La séptima preliminar confirma a Almería como potencia comparsista a un día de conocer quién cruza la frontera de las semifinales del COAC Málaga 2026
30/01/2026 Actualizado a las 10:01h.
«Yo no vengo aquí a interpretar, vengo a ser yo». Con esa declaración de intenciones, más política que poética, más verdad que teatro, la séptima preliminar del COAC Málaga 2026 dejó claro que el concurso ya no se mira en el espejo. Se mide, se compara y empieza a hacer cuentas.
La penúltima noche de preliminares fue una de esas jornadas que afinan el oído y ordenan la memoria. Comparsas que suben el listón sin pedir permiso, murgas malagueñas que entienden cuando el reloj del concurso marca la recta final y un cuarteto que, en solitario, recordó que aún hay quien se atreve a jugar en la parodia. A falta de una noche para cerrar esta fase, el teatro ya intuye nombres, repite estribillos y empieza a imaginar qué agrupaciones volverán a pisar las tablas cuando el telón se abra en semifinales.
Murga infantil 'Una murga y pico' (Málaga)
Entraron volando desde el Paseo del Parque, literal y simbólicamente, con Platero vigilando el nido y una bandada infantil que no necesita alpiste para sobrevivir al escenario. La murga de Susi volvió a dejar claro que la cantera no es un adorno del concurso, sino una declaración de futuro. Con letra y música de Francisco Martín Miranda y Agus Padillo, y bajo la dirección de Hugo Martín Jiménez, los pequeños pájaros de colores plantaron una idea clara: el Carnaval es casa, refugio y juego serio. Todo a la vez.
Vestidos con plumajes muy coloridos, cantaron desde la lógica infantil, no por ello menos profunda. Cantaron sobre Semana Santa, tronos que impresionan y bandas que erizan. También sobre una Málaga que no invita a emigrar: «Aquí tengo mi nido y soy feliz». El mensaje, sin subrayados, fue limpio: pertenecer también es una forma de resistencia. La murga funcionó por conjunto, por ritmo y por una naturalidad que muchos adultos siguen buscando. Estos pájaros volarán alto en el recorrido del carnaval malagueño.
Murga 'Lolailolailola', los que siguen en el Mundial' (Málaga)
Un trauma colectivo que traspasa el tiempo. El Mundial de 2030 ya no será en Málaga, y 'Lolailolailola' se presentó anclada, con gusto y sin complejos, en los años ochenta. En su forma de estar en el mundo. Pantalones de campana, blusas estampadas, pelos cardados y una alcachofa por micrófono para dejar claro que el reggaetón no entraba en los planes de este grupo. Bajo la dirección de Cristóbal Gallego Ruiz y con letra y música de Jesús Gutiérrez y Francisco José Díaz Santiago, reunieron a viejos conocidos del Carnaval malagueño en un ejercicio de nostalgia con retranca: Nico, Vicente Montalvo, Palos, el Lulu, el Cristo, el director Javi, Pacoli o el Roma.
El tipo funcionó porque no fue solo estético: todo les devolvía a los 80. La pérdida de la sede del Mundial 2030, la salud mental mal atendida, el mundo acelerado que ya no entiende de videoclubs ni de Mikasa en Dos Hermanas. «Yo remataba los balones… pero pa' beber agua me tenía que ir al bar», cantaron, y ahí estaba el retrato completo de una generación. Hubo crítica humor reconocible y bailes imposibles «porque no saben mover el culo», y con esos pantalones tampoco ayuda.
El repertorio sostuvo bien la idea, aunque algún remate pidió más fuerza para terminar de apretar al público. Aun así, la murga se movió cómoda en su terreno, el de quienes no quieren volver al pasado, pero tampoco pedir perdón por recordarlo.
Comparsa 'El nacimiento de la tragedia' (Almería)
«No vengo a interpretar, vengo a ser yo». La frase no pidió silencio, lo impuso. La comparsa almeriense regresó al COAC con una propuesta que no busca el aplauso rápido, sino la permanencia. Actores de tragedia clásica, sobre un suelo de piedra y con el sol cayendo lentamente al fondo, construyeron una obra que avanzó como lo suele hacer la verdad. Sin aspavientos, pero sin permiso. Bajo la autoría de José Miguel Moreno Ruiz y la música de Onofre Cortés Santiago, y dirigidos por Francisco José Moya Rodríguez, firmaron una de las actuaciones más sólidas y compactas de la noche.
Las voces, bien ensambladas y con un empaque que no se improvisa, sostuvieron un discurso que habló del carnaval como espacio de honestidad y de la vida cuando falla el sistema. «Detrás del telón es donde me convierto en actor, en mentira». El pasodoble dedicado a un cáncer de mama no detectado a tiempo, dardo para Juanma Moreno, fue uno de esos golpes que buscan memoria. La denuncia de un «error administrativo» convertido en ausencia irreversible. Sin dramatismo impostado, con crudeza medida. «Vaya Divina Comedia, sacar una tragedia en Carnaval», cantaron. La paradoja quedó resuelta en escena: la tragedia también puede cantarse, y vencerse.
El popurrí jugó con la luz y la sombra, con la comedia y la tragedia, cerrando con esperanza sin diluir la idea de «matar al personaje para ser uno mismo». Quizá los cuplés no alcanzaron la altura emocional del resto del repertorio, pero mostraron una obra pensada como conjunto, con principio, conflicto y resolución. Almería volvió a demostrar que su comparsismo no es episódico, es estructura, discurso y ambición bien entendida.
