Zapatero se ha sometido a una entrevista forzosa en campo propio por imposición de su partido, «los compañeros quieren explicaciones». Se presentó en TVE como víctima y demostró que no tiene defensa. El «nadie va a poder decir» que esgrime retador recuerda en la jerga presidencial al «ni hay pruebas ni las habrá» de Felipe González sobre los GAL, con resultado notorio. Ante la denuncia masiva de su implicación a cargo de sus socios, el expresidente ha retrasado la frontera de las mentiras. El «no sé nada de Plus Ultra» se ha metamorfoseado en «no hablé con el Gobierno de Plus Ultra», sin aclarar si habló con Plus Ultra del Gobierno según detallan tres imputados por escrito.
Zapatero se ha sometido a una entrevista forzosa en campo propio por imposición de su partido, «los compañeros quieren explicaciones». Se presentó en TVE como víctima y demostró que no tiene defensa. El «nadie va a poder decir» que esgrime retador recuerda en la jerga presidencial al «ni hay pruebas ni las habrá» de Felipe González sobre los GAL, con resultado notorio. Ante la denuncia masiva de su implicación a cargo de sus socios, el expresidente ha retrasado la frontera de las mentiras. El «no sé nada de Plus Ultra» se ha metamorfoseado en «no hablé con el Gobierno de Plus Ultra», sin aclarar si habló con Plus Ultra del Gobierno según detallan tres imputados por escrito.
Zapatero estaba mejor callado. Es un boxeador noqueado que vive en otro mundo. Ha tenido que asumir por fin su protagonismo en «el consultor era yo», pero vuelve a juguetear con la verdad al desafiar a que «quien lo insinúa, lo tiene que probar». No se trata de insinuaciones, porque los rescatados le acusan por escrito de ser el artífice de un salvavidas muy bien remunerado. Se advierte una vaguedad muy calculada en los contactos de ZP con el Gobierno, porque nadie está dispuesto a negar su capacidad de influencia, pero la entrevista se adentra en el terreno chiripitifláutico con las joyas millonarias. «Estaban allí», como el dinosaurio de Monterroso en una cita inapropiada para un presidente borgiano. Son «un regalo de cortesía», arrasando así con un siglo de socialismo dado el precio del obsequio. Y sobre todo, «no había un afán patrimonial». Solo le faltó firmar su propia sentencia de muerte política. ¿Qué candidato invitará al expresidente a participar en un mitin en las próximas elecciones?
Se insiste de modo inexacto en que el PSOE mantiene la inocencia de Zapatero, cuando ahora se aferra masivamente a la «presunción de inocencia», que merecen incluso los asesinos antes de la sentencia. El presidente imputado dejó caer que habló «no hace mucho» con Pedro Sánchez, comprometiendo así a su sucesor en un abrazo mortal. Y su agradecimiento al «apoyo que me ha dado el partido» suena amenazante. O si no.
Suscríbete para seguir leyendo