Media Mallorca indignada por la escandalosa detención de las dos jóvenes activistas antiturismo de Santa Maria, y el PSIB-PSOE, de farra, mirándose al ombligo y repitiéndose qué buenos somos. Luego se extrañan de perder electorado a mansalva. Menudos genios.
Media Mallorca indignada por la escandalosa detención de las dos jóvenes activistas antiturismo de Santa Maria, y el PSIB-PSOE, de farra, mirándose al ombligo y repitiéndose qué buenos somos. Luego se extrañan de perder electorado a mansalva. Menudos genios.
La actuación de la Guardia Civil ha sido tan desmedida que ha provocado el efecto contrario al perseguido. Hacer el paseíllo a dos chavalas esposadas como si hubieran cometido un delito de sangre, cuando estamos hablando de unas pintadas, solo está animando a más mallorquines a sacudirse la pereza y el calor para participar en la manifestación del domingo 26 de julio contra la masificación.
El Govern de Marga Prohens, tan amigo de los tricornios, apoya la represión a la progresía malcriada de Mallorca. No lo reconocerá, pero sabe perfectamente que el uso abusivo de la autoridad le juega en contra. La vicepresidenta Antònia Estarellas y uno de los cachorros de Antoni Costa son de Santa Maria, así que información de primera mano no les falta sobre la tensión generada en el pueblo por la actuación policial excesiva.
Pero dejemos al PP y su obsesión por el orden, que ya conocemos de sobra, y volvamos a los socialistas y a su vergonzoso silencio. Sostienen que no pueden ponerse en contra de la Guardia Civil, pobre delegado del Gobierno -un tal Alfonso Rodríguez-, tan entretenido poniendo medallitas a los cuerpos de seguridad. Por no hablar de Aina Calvo, preocupada solamente por el ascenso del general Alejandro Hernández, en lugar de pedirle explicaciones por semejantes detenciones injustificadas.
Tampoco esperamos nada del Colegio de Abogados de Balears, siempre presto a alzar la voz para defender los derechos humanos en países lejanos o reclamar los pagos atrasados del turno de oficio, pero que calla cuando las tropelías se cometen en casa, no vayamos a pisar callos. Letrados mallorquines cuestionan en privado lo ocurrido, pero ninguno se pronuncia públicamente sobre por qué se detiene y se pasa a disposición judicial a dos acusadas de un delito no grave que han autorizado voluntariamente un registro de su domicilio, y por ende colaboran con la investigación. Solo el juez y el fiscal de guardia, el día de autos, dignifican el sistema al poner las cosas en su sitio y retratar a los autores del operativo sobredimensionado.
La respuesta punitiva contra los mallorquines hastiados del turismo, gestada en saraos veraniegos entre hoteleros, mandos policiales y cargos del Govern, era esperable. No en cambio el aval cómplice del PSOE balear, que la aplaude por omisión, sonrojando a toda la izquierda. Así le va, y, sobre todo, así le irá.
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