Los del primer tercio del siglo XX español fueron unos años de esplendor que merecieron el calificativo de "Edad de plata" de la literatura. Fue una época de grandes escritores que se movían entre la bohemia, las tertulias literarias, las revistas culturales y las primeras grandes editoriales. Los años de los orígenes del compromiso intelectual y del enfrentamiento entre progresistas y tradicionalistas en vísperas de la Guerra Civil. No es hiperbólico llamar "Edad de plata" a los años que iluminaron la obra de Valle-Inclán, Unamuno, Pío Baroja, Azorín, Pérez de Ayala, Gómez de la Serna, el pensamiento de Ortega y Gasset y de Eugenio d’Ors, la poesía de Lorca, Machado, Aleixandre, Juan Ramón Jiménez, Alberti, Miguel Hernández, Dámaso Alonso las novelas de Blasco Ibáñez, Gabriel Miró, Francisco Ayala, el teatro de Benavente, de Jardiel Poncela, de Alejandro Casona Una efervescencia cultural que fue interrumpida y ahogada por el golpe de Estado militar que provocó la Guerra Civil española.Seguir leyendo....
Los del primer tercio del siglo XX español fueron unos años de esplendor que merecieron el calificativo de «Edad de plata» de la literatura. Fue una época de grandes escritores que se movían entre la bohemia, las tertulias literarias, las revistas culturales y las primeras grandes editoriales. Los años de los orígenes del compromiso intelectual y del enfrentamiento entre progresistas y tradicionalistas en vísperas de la Guerra Civil. No es hiperbólico llamar «Edad de plata» a los años que iluminaron la obra de Valle-Inclán, Unamuno, Pío Baroja, Azorín, Pérez de Ayala, Gómez de la Serna, el pensamiento de Ortega y Gasset y de Eugenio d’Ors, la poesía de Lorca, Machado, Aleixandre, Juan Ramón Jiménez, Alberti, Miguel Hernández, Dámaso Alonso… las novelas de Blasco Ibáñez, Gabriel Miró, Francisco Ayala, el teatro de Benavente, de Jardiel Poncela, de Alejandro Casona… Una efervescencia cultural que fue interrumpida y ahogada por el golpe de Estado militar que provocó la Guerra Civil española.

Corresponsales de guerra ante el Alcázar de Toledo, destruido. / EFE
Son muchos los libros que se han escrito sobre nuestra Guerra Civil y tendrán que aparecer muchos más antes de dar por cerrado un conflicto que influyó decisivamente en la historia del siglo XX español y que está aún presente en este primer cuarto del XXI. Sobre aquella guerra ya se comenzó a escribir antes de que terminara. Entre los años 1936 y 1939 se publicaron 2.400 libros en la zona republicana y 1.250 en la zona nacional, algunos ya sobre la guerra. Aunque muchos eran literatura de agitación y de propaganda, se pueden rescatar algunas novelas, ensayos y poemas de una sorprendente calidad dada la situación por la que atravesaba la sociedad y la cultura españolas.
Afines a los rebeldesEntre las novelas escritas durante la guerra por autores afines a los rebeldes destaca «Madrid, de corte a cheka», de Agustín de Foxá, el escritor que con Sánchez Mazas y el gallego Eugenio Montes formaba el triunvirato literario de la Falange. Foxá fue un falangista que antes de la guerra era amigo de Alberti, de Bergamín, de Cernuda y de Lorca. Dicen que estas amistades lo salvaron de ser condenado a muerte. Esta novela trata el tema de las chekas, cuyo origen está los Comités revolucionarios creados por partidos políticos de izquierda y organizaciones sindicales que llegaron incluso a sustituir la acción del Gobierno en ámbitos como la justicia y el orden público. Estas competencias, asumidas al margen del poder e incluso desafiándolo, y los excesos provocados por algunos de estos Comités hicieron que, desde el bando franquista y sus medios de propaganda, se los identificara con las checas que se crearon en la Unión Soviética durante la revolución bolchevique para eliminar a los enemigos del régimen comunista. El objetivo era descalificar al gobierno de la República e identificarlo con la Unión Soviética y sus instrumentos represivos para, de este modo, legitimar el golpe de Estado como respuesta a una revolución comunista que se estaría fraguando en España. La novela fue un componente más de la maquinaria intelectual para destruir lo que iba a quedar de la cultura democrática y republicana. Fue la obra que cosechó más elogios de la crítica profranquista y alcanzó una mayor divulgación en la sociedad de la época, una novela que utiliza todos los resortes literarios y emocionales para denostar el régimen republicano y sublimar los valores del fascismo. Se publicó en San Sebastián en abril de 1938 por la editorial falangista Jerarquía. En «Madrid de corte a cheka» Foxá agigantó los errores que cometieron las autoridades republicanas desbordadas por las reacciones del pueblo de Madrid ante el golpe de Estado del 18 de julio de 1936, para elaborar un relato desde el que condenar a todo un sistema político al que identifica con los desmanes cometidos por una minoría de incontrolados. Agustín de Foxá contribuyó a componer la letra del «Cara al sol», el himno de la Falange, junto a José Antonio, Dionisio Ridruejo, Sánchez Mazas y José María Haro, un proceso que el escritor recrea con minuciosidad. Se ocupa también del quintacolumnismo en el Madrid sitiado, que califica de heroico, y se detiene en episodios como el ataque al Cuartel de la Montaña y el cerco al Alcázar de Toledo.