Cuarteto 'Los vizitantes' (Málaga)
Con una luz frontal, un pergamino y una nave aterrizando en Málaga, el único cuarteto del concurso asumió el riesgo que le tocaba: mostrar un género y defenderlo. Nada imposible para caras ya conocidas en el carnaval malagueño. Eduardo González Ortega, junto a Eduardo Lama y Rafael Estades 'el Morta', plantearon una invasión extraterrestre desde Villanueva del Asteroide con un objetivo claro: encontrar vida inteligente. Aunque a modo de spoiler, advirtieron que en el Ayuntamiento no hubo suerte.
La parodia, milimetrada y sostenida durante toda la actuación, encontró en el robot Arturito su eje narrativo, sin salirse del tipo ni perder ritmo. El humor fue reconocible y local. Antonio Banderas clasificado como «terrícola macho», Penélope Cruz como «terrícola hembra» y Falete quedando en un limbo interplanetario que provocó más de una carcajada. El guión, bien armado y con gags que no dependían del tropiezo, permitió que la historia avanzara sin atropellos, algo nada menor en esta modalidad.
Hubo algún desliz puntual en el tramo cantado del popurrí, lógico en un formato que no concede margen de error y más aún sin paletas que arropan. Aun así, el cuarteto sostuvo el tipo con gracia hasta el final, con un cierre simpático y coherente. En una edición sin competencia en su modalidad, 'Los vizitantes' recordaron que el cuarteto no es relleno ni reliquia. Es precisión, riesgo y pulso escénico. Y eso, hoy por hoy, también es vida inteligente.
Murga 'Lupita Fasion: Dando la talla' (El Burgo, Málaga)
Entraron como influencers. Aparentemente seguras, brillantes y con la música de 'Esa diva' marcando territorio. Lo de 'Lupita Fashion' no fue postureo de pasarela, fue sátira bien cosida. La murga de Francisco Pereña Ramírez regresó al COAC tras su pase a semifinales en 2025 con un tipo reconocible, actual y muy bien leído: divas de bajo coste, expertas en aparentar, sin gastar y en vender seguridad aunque el espejo pueda estar roto.
Pelucas rubias de flequillo rosa, gafas grandes, pañuelos de guepardo y batas de seda para explicarnos cómo se construye una reina del Shein, de las rebajas pasadas y de «la faja que aprieta pero estiliza». El humor estuvo en los detalles y en el lenguaje: la diva no se pesa, no dice su edad y siempre está «planaza». Desde ahí, el grupo fue hilando referencias muy locales. Unicaja, Málaga CF, la Zona de Bajas Emisiones entrando por El Molinillo y situaciones cotidianas reconocibles, como esa vida vendida en redes mientras se malvive en espacios mínimos.
El repertorio funcionó por concepto y actualidad, con un popurrí que permitió cambios musicales agradecidos y una interacción constante con el público. Hubo momentos algo desiguales en afinación y remate, pero la murga supo sostener el tipo con ayuda de la faja, y del arte. Lupita no vino a dar lecciones de moda, vino a señalar el escaparate, y eso, en Carnaval, siempre suma likes.
Comparsa 'Los rebeldes' (Almería)
No pidieron permiso. Entraron como quien toma la calle. 'Los rebeldes' cerraron la séptima preliminar con una comparsa que no se explica, traspasa la piel. Revolucionarios del Carnaval, con estética de clown combatiente, banderas rojas, barricadas simbólicas y papeles antiguos que parecían proclamas, los almerienses ofrecieron una actuación que fue tanto copla como declaración política. Aquí no hubo nostalgia amable, hubo memoria activa: «yo canto pa' que no se borre la verdad que nos quisieron esconder».
Desde los primeros acordes, voces potentes, bien empastadas, con una armonía que empuja, dejaron claro el alto nivel del grupo. Los pasodobles fueron el núcleo duro de la propuesta. Cantar para preservar la libertad, «pa' que la crítica no muera de miedo», para no olvidar lo que costó decir en voz alta, para señalar, sin rodeos, a quien gobierna desde el recorte y el olvido, «desde despachos donde nunca llega el eco del pueblo». Málaga estuvo presente como guiño y como aliada. «Canto en tu tierra aunque no sea mía, porque la libertad no entiende de fronteras», y la crítica a Moreno Bonilla llegó directa, sin metáforas tibias.
Los cuplés aportaron el tono más satírico frente al resto del repertorio, pero el popurrí volvió a levantar la obra como un manifiesto emocional. Rebeldes de Don Carnal que denuncian un Carnaval domesticado, «con las coplas encerradas entre cuatro paredes», alejado de la calle que le dio sentido. Entre sombras proyectadas y letras de enorme carga simbólica, apareció una cuarteta delicada y potente sobre el fin de los conflictos armados, «cuando el fusil se calle y el niño vuelva a jugar», demostrando que la belleza también puede ser subversiva.
El teatro respondió con un respaldo claro, consciente de estar ante una comparsa que trasciende la función puntual. 'Los rebeldes' no cantaron para gustar, cantaron porque «si no lo digo cantando, me ahogo por dentro». Y eso, en esta fase del concurso, los coloca, sin duda, entre quienes han venido para quedarse.