Mucho antes de convertirse en una estrella del rock, Rod Stewart se ganó la vida como artista callejero en Londres, París y Barcelona, de donde le echaron aplicando la ley franquista de vagos y maleantes. Durante esta semana ha estado navegando por la costa de Ponent de Mallorca y la Serra de Tramuntana en un megayate de 72 metros de eslora valorado en más de 100 millones de dólares, y tras desembarcar en el Port de Sóller el lunes, coincidió con el músico Johann del Río, que tocaba en el paseo junto a barcos de menor eslora que el Coral Ocean. Con toda probabilidad Stewart se acordó de los tiempos de juventud en los que vivía de las monedas que los transeúntes le daban.
Mucho antes de convertirse en una estrella del rock, Rod Stewart se ganó la vida como artista callejero en Londres, París y Barcelona, de donde le echaron aplicando la ley franquista de vagos y maleantes. Durante esta semana ha estado navegando por la costa de Ponent de Mallorca y la Serra de Tramuntana en un megayate de 72 metros de eslora valorado en más de 100 millones de dólares, y tras desembarcar en el Port de Sóller el lunes, coincidió con el músico Johann del Río, que tocaba en el paseo junto a barcos de menor eslora que el Coral Ocean. Con toda probabilidad Stewart se acordó de los tiempos de juventud en los que vivía de las monedas que los transeúntes le daban.
El icono de la historia del rock, que ha vendido 250 millones de discos en su exitosa carrera, iba paseando con toda su familia por la calle de la Marina y, a la altura del bar Albatros, empezó a oír la inconfundible melodía de Piano Man, de Billy Joel. «Yo estaba interpretando una de las últimas canciones de la noche, no había demasiada gente y vi que se acercaba un grupo grande, de unas diez personas», como relata el artista callejero. «Una de las chicas que iba delante se puso a bailar al ritmo del vals y a él en un primer momento no le vi porque estaba detrás», añade quien lleva unos seis años en Mallorca y dos décadas como cantautor.
«Cuando el resto de paseantes llegaron, Rod Stewart se colocó frente a mí. Enseguida le reconocí, por lo que sonrió y nos saludamos. Yo seguí tocando, por supuesto, y él vio que el estuche de mi guitarra tenía unas propinas. Buscó en los bolsillos de sus pantalones, pero no llevaba dinero, y entonces se giró hacia un familiar para que se lo diese. Tras dejarlo en el estuche, me hizo el gesto de levantar los pulgares para indicarme que le gustaba cómo tocaba y nos reímos. Fue muy simpático», rememora.
Lo que más ha impresionado a Johann del Río es que hace 30 años escuchó en directo a Rod Stewart en su México natal y ahora casualmente se ha encontrado con él y quien cantaba no era la estrella del rock. «Fue muy bonito, una anécdota que no olvidaré». Aún no tiene en su repertorio al popular británico de voz rasposa, aunque lo añadirá «sin duda alguna». Además, sus principales temas son versiones de las décadas de los 60 y 70, así como sus canciones de rock acústico, por lo que hay cabida para incluir una o más del veraneante de 81 años. El intérprete mexicano continuará actuando frente al Albatros del Port de Sóller los lunes y jueves, mientras el resto de la semana se reparte entre hoteles de Pollença y el bar s’Hotel, en Binissalem; a la espera de que Burocrazya, el álbum que tiene en Spotify, reciba más visitas tras el elogio de un grande de la música.
El intérprete de temas como Sailing llegó navegando al Port de Sóller un día después de presenciar la final del Mundial de fútbol en el teatro Pereyra de Ibiza, donde tiene un palco vip en su honor. En la Pitiusa mayor también disfrutó del mar junto a su mujer, Penny Lancaster, sus hijos y sus parejas, además de otros familiares. Sir Rod Stewart es un amante de la navegación, por lo que puede que repita visita el próximo verano.

Johann del Río en plena actuación / .
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