Isabelle Huppert es en 'La mujer más rica del mundo' un trasunto de la heredera del imperio L'Oréal, protagonista de un culebrón que mantuvo a Francia en vilo
16/04/2026 Actualizado a las 21:18h.
Los culebrones nos gustan cuando son reales. Y el que cuenta 'La mujer más rica del mundo' mantuvo en vilo a Francia durante una década. Su protagonista: Liliane Bettencourt, heredera del imperio cosmético L'Oréal, que falleció en 2017 a los 94 años. Según 'Forbes', su fortuna ascendía a 33.000 millones de euros. Nunca dirigió la empresa que había fundado su padre, pero siempre marcó el rumbo con sus decisiones.
Su hija, Francoise Bettencourt-Meyers, mantuvo una batalla judicial al recriminar al amigo íntimo de su madre, el fotógrafo François-Marie Banier, haberse enriquecido de forma abusiva con más de 1.000 millones de euros. En el escándalo se vio involucrado el expresidente francés Nicolas Sarkozy por un delito de abuso de debilidad de Liliane Bettencourt para obtener financiación, del que fue exonerado.
Banier no fue el amante de la mujer más rica del mundo, porque era gay y tenía pareja. Como demuestra la película de Thierry Klifa, el fotógrafo inundó de aire fresco la aburrida vida de la magnate. Un rótulo inicial advierte que la cinta «se inspira libremente en hechos reales y que por respeto a los difuntos y a los vivos se trata de una visión subjetiva de los autores». La familia protagonista no se apellida Bettencourt y la marca de cosméticos no es L'Oréal. Pero son ellos, incluido el mayordomo, que grababa conversaciones de la multimillonaria con asesores y amigos, un delito por el que acabó siendo acusado de violación de la intimidad.
Más allá del morbo, lo más destacable de 'La mujer más rica del mundo', estrenada en la sección oficial de Cannes fuera de concurso, son las interpretaciones de Isabelle Huppert y Laurent Laffite. Nadie hace mejor de rica que la gran dama del cine europeo, que puede pasar en un segundo del desdén, la altivez y la condescendencia a la vulnerabilidad. Laurent Laffite compone a un Banier procaz, libre, vulgar, disfrutón, que entra como un elefante en una cacharrería en la rutinaria existencia de la protagonista.
¿Por qué quedó deslumbrada una mujer inteligente, casada con un político de pasado antisemita, por un embaucador? «Es una revelación que tiene sobre sí misma», justificaba Isabelle Huppert esta semana en Madrid. «Creo que era alguien muy inteligente y brillante, una mujer de poder que se ocupaba de sus asuntos, y que, cuando conoce a este fotógrafo accede a un mundo digamos artístico, en el que se pueden expresar emociones y al que nunca había pensado que podía acceder».
Según la actriz, en el fondo, no conocemos en absoluto a Bettencourt en esta etapa de su vida. «La imagen que tenemos de ella es la del final de sus días, cuando ya es una mujer muy mayor y de la que se sospecha que ha podido perder la cabeza, lo cual probablemente era falso», opina Huppert, que no la conoció personalmente.
'La mujer más rica del mundo' se contagia de la ironía con la que Huppert y Laffite abordan sus respectivos personajes. Pierde algo de fuelle cuando los tejemanejes políticos entran en escena, pero rezuma ese consuelo benefactor con el que los pobres disfrutamos de las trapacerías y sufrimientos de los ricos.