El estudio muestra que ser de raza o mestizo puede influir en algunos diagnósticos, pero en muchos problemas de salud comunes apenas se encontraron diferencias
¿Ser mestizo protege a un perro frente a las enfermedades? La idea de que una mayor diversidad genética puede reducir determinados trastornos hereditarios lleva décadas circulando, pero la realidad es bastante menos sencilla. Algunas enfermedades sí aparecen con mayor frecuencia en ciertas razas, mientras que en otras el origen del animal parece importar mucho menos.
Un nuevo estudio publicado en Frontiers in Veterinary Science aporta datos a gran escala. Los investigadores analizaron 28.812 perros atendidos en 103 clínicas veterinarias de Corea del Sur entre 2016 y 2024, con más de 113.000 consultas registradas. De ellos, 26.077 estaban clasificados como perros de raza y 2.735 como mestizos.
Nueve problemas aparecieron más entre los perros de razaLos investigadores seleccionaron los 20 diagnósticos más frecuentes y compararon ambos grupos teniendo en cuenta edad, sexo, esterilización y número de visitas al veterinario.

Después de esos ajustes, nueve enfermedades presentaron una probabilidad de diagnóstico significativamente mayor entre los perros de raza. La diferencia más grande apareció en la meningoencefalitis: las probabilidades ajustadas eran 2,77 veces mayores que entre los mestizos.
También destacaron la enfermedad del disco intervertebral, con unas probabilidades 1,85 veces mayores; la degeneración mixomatosa de la válvula mitral, 1,57 veces; y la luxación de rótula, 1,54 veces.
La lista incluía además hiperadrenocorticismo, otitis externa, luxaciones articulares, pancreatitis y trastornos cutáneos por hipersensibilidad.
Sin embargo, una cifra alta no siempre significa que una enfermedad sea frecuente. La meningoencefalitis, por ejemplo, fue diagnosticada únicamente en el 0,9% de los perros de raza y el 0,3% de los mestizos.
En diez enfermedades, ser mestizo no marcó una diferencia claraProbablemente este sea uno de los resultados más interesantes del trabajo. De los 20 problemas estudiados, diez no mostraron diferencias estadísticamente significativas entre perros de raza y mestizos una vez realizados los ajustes.
Entre ellos estaban problemas tan habituales como la dermatitis atópica, otras dermatitis, la gastroenteritis, la enfermedad renal crónica, la epilepsia y los cálculos urinarios.
Es decir, los resultados no respaldan una regla sencilla según la cual “los mestizos son más sanos” o “los perros de raza enferman más”. El patrón depende mucho de qué enfermedad se analice.
En algunas patologías estructurales, neurológicas o cardiacas sí pueden intervenir características físicas o predisposiciones heredadas que se concentran en determinadas razas. En otras, factores ambientales, alimentación, cuidados y múltiples componentes biológicos pueden tener un peso mucho mayor.
El caso que parecía favorecer a los mestizos tenía una explicación más complicadaHubo una excepción en sentido contrario. Los tumores mamarios aparecieron en el 3,6% de los mestizos frente al 2,4% de los perros de raza, y la diferencia siguió siendo significativa después del ajuste estadístico.

Pero los propios autores advierten contra una lectura rápida. El momento en el que se esteriliza a una hembra puede modificar considerablemente su riesgo de desarrollar tumores mamarios y el estudio solo disponía de información sobre si el animal estaba esterilizado o no, no sobre cuándo se había realizado la intervención. Por eso consideran probable que existan factores de confusión detrás de esa diferencia.
El tamaño del perro puede explicar parte del resultadoHay además una peculiaridad importante en la muestra: estaba dominada por razas pequeñas. Maltés, caniche y pomerania representaban por sí solos más de la mitad de los animales, y las diez razas más frecuentes reunían el 83,6% de toda la población analizada.
Eso importa porque enfermedades como la luxación de rótula o determinados trastornos vertebrales están muy relacionadas con la morfología y el tamaño corporal. El estudio no pudo ajustar sus resultados directamente por peso, por lo que una parte de lo observado podría deberse a que el grupo de perros de raza estaba lleno de animales pequeños y no simplemente a que fueran “de raza”.
Los autores insisten además en que el trabajo no mide el riesgo real de enfermar, sino las probabilidades de que determinados diagnósticos aparecieran registrados en historiales veterinarios.
La conclusión, por tanto, es menos rotunda pero más útil: ser mestizo o de raza puede cambiar la probabilidad de algunos problemas de salud, pero no determina por sí solo cuánto va a enfermar un perro. Su raza concreta, tamaño, anatomía, edad, cuidados y seguimiento veterinario siguen siendo piezas fundamentales de la historia.