Cuando llegan las altas temperaturas, muchos corredores asumen que su rendimiento caerá inevitablemente. Sin embargo, un nuevo análisis basado en miles de entrenamientos plantea una perspectiva diferente: el calor no sería el responsable directo de que corramos más despacio, sino que somos nosotros quienes adaptamos el esfuerzo de forma consciente para proteger nuestro organismo.