El escritor Wenceslao Fernández Flórez. / FUNDACION WFF
Lo cierto es que «Madrid de corte a cheka» fue una obra canónica que sirvió de modelo para otras similares que se escribieron durante la guerra, como «Checas de Madrid» de Tomás Borrás, y «Madridgrado» de Francisco Camba. A destacar también la novela «Preventorio D» del falangista Félix Ros, en la que se cuenta el saqueo de la casa de Juan Ramón Jiménez. A esta lista podemos añadir «Una isla en el mar rojo» de Wenceslao Fernández Florez y «La retaguardia» de Concha Espina, todas publicadas durante la guerra. Antes de que finalizase la contienda, en 1939, Rosario, hermana del general Queipo de Llano, publicó «De la cheka de Atadell a la prisión de Alacuas», en donde cuenta su detención por la brigada de Agapito Atadell y su paso por diversas cárceles hasta conseguir ser liberada en un intercambio de prisioneros. Al terminar la guerra, la periodista socialista Regina García, que desempeñó importantes puestos en el entramado republicano mientras mantenía contactos con la quinta columna y los falangistas, publicó unas memorias exculpatorias, escritas durante la guerra con el título de «Yo he sido marxista».
Afines a la RepúblicaEntre las obras de autores afines a la República en estos mismos años se destacan «Madrid, rojo y negro. Milicias confederadas», de Eduardo de Guzmán, «España sufre. Diarios de guerra en el Madrid republicano», de Carlos Morla Lynch, el escritor a quien Lorca dedicó «Poeta en Nueva York»; «Contraataque» de Ramón J. Sender, «Acero de Madrid» de José Herrero Petere, «Incierta gloria» de Joan Sales, combatiente en las columnas Durruti y Macià-Companys, que cuenta la guerra desde el punto de vista de los vencidos y que acaba de reeditar Anagrama; «Aloma» de la catalana Mercè Rodoreda. Y sobre todo el libro de relatos de Manuel Chaves Nogales «A sangre y fuego», publicado en Chile en 1937, ya exiliado el autor. En España hubo que esperar hasta los años de la transición política para poder leerlo.

Manuel Chaves Nogales. / EFE / Archivo
Chaves Nogales vivió intensamente los acontecimientos de la República y la guerra civil como un privilegiado observador desde su atalaya de periodista y director del diario madrileño «Ahora», y recreó literariamente desde el exilio esas experiencias en «A sangre y fuego», donde cuenta episodios de la guerra civil que batió records de crueldad entre los bandos enfrentados. Milicianos republicanos que buscan a quintacolumnistas, mujeres inocentes fusiladas por falangistas, el heroísmo de los soldados anónimos republicanos, la participación de soldados marroquíes en el bando franquista... Una de las lecciones que se extraen tras la lectura de estos relatos es la de que la derrota de la democracia frente al totalitarismo fue también en parte consecuencia de los excesos y la falta de ética de algunos responsables republicanos autoinvestidos de una autoridad que utilizaban para imponer penas injustas y tomar decisiones arbitrarias alejadas de las reglas de los derechos humanos. La otra gran lección que se desprende de estas historias es la constatación de lo poco que vale la vida en una situación de violencia fanática en la que los asesinatos en forma de ejecuciones sumarias se llevan a cabo sin respetar las más mínimas reglas de la moral y el derecho.
La Guerra Civil española le sirvió a Chaves Nogales para desarrollar sus dos facetas literarias, la del periodista que vive el día a día de la contienda desde su responsabilidad como director del periódico «Ahora», y la del narrador que rescata la intrahistoria de aquel periodo para convertirlo en literatura.
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