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Curiosidades bodegueras

Дата публикации: 01-06-2026 01:12:09

Nombres y hechos para recordar
La intrahistoria del jerez


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Unamuno explicaba que la Historia oficial habla de reyes, guerras, tratados o revoluciones, pero debajo de esos acontecimientos existe otra historia más profunda y constante: la de las familias, los campesinos, los artesanos, los vecinos y las costumbres que mantienen viva una sociedad generación tras generación. A eso lo llamó “intrahistoria”.

La intrahistoria, por tanto, hace referencia a la vida silenciosa y cotidiana de las personas comunes que transcurre bajo los grandes acontecimientos históricos. Frente a la historia oficial la intrahistoria pone el foco en quienes sostienen la continuidad de una sociedad.

Según esta idea, los cambios verdaderos de un pueblo no dependen solo de hechos espectaculares, sino también de las costumbres, la cultura popular, la lengua y la memoria colectiva transmitida de generación en generación.

Hablar de la historia del jerez desde la intrahistoria significa, en definitiva, reconocer que el prestigio universal de estos vinos no pertenece únicamente a las grandes marcas, sino también a miles de vidas anónimas que, desde la cotidianeidad, construyeron la memoria cultural y económica de Jerez de la Frontera a lo largo de los siglos XIX y XX.

Hoy, la intrahistoria sigue siendo una herramienta útil para estudiar la memoria social y la experiencia cotidiana de las comunidades.

Vino con humor

El pasado 13 de abril tuvo lugar, en una de las salas del Palacio de San Dionisio, la inauguración de la exposición Cata humorística del vino de Jerez.

La muestra, que podrá visitarse hasta el próximo mes de junio, reúne una cuidada selección de tiras creadas por el artista jerezano Pedro Carabante ´Peri´, centradas en el universo del vino de Jerez y publicadas durante años en la sección En un periquete del Diario de Jerez. En ellas desfilan sus escenarios cotidianos, sus personajes y ese lenguaje popular en el que el vino aparece integrado de manera natural en la vida diaria. El resultado es una mirada cercana y lúcida, donde el humor no solo provoca la sonrisa, sino que también celebra una identidad compartida profundamente vinculada a la cultura jerezana.

Fulgencio Meseguer, Pedro Carabante y el autor de El Rebusco en la inauguración de la exposición. Fulgencio Meseguer, Pedro Carabante y el autor de El Rebusco en la inauguración de la exposición.

Con motivo de esta exposición se ha editado, además, un atractivo libro-catálogo que recoge una amplia selección de las historietas gráficas que durante años hicieron las delicias de sus fieles seguidores.

Pedro Carabante (Jerez, 1945) es un reconocido publicista, cartelista, dibujante y una de las grandes firmas del humor gráfico de la ciudad. Esta exposición brinda igualmente la oportunidad de recordar a otro destacado representante de este género: Manuel Rodríguez Romero (1934-2009), conocido artísticamente como Maro. Admirado por el propio Peri, colaboró en diversos medios de ámbito nacional y local, dejando parte de su producción recogida en publicaciones como El “jerez” en el humor y Jerez visto por Maro.

El siempre ingenioso humor de Maro. El siempre ingenioso humor de Maro.

Del pintor y cartelista Fernando Toro Ramírez (1916-1985), que firmaba sus trabajos como Ramírez, se incorpora igualmente uno de los escasos dibujos que dedicó a este formato de inspiración humorística, enriqueciendo así el recorrido por una tradición gráfica estrechamente ligada al imaginario del vino de Jerez.

Divertida creación de Fernando Toro Ramírez. Divertida creación de Fernando Toro Ramírez.

Un duque y su jerez

El cordobés Ángel Saavedra (1791-1865), III Duque de Rivas, fue un destacado literato y político español que, para el ejercicio de sus labores diplomáticas en Nápoles, justo a mediados del s. XIX, no dudó en convidar a sus ilustres invitados con vino de Jerez, señal inequívoca de distinción y buen gusto, marchamo acreditado de calidad probada ante el mundo.

