te conformes». El popurrí fue el espacio donde la comparsa se permitió jugar más, casi a ritmo de tango flamenco, mezclando crítica laboral, precariedad y una sociedad «de cristal» que presume de fortaleza mientras evita el conflicto.
Uno de los momentos más potentes llegó con la cuarteta dedicada a la autonomía de la mujer. «Ella no tiene por qué guardar luto», cantaron, reivindicando la libertad de elegir, de amar y de no aguantar. Las dos mujeres del grupo se dieron la mano visiblemente emocionadas, sin necesidad de escenografía añadida. El cierre volvió al Carnaval: si hay conformismo, será otra cosa, pero no fiesta.
Una comparsa joven que narra la realidad de los jóvenes. De forma valiente y bien cantada, entendiendo el humor como herramienta y la crítica como obligación. No se conforman, menos aún en carnaval.
Murga 'Menuda noche' (Estepona-San Pedro, Málaga)
Aunque seguramente más de uno pensó que los malagueños traerían el plató del programa 'Menuda Noche', ya hay experiencia suficiente para saber que esta murga nunca entra por donde se la espera. Lo que nadie imaginó es que, desde mucho antes de levantarse el telón, alguien había estado trabajando en silencio. Cuando el público se sentó en la ESAD y encontró una moneda de chocolate en cada butaca, la noche ya estaba en marcha. Solo faltaba que apareciera el culpable.
Y apareció. Ratoncitos Pérez convertidos en protagonistas de dormitorio infantil, cubos Rubik gigantes, dientes atados con hilo, bolsas de Valeriana y una escenografía que funcionó como un reloj. 'Menuda noche' convirtió el teatro en cómplice desde la primera mirada bajo la dirección de Alberto Benítez Laínez.
El primer pasodoble fue un piropo a Málaga desde la boca: ese lugar donde se respira, se reza y se saborea la vida. El segundo miró a la cantera, con una metáfora tan simple como efectiva, crecer en el Carnaval es echar los dientes poco a poco, sin correr, disfrutando del proceso. Un mensaje cantado con ternura y oficio, que conectó con un público ya entregado. Los cuplés fueron una sucesión de aciertos. Desde la comparación entre entrar de madrugada a por un diente y llegar con una buena tajada intentando no despertar a nadie, hasta el dardo cantado para Feijóo. El estribillo, coreado, dejó una de las frases más repetidas de la noche: «Málaga, te la están dando con queso».
El popurrí fue una fiesta de detalles. La paleta gigante levantada como Simba, el ratón «averiado» señalizado con una baliza, confeti sacado del bolsillo y una sucesión de referencias humorísticas bien engranadas. Nada sobraba. El público, en pie, entendió que no estaba ante una murga simpática, sino ante una propuesta redonda. 'Menuda noche' cerró las preliminares demostrando que hay grupos que hacen reír, y otros que construyen recuerdos. Estos, además, dejaron monedas. Y eso, hoy en día, «siempre vuelve con intereses».