Denuncian que Castilla y León afronta ahora la campaña agropecuaria más cara de la historia
COAG lamenta que el precio del gasóleo agrícola haya subido en lo que va de año un 95,63 por ciento impulsado, entre otras causas, por los efectos de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán. Según Coordinación Agraria, empresa de servicios de COAG para sus afiliados, asentada en Zamora, el último precio registrado la pasada semana es de 1,542€ por litro de gasóleo B: un 95,63 por ciento más caro que el último precio de 2025. La propia sociedad afirma que el dato es perfectamente extrapolable a toda Castilla y León y ofrece otra cifra: desde el comienzo de la guerra de Irán el precio del gasóleo B se ha disparado un 60 por ciento.
Según Lorenzo Rivera, coordinador de COAG, «por cada 10 céntimos que suben las operadoras el precio del gasóleo a los agricultores y a los ganaderos de Castilla y León, la factura del combustible se incrementa en 7 millones de euros». Además, defiende que las tímidas treguas pactadas entre los contendientes en la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, apuntan a caídas del precio de los carburantes que tampoco se trasladarán inmediatamente al poste por el denominado efecto cohete-pluma, también teñido de especulación. Las operadoras suben los precios en cohete y los bajan en pluma para mantenerlos en la zona alta de la escala el mayor tiempo posible.
Por todo ello, COAG considera que la única manera de garantizar el control de la especulación es topar el precio de los carburantes agrícolas. Recuerdan que esta medida ya se da en algunos países de Europa. Francia, Hungría, Portugal o Croacia estudian o aplican el tope regulatorio. «Se trata de establecer un precio máximo al litro de combustible de obligatoria aplicación por parte de las distribuidoras», insisten.
Los detractores de esta medida hablan de un riesgo de desabastecimiento y ponen como ejemplo el caso de Hungría donde se han producido incluso cierres de gasolineras. COAG propone hacerlo de manera racional y negociada. Topar solo el beneficio que produce la venta de combustible; también, hacerlo solamente con sectores estratégicos, como es el sector agropecuario, el de la distribución o el del trasporte. Hacerlo solo en situaciones de crisis, como es la actual. Y por último, topar con negociación y no con imposición, o sea, llegar a acuerdos con las operadoras acerca de cuáles deberían ser los precios máximos como está ocurriendo en Francia y donde está funcionando bien«, trasladan desde la organización.