Según el mismo Duque, y para las meriendas con sus amigos llevaba siempre "bollos de manteca, un pete de foigrás, Jerez, Champaña, jamón, pavo trufado y fruto seco·

Esta curiosa, y poco conocida información, la hemos extraída del artículo publicado por José de las Cuevas en El español, con fecha 25 de septiembre de 1943: “Dos cartas inéditas del Duque de Rivas". Un ejemplar del trabajo se guarda en el fondo Soto Molina del Archivo Municipal de Jerez.

Las cartas del duque de Rivas mostrando su interés por el jerez. Las cartas del duque de Rivas mostrando su interés por el jerez.

En 1844 Ángel Saavedra escribía al bodeguero jerezano Francisco Rivero: “Recibí la remesa de vinos que son verdaderamente deliciosos y los mejores de España que jamás se han bebido en esta capital…”. En la carta le pedía tres clases: "vino seco, amontillado y manzanilla". Concretamente dos barriles de cada uno, con un par de arrobas.

Y en otra misiva, fechada en 1845, al mismo bodeguero escribía: “la calidad de los vinos que ha tenido usted la bondad de enviarme es tan exquisita que jamás se han bebido tales en este país y han dado a mi mesa la reputación de la primera de Nápoles”.

De nuevo, dos años más tarde, el Duque de Rivas le escribe: “Muy señor mío y mi estimado amigo: molesto a usted nuevamente después de tanto tiempo de no haberlo hecho, para rogarle se sirva enviarme, como ha tenido la bondad de hacerlo otras veces, un barrilito de a dos del más exquisito vino seco de Xerez – pues se acerca el tiempo de las comidas diplomáticas y no quiero que en ellas me falte esta deliciosa muestra de lo que produce nuestra rica y hermosa Andalucía".

Los bodegueros Felipe de Juan y Juan A. Terán

En la publicación Álbum Artístico de 1925 encontramos un interesante texto de dos páginas dirigido por el bodeguero jerezano Felipe de Juan García al periodista Diego Brocardo Forcades. En él, el autor da a conocer su labor empresarial dentro del sector vitivinícola mediante la elaboración de un singular producto que bautizó con los nombres de Mostuva o Jerezuva, tal y como puede apreciarse en dos etiquetas conservadas y localizadas recientemente.

Atractiva etiqueta de 'Mostuva', del bodeguero Felipe de Juan García. Atractiva etiqueta de 'Mostuva', del bodeguero Felipe de Juan García.

De este hoy poco conocido bodeguero sabemos que nació en Jerez de la Frontera el 14 de septiembre de 1875, en el seno de una familia de origen montañés. Su padre era propietario, ya en 1891, del viñedo Nuestra Señora del Carmen, explotación que sufrió los devastadores efectos de la filoxera. Aquella crisis obligó a la familia, tras grandes esfuerzos económicos y personales, a replantar las viñas con cepas americanas.

La perseverancia y el espíritu innovador de Felipe de Juan le llevaron a desarrollar un procedimiento con el que, según sus propias palabras, conseguía “un mosto libre de fermentaciones enfermizas, y las tumultuosas no sufren interrupción, transformándose rápidamente el mosto en un vino limpio, transparente y con una graduación alcohólica del mayor rendimiento”.

Felipe de Juan residía en la calle Valientes junto a su esposa e hijos. Sabemos que falleció en 1938, aunque hasta el momento no consta documentalmente si aquel innovador proyecto empresarial alcanzó el éxito que su creador esperaba.

De Juan A. Terán apenas han llegado hasta nosotros noticias precisas. Los escasos datos conocidos proceden de una breve semblanza publicada en España en Fin de Siglo en 1896, testimonio que permite reconstruir, aunque sea de forma parcial, la figura de este destacado empresario vinatero.

