La actriz se mete en la piel de Marianne, un trasunto de la heredera del imperio de L'Oréal, en 'La mujer más rica del mundo, la película que llega este viernes a las salas de cine
16/04/2026 Actualizado a las 19:26h.
Uno no puede evitar ver en Marianne, el personaje al que da vida Isabelle Huppert (París, 73 años) en 'La mujer más rica del mundo', a la propia actriz, con esa fama de diva incómoda y exigente. Baste un ejemplo: el pasado lunes permaneció alrededor de 35 minutos, en uno de los salones del Hotel Mandarin Oriental Ritz de Madrid, decidiendo cómo debía ser la luz que le iluminaba el rostro, antes de dar el visto bueno al maratón de entrevistas que ella y el director Thierry Klifa concedían con motivo del estreno de la película, que llega este viernes a las salas de cine. Y no lo puede evitar porque el papel que defiende tiene algunas de las frases «más divertidas, ingeniosas y crueles» del largometraje, como ella misma apunta.
Presentan los dos esta ficción inspirada en uno de los escándalos más célebres y insólitos de Francia: la estrechísima amistad entre Liliane Bettencourt, la heredera del imperio L'Oréal, cuya fortuna Forbes estimó en 2017 en 42.000 millones de dólares, y el joven fotógrafo François-Marie Banier, cuando la primera ya era una septuagenaria. Liliane agasajó al artista con cientos de regalos, entre ellos varios Picassos, y alrededor de mil millones de euros entre 1997 y 2007. El caso llenó las páginas de la prensa rosa y acabó en los tribunales cuando la hija de Liliane acusó a Banier de aprovecharse de la vulnerabilidad de su madre, que padecía demencia en ese momento.
Con los nombres de sus protagonistas cambiados, la cinta da comienzo con una secuencia de redadas policiales para volver sus pasos al origen de la historia, cuando la hija recomienda a Marianne conceder una entrevista a una revista para suavizar su imagen pública. Pronto inicia una amistad con el embaucador fotógrafo, encarnado brillantemente por Laurent Lafitte -se hizo con el César al mejor actor en Cannes-, que despertará su vulnerabilidad pero también un lado más alegre e impulsivo que jamás se había permitido. «Es una revelación que tiene sobre sí misma -explica Huppert-. Creo que era alguien muy inteligente y brillante, una mujer de poder que se ocupaba de sus asuntos, y que, cuando conoce a este fotógrafo, accede a un mundo digamos artístico y en el que se pueden expresar emociones, al que nunca había pensado que podía acceder».
«Como todo el mundo, seguí esta historia a través de lo que podía ver en los medios de comunicación. Después investigué, indagué, y me di cuenta de que no había una única verdad», explica a su lado Klifa acerca de los resortes que le impulsaron a trasladar la trama a la gran pantalla. «Lo que nos habían contado estaba ahogado bajo sumas de dinero absolutamente astronómicas y el asunto familiar se había convertido en un asunto de Estado. En realidad, todo eso que se había contado y vuelto a contar no me interesaba tanto, así que decidí centrarme en lo íntimo», dice el director.
Para ello optó por alejarse de la «caricatura» a la que habían sido reducidos los tres personajes de la historia: a saber, la multimillonaria aislada, el fotógrafo oportunista y la hija no querida. «Al tomar la historia desde el principio, y no desde el final, explicando cómo se había puesto todo en marcha, vi una historia que era a la vez una novela balzaquiana y una tragedia shakespeariana, pero que podía contar con un tono de farsa», continúa el cineasta, que se jacta de haber colocado la cámara donde ningún periódico, documental o programa de radio podía llegar: «Miré por el ojo de la cerradura y penetré en ese mundo que casi nunca se representa en el cine francés».
El hecho de que Klifa optara por contar la historia desde el principio fue clave para que Huppert accediera al proyecto. «Eso nos dio mucha libertad. Pudimos dejar a todos los personajes evolucionar según nuestra imaginación, y eso es siempre lo más valioso para los actores», comenta. Y es que la actriz considera relativamente «difícil» hacer una película sobre personalidades que han existido porque siempre está «la tentación de querer parecerse a ellos». «En el fondo, no conocemos en absoluto a esta persona y en esta etapa de su vida. La imagen que tenemos de ella es la del final de su vida, cuando ya es una mujer muy mayor, y de la que se sospecha que ha podido perder la cabeza, lo cual probablemente era falso», cuenta la actriz, que no la conoció personalmente.
Jugó también a favor un guion «ingenioso, con diálogos divertidos y a la vez bastante crueles, que aportan mucha riqueza» a una historia que Huppert describe como una comedia que lentamente se encamina hacia la tragedia shakesperiana: «En un momento dado, cuando se convierte realmente en un asunto familiar, con intereses económicos tan poderosos y perturbadores, se llega a una verdadera gravedad, y eso da mucha consistencia y profundidad a nuestros personajes».
Cabe preguntar a Klifa si se puede dirigir a alguien como Isabelle Huppert, a la que el 'New York Times' calificó como la «mejor actriz del siglo XXI». La pregunta lleva a la reina de Cannes -es la actriz que más películas ha presentado en la sección oficial del certamen- a esbozar una sonrisa. «No sé muy bien qué es la dirección de actores, sobre todo con alguien como Isabelle. Es cierto que antes del rodaje nos vemos mucho, pero en una mesa y alrededor del texto porque creo mucho en el instinto de los actores y es ahí donde vamos comentando cosas», comenta Klifa sobre una intérprete para la que solo tiene halagos.
«Siempre está al lado del cine y del lado del director, intentando elevar el nivel». En este sentido, la magia ocurre cuando todos se encuentran en el plató, con el vestuario y los decorados, señala Klifa. «A partir de ahí, componemos juntos. Es decir, yo quiero ser el primer espectador de lo que Isabelle va a hacer, dejarme sorprender. Es también es una relación de confianza. Eso les permite proponer cosas sabiendo que yo los observo, que tengo la película en mente, pero sin una idea preconcebida. Así que la dirección, si es que existe, se hace entre todos. Es algo que encontramos juntos», resume Klifa.
Lo cierto es que el trasiego de regalos y dinero es casi obsceno. Y no solo con el fotógrafo, al que defiende a capa y espada, y del que acaba convirtiéndose en mecenas. «Tu primer millón», anuncia a su nieto mientras le extiende un cheque en su cumpleaños. Su hija en la ficción le llega a decir que «en Francia los ricos no caen bien». Después de dar vida a la mujer más rica del mundo, cabe preguntarle si ve lógicas las críticas a los multimillonarios. «Depende de lo que uno haga con su dinero o de si es una riqueza heredada o ganada. Las riquezas no son necesariamente sospechosas», responde Huppert.