Cuando llega el verano y, con él, las olas de calor, muchas personas buscan soluciones rápidas para refrescarse, y una de las más comunes es darse una ducha con agua muy fría.Seguir leyendo....
Cuando llega el verano y, con él, las olas de calor, muchas personas buscan soluciones rápidas para refrescarse, y una de las más comunes es darse una ducha con agua muy fría.
La sensación inmediata de alivio puede hacerte pensar que ya no sientes calor y que es una buena opción. Sin embargo, lo que parece algo bueno puede no ser tan beneficioso como se cree.
Diversos expertos advierten de que someter al cuerpo a un contraste brusco de temperatura puede provocar un choque térmico, y el agua muy fría puede activar mecanismos de defensa que dificultan la regulación térmica.
En este contexto, entender cómo reacciona el cuerpo ante el calor extremo y qué prácticas son realmente efectivas son clave para no poner en riesgo al cuerpo.
Uno de los expertos que más comparte esta teoría es Álvaro Fernández, un 'influencer' graduado en Farmacia, ADE, Sexología y Nutrición y Dietética, que comparte sus conocimientos en su perfil de Instagram, en el que tiene más de 1,5 millones de seguidores.
En un vídeo que publicó hace un tiempo, el farmacéutico asegura que las duchas frías en plena ola de calor pueden tener un efecto contraproducente: "Estos días que hace tanto calor y piensa uno: 'Me pego una ducha de agua fría para refrescar y a funcionar; me va a venir fenomenal'. Pues qué va, que sepas que eso es contraproducente y al rato tendrás todavía más calor".
Según este experto, aunque al principio puedes sentirte genial, al cabo de un rato volverás a tener calor: "O sea, al principio sí, enfrías tu cuerpo con el agua y tienes 10 minutos de gustito, pero después, ¿qué va a pasar? Que, como has enfriado el cuerpo, este activa los mecanismos de producción de calor y, al rato, sofocón. Vamos, que estarás todavía peor".
En la misma línea se expresa el doctor Adam Taylor, un destacado profesor de Anatomía de la Universidad de Lancaster (Reino Unido) y divulgador en la plataforma 'The Conversation', reconocido por explicar de manera sencilla y rigurosa el funcionamiento del cuerpo humano, enfermedades y curiosidades médicas. Tiene más de 120 artículos y 16 millones de lecturas.
Este divulgador, en uno de sus artículos, parte de la base de que la temperatura ideal de nuestro cuerpo ronda los 37 °C. Si nuestra temperatura corporal se mantiene entre los 39 °C y los 40 °C durante demasiado tiempo, puede provocar daños en los órganos. Justamente, para que esto no suceda, el cuerpo utiliza diversas técnicas para regular su temperatura.
Para poder llevar a cabo estas técnicas, los vasos sanguíneos cambian de diámetro; concretamente, los que están más cerca de la piel se dilatan para permitir el paso de más sangre y así poder acercarse a la superficie más fría de la piel.
Según el experto, "el cuerpo entonces trabaja para hacer circular la sangre, de manera que el calor del interior del cuerpo pueda ser transportado a la periferia para enfriarse".
Entonces, ¿qué pasa cuando nos damos una ducha con agua fría? La respuesta va muy ligada a la explicación anterior: con el frío, esos vasos sanguíneos cercanos a la piel se contraen, reduciendo el flujo sanguíneo hacia esas zonas. Por tanto, tomar una ducha fría produce el efecto contrario al deseado, ya que disminuye el flujo sanguíneo hacia la superficie de la piel, y esto retiene el calor en los órganos y en nuestro interior, en lugar de disiparlo.
Además, puede provocar otros efectos que ponen en riesgo la salud: "La exposición al agua a 15 °C puede desencadenar la respuesta de choque térmico. Esto provoca que los vasos sanguíneos de la piel (los que están en contacto con el agua fría) se contraigan rápidamente. De esta manera, aumenta la presión arterial, ya que el corazón bombea contra una mayor resistencia".
A raíz de estos conocimientos, han ido apareciendo nuevos estudios. Uno de los que más ha llamado la atención es el 'Calentamiento corporal pasivo antes de acostarse mediante ducha o baño caliente para mejorar el sueño: una revisión sistemática y metaanálisis', publicado en 'Science Direct'. En este estudio se determina que ducharse 1 o 2 horas antes de acostarse con agua caliente mejora la calidad del sueño.
De hecho, según el estudio, una ducha con agua a unos 40 °C o 42,5 °C, incluso en verano, incrementa la eficiencia del descanso, es decir, el porcentaje del tiempo que realmente se permanece dormido mientras se está en la cama. Esto se debe a que el agua caliente estimula la circulación sanguínea, sobre todo en las manos y los pies, y de esta manera, favorece que el organismo expulse el calor con mayor facilidad.