Cosechero, almacenista y exportador de reconocido prestigio, Terán poseía numerosas viñas en los afamados pagos sanluqueños de Hornillo, Barrameda, Miradama y Arboledilla. Los vinos obtenidos en estas tierras eran trasladados y conservados en sus bodegas de Jerez, entre las que destacaba una impresionante construcción de seis naves y 135 metros de longitud, con capacidad para albergar hasta 5.000 pipas. Además de su actividad mercantil, Juan A. Terán desempeñó la representación viceconsular de los Estados Unidos del Brasil, circunstancia que evidencia la relevancia social y comercial alcanzada en su tiempo. Fue asimismo propietario del célebre jardín sanluqueño conocido como El Picacho, espacio admirado por su singular belleza y refinamiento.

Con nombre de mujer

También forman parte de esta intrahistoria las mujeres vinculadas al mundo del jerez, frecuentemente invisibilizadas por los relatos oficiales. Muchas participaron en la administración familiar, en labores auxiliares o en la conservación del patrimonio doméstico de las sagas bodegueras.

María del Carmen Díez Vergara. María del Carmen Díez Vergara.

Para la ocasión traemos algunas de ellas, a la que ponemos rostro, y unos datos biográficos que habría que ampliar para otra ocasión.

Entre ellas destaca Francisca Misa Busheroy, nacida en Londres en 1852, se casaría con el jerezano Manuel José de Bertemati y Pareja, 2º Marqués de Bertemati, en 1874.

Francisca Misa Busheroy, marquesa viuda de Bertemati. Francisca Misa Busheroy, marquesa viuda de Bertemati.

Dos años de fallecer, el 21 de octubre de 1953, el Gobierno le otorgaba la Gran Cruz de Beneficencia con distintivo blanco por su amplia y desarrollada labor humanitaria y solidaria.. Era hija de Manuel de Misa Bertemati, marqués de Misa y Conde de Bayona, y de la dama inglesa Helena Busheroy Blake.

Carmen Martel Arteaga, Marquesa del Mérito, y Mimi López de Carrizosa. Carmen Martel Arteaga, Marquesa del Mérito, y Mimi López de Carrizosa.

Otros personajes femeninos a destacar serian: Carmen Martel Arteaga (1871-1937) marquesa del Mérito, que aparece en la foto con su hija, Mimi López de Carrizosa, María Dolores Garvey i Capdepont (1827-1908), Carmen Domecq Núñez de Villavicencio (1840-1923), casada con Pedro Domecq Loustau, y María del Carmen Díez Vergara casada con el bodeguero García del Salto Izquierdo.

Dolores Garvey Capdepon. Dolores Garvey Capdepon.

Bodegas del Sindicato

Pocos conocen que los cascos bodegueros que hoy forman parte de las instalaciones de los Museos de la Atalaya -el Museo del Misterio de Jerez y el Palacio del Tiempo- fueron conocidos durante décadas como las bodegas del Sindicato, denominación vinculada al Sindicato Agrícola de Viñadores de Albarizas (SAVA).

En el número 195 de la revista El Productor, fechado el 1 de marzo de 1930, se recoge un interesante artículo sobre el origen de este organismo, si bien las propias inscripciones conservadas en las ventanas del edificio indican que, en sus inicios, hacia 1853, pertenecieron a otro propietario.

Patio de las bodegas del Sindicato Agrícola de Viñadores de Albariza (SAVA). Patio de las bodegas del Sindicato Agrícola de Viñadores de Albariza (SAVA).

Por aquellas fechas, el Sindicato estaba presidido por el médico jerezano Juan Luis Durán, ocupando la vicepresidencia el marqués de Campo Real. Entre sus principales responsables figuraban asimismo el enólogo Alfonso Sancho Mateos y el tesorero Francisco Piñero Cordero.

La finalidad de esta entidad era abastecer de vinos procedentes de las albarizas a los exportadores jerezanos, garantizando su conservación en bodegas especialmente acondicionadas y bajo la vigilancia directa del propio Sindicato.

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